Un enfrentamiento que formó su pensamiento político
Por Augusto Ferrero, Jurista
El 4 de julio pasado se celebró en el mundo el bicentenario del nacimiento de Giuseppe Garibaldi, el gran héroe italiano que se nacionalizó peruano para gran honra nuestra, como lo hemos difundido en un ensayo publicado como "La presencia de Garibaldi en el Perú".
El Comercio saludó de manera efusiva la llegada del patriota ausonio, ocurrida en 1851 y dio cuenta de su viaje a la China, de la mercadería que trajo de regreso y del curioso incidente que se narra en este artículo, el cual, según sus biógrafos, fue decisivo en la evolución del pensamiento político del líder epónimo.
El hecho está referido por Ricardo Palma en una de sus tradiciones titulada "Entre Garibaldi y yo". El tradicionista trabajaba en el diario "El Correo de Lima", en el cual colaboraba el francés Carlos Ledos. Este tuvo el atrevimiento de escribir un artículo burlándose de Garibaldi, ante lo cual El Comercio reaccionó al día siguiente al publicar una nota en la que le decía al ofendido que podía reposar tranquilo entre nosotros, pues lo protegía el árbol de la libertad que tantos valientes bañaron con su sangre.
Dos días después, se encontraba Palma redactando en el periódico cuando divisó en el dintel de la puerta el perfil inconfundible del ilustre titán. Al preguntar por Ledos, Palma le indicó la dirección de su negocio donde podía encontrarlo. Allí lo halló Garibaldi, propinándole un par de bastonazos, mientras el francés se defendía con una regla. Ambos quedaron ensangrentados. Intervino la policía y el prefecto de Lima, así como el cónsul de Cerdeña José Canevaro, quien evitó la prisión de Garibaldi. En sus "Memorias", nuestro distinguido visitante narra que el resentimiento del francés era derivado de un cambio de palabras que habían tenido. En cuanto al incidente, "El Correo de Lima" tilda al paladín de asesino, mas es nuevamente El Comercio el que narra objetivamente lo ocurrido, invoca al general Garibaldi que no se preocupe más por sus miserables detractores y le pide que continúe su camino de gloria.
Sin duda, la intervención del cónsul monárquico a favor de un ciudadano italiano haría reflexionar mucho a Garibaldi --quien era republicano-- de la necesidad de lograr la unidad de Italia aún pactando con el diablo. Denegri, quien contrató a Garibaldi para viajar a China a bordo de su nave, la Carmen, y Canevaro, ambos italianos inmigrantes, estaban casados con las hermanas Valega. Los hijos de Canevaro tuvieron destacada participación política en el Perú y Felice Napoleón Canevaro Valega fue a Italia donde llegó a ser almirante, ministro de Marina y ministro de Relaciones Exteriores.
Vivía entonces en el Perú el sabio italiano Antonio Raimondi. ¿Tomó contacto con Garibaldi? No existe certidumbre de ello. En la "Historia Cronológica del Perú, 1850-1878", Lázaro Costa Villavicencio dice que sí lo visitó, y que le dijo: "Quiere el destino que usted sea el libertador de Italia y el mío de poderme consagrar a la naturaleza de este hermoso país". En el mismo sentido, en "Vida de Antonio Raimondi", Ettore Janni señala que es indudable que el sabio tuvo más de una oportunidad de charlar con el emérito cid en casa del médico piamontés José Caffari de Barge, quien alojó en el Callao a Garibaldi.
Esta reseña, homenaje a uno de los grandes artífices de la unificación de Italia, aspira difundir una historia poco conocida y a hermanar los vínculos de dos países que tienen en común la heroicidad de un Francisco Bolognesi, la sabiduría de un Antonio Raimondi, la música de un Claudio Rebagliati y el romanticismo épico de un Giuseppe Garibaldi.