Disco. Tributo a la cantautora
Asociada al rock and roll en sus inicios, con una herencia digamos hippie, Joni Mitchell relució desde la segunda mitad de los años 60 e inicios de los 70 como una de las portentosas figuras femeninas surgidas en Canadá. Célebre por temas como "Woodstock", sobre el magno concierto de tres días (que luego interpretaría Crosby, Stills & Nash), la cantante se hizo de un lugar preferencial entre los que buscaban una voz distinta, susurrante, pero a la vez firme en sus mensajes, muchos de ellos decididamente confesionales.
Hoy sigue siendo una figura de culto, objeto de sempiternas devociones, y como muestra de ello, este álbum: "A Tribute to Joni Mitchell", en el que artistas de diversa hechura y procedencia extraen sus mejores señas para rendirle un esforzado homenaje a la canadiense.
La variedad de estilos que discurren en el álbum está plenamente justificada, pues la homenajeada, pese a ser identificada con sonidos acústicos y canciones suavemente perfiladas y fáciles de escuchar, amplió luego su rango estético: cruzó los linderos del pop y tomó elementos del jazz, distintos de sus fulgurantes años poshippies.
A este homenaje de doce pistas acudieron desde Prince y su interpretación soul de "A Case of You" hasta Caetano Veloso y la bossa inoculada a "Dreamland", pasando por la vena alternativa de la islandesa Björk, que destaca nítidamente con su versión de "The Boho Dance", el aroma swing que Elvis Costello le imprime a "Edith and the Kingpin" y la aproximación clásica que del himno "Blue" hace la talentosa Sarah Brightman.
Adicionalmente, hay contribuciones de James Taylor, K.D. Lang, Emmylou Harris, Cassandra Wilson, Annie Lennox, entre otras figuras.