Por Élida Román
Eduardo Villanes, artista egresado de la Ensabap en 1994, hace ya varios años reside en Nueva York, donde ha seguido desarrollando un trabajo visual que parte de los resultados de su constante y entregada investigación sobre la decodificación de un diseño presente, a modo de lenguaje simbólico y descifrable, en los productos de la naturaleza.
Las pieles de serpientes y felinos, las características de algunos vegetales y, más recientemente, la posibilidad de establecer los elementos componentes de los genomas, muestran una sistematización rítmica y seriada que Villanes trata de llevar -- o traducir -- a elementos netamente visuales. En esta búsqueda de un conocimiento peculiar, en que la intuición juega un papel decisivo, el artista ha realizado estudios sobre la pintura y el chamanismo amazónicos y ha incorporado cierto lenguaje de la genética y la biología. Es así como ha asignado a cada uno de los elementos participantes un color que, a su vez, se encuentra dentro de una cierta gama limitada establecida por patrones de cosmovisión vigentes para ciertos grupos étnicos. ¿Cómo poner en práctica este ambicioso plan? Villanes ha desarrollado su trabajo a través no solo de la pintura, sino también mediante la performance, la instalación, la fotografía y el video. En esta breve pero más que interesante presentación, feliz iniciativa de la galería Enlace, se puede acceder a una compleja exposición no solo de un discurso estético que 'traduce' e informa, sino incluso a una verdadera declaración de hechos, presentes e históricos, con el abierto propósito de denunciar e impugnar prácticas que el progreso tecnológico ha posibilitado y que llevan en sí mismas el germen de la destrucción.
En entrevista que se le hiciera con ocasión de una de sus presentaciones en el extranjero, el autor dice: "...un aspecto importante de mi trabajo son las influencias culturales de mi país, que me permiten hacer varias combinaciones. No parto de una metodología antropológica sino de una sistematización sensible que logré al penetrar en el mundo de las culturas indígenas; de ahí adopté elementos para plasmarlos en cada obra..."
En esta ocasión Villanes nos trae pequeñísimas piezas, "Urdimbres de luz" como es el título elegido, fijadas en marcos de diapositivas. Se trata de tejidos realizados con cuentas de color translúcido (referencia al trueque tradicional de los conquistadores españoles), presentadas en cajas con luz, repartidas en dos grandes series: las inspiradas en las iconografías precolombinas y los provenientes de los dibujos en las pieles de animales de todo tipo. Estas obras-diapositivas son también proyectadas a muro completo, que crean una ambientación inesperada, donde la gran imagen obliga a entrar en un espacio distinto, de sugerencia cósmica y real atractivo visual. Los códigos a los que responden los diseños corresponden en una de las series a los del genoma de una variedad de maíz transgénico que, resistente a plagas, es también exterminador de las especies naturales. Esta elección conlleva la denuncia a las acciones de la transnacional que lo ha creado, con lo que la propuesta de Villanes entra en la dimensión de denuncia que anotamos.
Especial mención merecen las dos notables pinturas negras, "Jaguar", que permiten reencontrar al notable pintor que también habita en este polifacético e inquieto artista.