El lado oculto. PABLO VILLABONA, gerente general de Páginas Amarillas
Su madre siempre le dijo que era un cabezotas. Llegó al Perú y conoció el cajón. Intentó tocarlo. No pasó nada. Eso bastó: el cabezotas no paró hasta dominarlo
Por Antonio Orjeda
Nació en Madrid. Antes de aterrizar en Lima, Pablo vivía en una ciudad gringa, en la ciudad más tranquila del planeta. Aquí lo recibió nuestro 'maravilloso' tráfico de todos los días. Hace rato aprendió a manejarse en él. "Es divertido. Es como estar en un videojuego". Sí, a Pablo le atrae todo lo que se le presente como un reto.
Vértigo. Desde siempre lo ha sentido. Le cuesta acercarse a las ventanas de los edificios. Aquí, Pablo vive en uno de once pisos. Obvio, su 'depa' está en el segundo. Pero sentir vértigo le friega. Por eso se ha contactado con un instructor. Pablo quiere aniquilar esa molestia. Pronto, usted, su vecino, todos, lo veremos paseando sobre los techos de la ciudad. Pablo ha tomado clases de parapente. Vértigo, ¡quedarás por los suelos!
"Siempre he sido un cabezotas. Lo simple no me atrae".
A fines del 2004 vino para quedarse en el Perú. Primer fin de semana. Jazz Zone. En el escenario, María del Carmen Dongo y su tropa de cajoneadores. Pablo y dos colegas se quedaron pegados. El sábado siguiente, la Dongo los tenía como aprendices. Dos sábados después, solo quedaba Pablo (y no precisamente porque fuese el más aprovechado del equipo).
"Yo siempre lo he intentado todo: la guitarra, ¡todo! Así no se me diese bien. A mí me han dicho que tengo oreja pero no oído". Ríe, pero habla en serio.
EL SEÑOR CONTRERAS
Primera clase. "El ritmo lo lleva uno dentro, y nosotros (los españoles) hemos nacido con otro. Así que los golpes los daba bien, ¡pero no había manera de que siguiera el ritmo!". Está claro, Pablo no abandonó. ¿Momentos de frustración? A montones. "Sobre todo cuando decían: ya, ¡ahora landó!... Tenía que esperar a que los demás lo hicieran para recién yo poder seguirlos". Pasó un año. Sábado a sábado, Pablo ahí. Hoy, pertenece al nivel avanzados.
En casa tiene dos cajones. Cuando uno de sus hijos llega al Perú de visita, juntos le entran al vacilón. "Ambos tienen una facilidad tremenda para el cajón. Me alegra ver que no tienen los problemas de su padre".
¿Problemas? Pablo se ha buscado uno nuevo. En diciembre se hizo un regalo de Navidad: una guitarra eléctrica. Ahí la tiene, a la espera. Ocurre que desde hace cinco meses, desde que asumió la gerencia general de Páginas Amarillas, tiempo es lo que menos tiene. Pero como lo suyo es dar la contra, ya le puso fecha a su primera incursión aérea. No solo eso, ya compró el manual con el que --a solas-- intentará dominar su regalo navideño, y que también se prepare María del Carmen Dongo, que amenaza con retomar sus clases de cajón.
De niño, mamá le puso encima un acordeón. Antes fue la bandurria. Pablo --el hombre con oreja pero sin oído-- reconoce que siempre fue un desastre para los instrumentos. Pero mamá sabía que había traído al mundo a un cabezotas.