Comentario del editor: ¿Quién le roba a quién la agenda social?

Humala y Diez Canseco buscan arrebatarle a García protagonismo frente a los más pobres

Por Juan Paredes Castro

Probablemente el Perú ya no tenga otra oportunidad que ahora para empezar a remontar sus preocupantes cifras de pobreza crítica.

Bajarlas, por ejemplo, del promedio del 50% al promedio del 40%, estructuralmente hablando, como se propone el ministro de Economía Luis Carranza.

Pero el problema es que la agenda social, dentro de la cual se inscribe este objetivo, parece estar suelta en plaza, como si nadie tuviera que ver directamente con ella. Es la percepción no despejada hasta ahora en tanto no veamos con mayor claridad cómo va la procesión por dentro. Desde afuera el descontento neto (no el manipulado por la politiquería criolla) constituye una lectura de que el cambio se mueve y se ve apenas.

De un lado el Gobierno sabe lo que tiene entre manos, aunque con gerencias tímidas como la de Crecer y simplificaciones tardías de los mecanismos de inversión, que recién intentan aterrizar con eficacia. De otro lado las presidencias regionales siguen pensando que la solución de la pobreza es un tema del Gobierno Central y la oposición, por su parte, prácticamente ausente e inconsistente, carece de propuestas válidas y viables.

Como el Gobierno no se ha apropiado con fuerza de la agenda social, esta se ofrece al mejor postor en el complejo escenario político, en el que, además, son más los propósitos de aprovecharla con miras a la carrera por el poder que los de trabajar para enfrentarla decisiva y responsablemente.

Hay pues tiras y aflojas alrededor de la agenda social que reflejan el abierto objetivo de grupos políticos arribistas por arrebatársela al Gobierno. Mientras este, imposibilitado de centralizar su estrategia contra la pobreza en un núcleo burocrático pequeño y muy fuerte y con una gerencia bien plantada en los dos pies, todavía se debate en medio de algunas notorias vacilaciones.

Los que de pronto toman las calles a nombre de los pobres y desempleados del Perú no tienen la menor propuesta para sacar a estos de tales condiciones. Sin embargo, agitan a los cuatro vientos la agenda social del país, tan conocida y tan sobreestudiada, para usarla en su estrategia de confrontación con el Gobierno. Este, impávido, siente que ha recibido el primer aviso mayúsculo de que la agenda social está de su lado y que no tiene que dejar que se la roben a mano violenta y en pleno día.

Por de pronto el Gobierno no tiene otra gran prioridad que la de la inclusión social. Hasta el TLC en camino tendrá que estar finalmente en función de ella. Y en la medida que no descuide esta direccionalidad no habrá quien quiera disputarle, ni a cuatro mil metros de altura, su performance por los pobres.