Juntos y revueltos contra la ley de la carrera pública magisterial
Extremista Robert Huaynalaya marchó ayer junto con los dirigentes formales. En el quinto día del paro, mayoría de docentes abandonó las aulas en Lima
Por Fabiola Torres López y Luis García Panta
Las avenidas Nicolás de Piérola, Tacna y Abancay, así como la plaza Dos de Mayo, en el Centro de Lima, estuvieron ayer cerradas para el tránsito vehicular debido a la marcha del Sutep. Cientos de personas tuvieron que bajar de los ómnibus de transporte público y caminar para llegar a su destino. Los conductores, en cambio, tuvieron que soportar durante horas el desorden. Los negocios y tiendas del centro de la capital también se vieron perjudicados. Mañana habrá otra manifestación similar.
UN CENTRO TOMADO POR LOS SINDICALISTAS
Si hasta hace poco el Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (Sutep) era un gremio fraccionado entre Patria Roja y un grupo más extremista, ayer sus dirigentes apostaron por sumar fuerzas para oponerse a la ley de la carrera pública magisterial.
A la cabeza de la manifestación docente, que convirtió el tránsito vehicular del Centro de Lima en un infierno, se mostraron juntos y revueltos quienes siempre han aparecido como tenaces opositores: Luis Muñoz (actual secretario general del Sutep), Robert Huaynalaya (autodenominado presidente del Comité Nacional de Reorientación y Reconstitución del Sutep y vinculado con Pukallacta) y los ex secretarios Nílver López, Caridad Montes y Olmedo Auris.
Entre el derecho de los niños a recibir clases y el derecho a la huelga, la cúpula y los maestros que se adhirieron a la protesta pensaron solamente en lo segundo.
En el quinto día de paralización indefinida, la mayoría de escuelas de la capital abrió sus puertas, pero las aulas estuvieron vacías. Es más, en los colegios República de Panamá e Isabel La Católica, de La Victoria, los maestros usaron sus centros de trabajo como sitios de preconcentración para acudir al mediodía a la marcha programada.
Algunos estudiantes que habían asistido a clases observaban a sus profesores con curiosidad y confusión. "Solo nos han dicho que no vengamos hasta nuevo aviso", decían.
Ellos saben que esta vez la protesta no es por mejoras salariales, sino para preservar la estabilidad laboral absoluta de la que gozan hasta hoy los malos profesores y los que no están capacitados para pararse en un aula.
Es así que la cúpula del Sutep reiteró su oposición ayer a la ley que establece incrementos remunerativos solo para los maestros que tienen un buen desempeño y separa de la docencia a los profesores que desaprueban por tercera vez la evaluación obligatoria.
Además, Huaynalaya y Muñoz presentaron en la Corte Superior de Justicia de Lima un recurso de acción popular contra el Decreto Supremo 017-2007-ED, que reglamenta la educación básica regular como un servicio público esencial, por lo cual su prestación no puede ser restringida.
"Vamos a cerrarle el paso al Gobierno en su afán de resquebrajar la huelga y el derecho a protesta de los maestros", declaró Huaynalaya, quien elevó su puño izquierdo junto con Muñoz en una clara señal de unión para declararle la guerra a la reforma educativa.
EN CONTRA DE LA PRENSA
Los medios de comunicación fueron otro blanco de los huelguistas del Sutep, quienes insultaron y empujaron a los periodistas que cubrieron la marcha.
A los docentes que no se plegaron a la huelga y a los medios que no eran de su simpatía los tildaron de 'amarillos' y comprados por el Gobierno.
Aunque hubo algunos incidentes debido a que belicosos pegaron empellones y se arrojaron contra camarógrafos y reporteras de televisión, la Séptima Dirección Territorial Policial informó que no hubo detenidos durante la marcha que interrumpió el tránsito vehicular por más de tres horas.
El general PNP Octavio Salazar, jefe de esta dependencia, dijo que la movilización no alcanzó la magnitud de la del pasado jueves y que los desmanes fueron menores.