Al día

Reforma pendiente

Por David Rivera, Economista [Editor]

Acabo de terminar de participar en una conferencia en Oxford sobre inequidad y pensaba escribir respecto a algunos temas importantes para nosotros, pero lo que viene sucediendo en el país con la Ley de la Carrera Pública Magisterial y el Sutep me obligó a comentar lo siguiente.

Primero, es totalmente cierto que en un país como el Perú se requiere autoridad para poder iniciar reformas, pero ojo que, como en cualquier grupo humano, la autoridad no se gana con la fuerza o con mano dura, porque cuando se da de esa forma dura poco. Y en la medida en que sigamos sin conocer qué más nos traerá la reforma educativa (el Sutep es una parte crítica y difícil, pero de lo importante, de lo que se hará en adelante, ¿alguien tiene idea?), es natural que las decisiones del Gobierno dejen dudas o sinsabores en algunos sectores. Si vamos a apoyar al Gobierno en la firmeza que debe tener para implementar una reforma, si hay una, lo mínimo que tenemos que exigirle es conocer los alcances de la misma.

En este sentido, hay que diferenciar entre la dirigencia del Sutep y su manipulación política y la válida preocupación y desconfianza de los maestros en general. Además de que mientras en la ley no se precise en señalar qué se hará con aquellos docentes que no cumplan con las calificaciones requeridas, los maestros tienen todos los argumentos para desconfiar de la transparencia con la que se realizará el proceso de evaluación, de la veracidad de las promesas de los políticos, del Apra en particular, y de un Estado que no solo no suele cumplir con lo que se compromete, sino que --con ellos en particular-- ha sido bastante indiferente (¿usted confiaría?). Si no se resuelven pronto estas preocupaciones y se sigue sin conocer la propuesta de reforma educativa del Gobierno, el problema se agravará, porque para entonces, ¿cuál será la justificación para meter en la cárcel a los maestros despolitizados cuando reclamen? ¿Se seguirá apelando a que son radicales de izquierda? ¿Qué sentimiento despertará en quienes consideran que su reclamo es válido? Sin una propuesta de reforma integral, ¿cuáles serían las consecuencias en el mediano y largo plazo?

Si algo no hay que olvidar es que la situación de la calidad de la enseñanza en nuestro país no es solo responsabilidad de los maestros, que más bien ellos mismos son consecuencia del sistema. La responsabilidad final es de nuestros políticos y de quienes, por mucho tiempo y con mayor ineficiencia e incapacidad que la de los docentes, han asumido la conducción del Estado. Esto es lo que esperamos que este Gobierno esté tratando de cambiar, pero lo que no puede hacer el Estado es simplemente desentenderse y dejar en el aire a aquellos maestros que no tengan cualidades acordes con la calidad de la educación que buscamos y haya que separarlos.

Hace unas tres semanas contamos la historia de un colegio en la sierra del Perú y de los esfuerzos de su director por tratar de gestionarlo en un lugar donde el Estado solo había llegado para poner el cemento. Para hacer una reforma realista y viable, social y políticamente en el largo plazo, cuando hablemos de los maestros no pensemos solo en los responsables de que todo esté mal. Historias como la que contamos deben haber muchas, si no son las más.