Las imágenes del terror aún están frescas en la memoria de los peruanos que vieron por televisión, llenos de estupor, el dolor humano. Sendero Luminoso atravesó el corazón de Miraflores, hace 15 años, con el atentado en la calle Tarata. Deshizo vidas, familias enteras.
Los damnificados se contaron por cientos. Muchos perdieron sus departamentos y solo regresaron dos años después. Algunos se rebelaron contra su propio miedo, se enfrentaron a sus propios traumas y volvieron a habitar esos edificios que habían quedado hechos ruina. Había que ser valiente para regresar.
Sin embargo, volver a sus casas implicaba endeudarse con el Estado y pagar una fuerte suma de dinero durante años. Ya pasaron 15 años, algunas de estas personas han fallecido sin terminar de pagar esa deuda. ¿Tan difícil es que se les otorgue facilidades? ¿No sería una forma de cerrar una herida, aunque sea parcialmente? ¿No se merecen ese reconocimiento, acaso? Porque cada 16 de julio ellos lloran su pasado, pero también el presente y hasta el futuro.
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