Comentario del editor: 'Pasaporte diplomático' para tres países

"Chile ha puesto en manos de Fujimori una libertad de circulación triangular que dependerá de este poder ampliar"

Por Juan Paredes Castro

Un fallo de primera instancia le ha dado al ex presidente Alberto Fujimori, en Santiago de Chile, el mejor 'pasaporte diplomático' que podía obtener de su proceso de extradición: aquel que le permitiría circular libremente en tres países.

Dependerá de él, quizás con la senaduría japonesa en camino, ampliar el circuito. Entretanto se conformará con Japón, por ser ciudadano de este país, con Corea del Norte, por asociación con las raíces de origen de su esposa Satomi Kataoka, y, por supuesto, con Chile, país al que podría llegar y del que podría salir ya sin necesidad de violar los controles de la Interpol.

Acabe como acabe el proceso de extradición, la relación de Fujimori con la justicia peruana no va a cambiar. Entiéndase que la justicia chilena no lo juzga. Solo contempla si concede o no el pedido de extradición del Perú. Por consiguiente, sus procesos en los tribunales peruanos seguirán abiertos como abiertos los pedidos de captura a través de la Interpol. Y ni hablar de los nuevos pedidos de extradición que las circunstancias pudieran obligar respecto del país que lo acogiera y tuviera un convenio correspondiente con el Perú.

Fujimori no ha ganado en esta primera instancia un fallo de inocencia. Ha ganado la negación de un pedido de extradición y nada más. ¿Qué hubiera pasado si ese pedido hubiera sido aprobado con tres o dos delitos menores? Indudablemente le habría dado la posibilidad (eso sí sobre seguro) de obtener condenas simples que le habrían permitido circular dentro del Perú libre de polvo y paja. No olvidemos que cuando se da una extradición, el país que lo solicita solo puede juzgar al procesado sobre los delitos que esa extradición determina.

Más que un pasaporte judicial de inocencia el ex mandatario está consiguiendo en los tribunales chilenos un 'pasaporte diplomático' de entrada y salida restringida.

La justicia peruana nunca podrá torcerle el brazo a la justicia de otro país para obtener una extradición fácil. Será la justicia chilena la que tenga que mirarse el ombligo para saber, en medio de la sorpresa peruana e internacional, por qué el juez Orlando Álvarez procedió como procedió. No son pocos los chilenos de elevado rango casi paralizados por la brecha abismal de argumentos y criterios jurídicos entre lo dictaminado por el juez Álvarez y las fundamentaciones de la fiscal Mónica Maldonado.

Cría fama y échate a la cama. Esta era la frase de inspiración que mejor encajaba a la hora de juzgar a la justicia chilena de los últimos tiempos. De ella solo podía esperarse una conducta intachable y fallos que solo podían ser impecables. Probablemente el fallo del juez Álvarez sea el primero en muchos años que abre un resquicio de sospecha en el fuero de la magistratura mapochina. Y con él se abre asimismo un motivo de preocupación para los vocales supremos que, acostumbrados por lo general a confirmar los fallos en primera instancia, tendrán ahora que mirar más atentamente todo lo actuado en el Caso Fujimori.