¿Cómo afrontar las muertes violentas?
Por Gabriel Ortiz de Zevallos, economista
¿Cómo se viven las muertes violentas? ¿Qué se le puede y debe decir a los niños? ¿Cómo procesan ellos la muerte violenta de una madre? Estos temas no deben ser tabú y quiero compartir algunas reflexiones basadas en mi experiencia:
El duelo, si bien es una experiencia personal y única, sigue ciertos procesos comunes. Hay libros especializados disponibles por Internet.
El duelo no es solo tristeza y depresión, sino un conjunto de emociones muy intensas (a veces contradictorias), un proceso inestable y desgastante. Para apoyar a alguien en un duelo por una muerte violenta hay que saber que es un proceso inestable y largo.
Cada persona vive el duelo de su propia manera.
La regla de oro es aprender a airear lo que uno siente en un espacio que permita desfogue y reflexión. La terapia es muy recomendable y la medicación a veces necesaria.
Si hay niños involucrados, es mejor que vayan al velorio y también al entierro, aunque con mucho apoyo. Uno debe ser consciente de que el trauma ya ocurrió con la muerte y es preferible que los chicos tengan ese recuerdo en la memoria consciente. El subconsciente va a negar la realidad y se necesitan experiencias que le sirvan de ancla para enfrentar lo que toca vivir hacia futuro y adaptarse.
Uno duda mucho de si será capaz de salir adelante. De hecho, no es fácil y requiere mucho esfuerzo y ayuda, pero al final se logra. La vida lo demuestra una y otra vez. Es bueno reconocerlo.
La pérdida violenta puede ocasionar daños colaterales graves en los niños. La pena es inevitable, pero se pueden también grabar sentimientos de culpa, baja autoestima, temor a involucrarse afectivamente, rabia y odio, entre otras emociones muy dañinas.
Los niños de 6 años o menos pueden culparse por la muerte, por estar en una etapa que se llama de pensamiento mágico. Es muy importante reiterarles continuamente que nada que ellos hubieran podido hacer o no hacer habría cambiado las cosas.
Los niños pequeños tienen un pensamiento muy literal. Decir "se fue al cielo" significa algo similar a "se fue a Ica" (es decir, puede regresar, y si no regresa es porque no quiere). La muerte hay que explicarla de manera que ellos entiendan sus consecuencias y estimularlos a hacer preguntas y absolverlas.
Inevitablemente una muerte violenta será sentida como un abandono (incluso en sueños de adultos). Una sensación de abandono es mucho más perjudicial para un niño que el dolor de la pérdida. Hay que permitirles a los niños verbalizar esa sensación y aclararla.
Muchas frases cliché hacen más mal que bien: "Tu mamá está feliz con Dios en el cielo" (es decir, no le importa que su hijo esté triste); "cuando una persona cumple su misión, Dios se la lleva al cielo" (¿cuándo se lleva a su papá?). Hay que preguntarles una y otra vez qué les han dicho y qué han entendido.
Los niños van a expresar rabia y portarse mal, mejor temprano que tarde. La rebeldía en un niño es una pataleta, en un adolescente puede inducirlo a las drogas. La depresión en un niño se reconoce por una mezcla de apatía e irritabilidad, y no implica que no haya momentos de alegría y juegos. Se puede dar varios años después. Es más difícil de detectar que en adultos, y debe ser evaluada por un especialista.
Cada niño va a seguir su propio proceso y les va a ser difícil entender por qué otro no lo vive igual. Hay que explicárselo a cada uno por separado, y legitimar sus procesos.
Los niños muy chiquitos no verbalizan lo que sienten. Uno debe aprender a escuchar el 'sonido' de una pataleta, para reconocer si expresa angustia o miedo. Si es el caso, hay que priorizar el consuelo y postergar el orden y la reflexión para cuando se haya calmado.
Todo duelo es un proceso duro y aleccionador. El dolor ayuda a adaptarse, al enseñarle a nuestro inconsciente que su única opción es resignarse; y también a valorar mejor la vida, incluso conociendo lo que dicen las cláusulas en letra chiquita.