Bonanza económica y zafarrancho de protesta

Apuntes de guerra

Por FernandoVivas, Periodista

En esta última batalla del Sutep y el Gobierno, (que ha confluido con un paro de la CGTP y una serie de variopintas protestas regionales), no hay voluntad de diálogo, ni llamado a mediadores, ni campañas mediáticas para difundir razones. Hay pura agitación de un lado y mera provocación del otro, incluyendo un polémico toque militar.

El Sutep, junto a Patria Roja que lo gobierna, dejó pasar el último verano, cuando protestó contra la evaluación docente, la gran oportunidad para legitimarse como fuerza política dialogante, capaz de llegar a acuerdos con el Gobierno en consideración a la importancia estratégica de su sector. En lugar de darnos el mensaje de que se allanaban a los exámenes porque entendían estos como paso inicial en una reforma que apunta en el largo plazo a convertir la educación en una palanca de desarrollo, lo que redimensionaría notoriamente el papel y los ingresos del magisterio, prefirieron la alharaca de corto plazo, peleando por unos cuantos soles más para sus sufridos agremiados y, claro, manteniendo las licencias sindicales de sus líderes.

Venció lo que Nicolás Lynch, que no viene del Apra sino de la izquierda, llama el pensamiento arcaico. La dirigencia del Sutep perdió la autoridad moral para exigir que nos acerquemos al 6% del presupuesto nacional para Educación. Tendrá que ser la sociedad civil quien conmine al Gobierno a cumplir esa meta del Acuerdo Nacional en la que participó el Apra. Y tendrá que ser una nueva dirigencia sindical, lejos de la influencia de Patria Roja, la que conduzca a los maestros a esas reformas que no solo debieran mejorar su salario sino su estatus.

Quizá sueno iluso sugiriendo al Sutep cambiar una plataforma de lucha inmediatista por una utopía nacional que nos acerque al reciente 'boom' educativo de la India, pero al menos quede como un llamado a la reflexión.

Ahora bien, del otro lado tampoco brilla la luz de la templanza. Alan García y Jorge del Castillo han sido más provocadores que nunca, apostando a una confrontación política de la que esperan que triunfe el partido de gobierno, arriesgando la paz y la gobernabilidad en el intento. El ministro del sector, José Antonio Chang , parece compartir la misma actitud: curtido en conflictos universitarios, espera salir de este con bajas del lado opuesto.

No pido al Gobierno ser concesivo ante la radicalidad sutepista, sino que afirme ante la población su voluntad de reformar la educación, que busque mediadores al conflicto (ya que el Congreso, sin representación de la izquierda sindical, no está sirviendo a ello), que no pelee a muerte con otros partidos por el control de los gremios ni los provoque tildándolos de 'comechados'.

Finalmente, por más inmaduros que nos parezcan algunos dirigentes, la ola de protestas y la creciente desaprobación de García (según barómetro de la Universidad de Lima difundido ayer, ya roza el 50% en la capital y ha superado, por primera vez, a su aprobación, que es de 43,1%), son señalese que el Gobierno no puede ignorar y que obligan a un cambio de actitud.