Rincón del autor: ¿Gritar para ser oído?

¿Con qué prácticas contamos que nos permitan escuchar, discrepar y dialogar? ¿Qué espacios hemos forjado que garanticen que el otro sea oído si no bloquea carreteras?

Por Beatriz Boza

En Juliaca saquean el aeropuerto, muere una niña en Abancay, el Sutep lidera una manifestación multitudinaria en oposición a la ley del magisterio, la CGTP anuncia un paro nacional, además del paro agrario y diversas marchas regionales. Ante ello, el Gobierno declara en emergencia el país y le encarga a las Fuerzas Armadas el resguardo del territorio nacional. Parece que la única manera de ser oídos en el Perú es gritar, bloquear calles y carreteras, obstaculizar aeropuertos, afectando el turismo y haciendo noticia con escarnio; y que la única respuesta posible es involucrar a las FF.AA.

¿Es eso cierto? ¿Existen otras maneras de ser oído? ¿Por qué la libertad de expresión de unos y de demostrar públicamente en el Perú tiene que significar caos para los otros? ¿Cómo esperamos ser escuchados si en ejercicio de nuestra libertad agredimos al otro?

Claramente, los derechos que nos consagra la Constitución no justifican la destrucción de aeropuertos, el bloqueo de carreteras y el daño a las personas. La convivencia pacífica entre los peruanos de distintas trincheras, visiones, razas, credos e ideologías es un bien supremo que todos debemos cuidar y practicar. Eso significa repudiar la violencia, el abuso y la politiquería disfrazada de libertad y sancionarla con todo el peso de la ley.

Vivimos en un país que de por sí convive a diario con la ley del más fuerte en las calles donde la cultura de la combi nos agrede y margina con impunidad. Requerimos por eso consolidar el principio de autoridad.

De la misma manera, debemos preguntarnos qué mecanismos existen en el país para garantizarle al otro que será oído. ¿Con qué prácticas contamos que nos permitan escuchar, discrepar, discutir y dialogar para sumar? ¿Qué espacios hemos forjado que garanticen que el otro sea oído si no bloquea carreteras?

Con la misma convicción con que repudiamos toda forma de agresión, debemos reconocer que, como sociedad, tenemos una importante agenda pendiente: la necesidad de forjar a todo nivel un sistema de intercambio de opiniones y preferencias que funcione. Eso es posible y ha sido un gran avance de la economía de mercado en el país. Nuestros empresarios han sabido hacer suya la práctica de oír al consumidor para conquistar sus preferencias. En ello, el Estado ha tenido un rol preponderante al impulsar la competencia en el mercado, la apertura comercial y la defensa de los derechos del consumidor. En términos políticos, contamos con algunos espacios privilegiados de comunicación y diálogo. Allí están más de 600 Mesas de Concertación de Lucha contra la Pobreza ahora presididas por Javier Abugattás, el presupuesto participativo y los esfuerzos locales de participación ciudadana. Cuidemos que estos espacios no se politicen y exijamos que las autoridades cumplan su parte.