¿Y si Potter no muriera?

Millones de lectores en vilo por el destino incierto de un héroe. Acaba de aparecer la más reciente entrega de la saga de Harry Potter y el mundo parece estar de cabeza por la incertidumbre de saber si el protagonista de la serie muere o no en el último capítulo, lo que convierte al lanzamiento en un auténtico thriller libresco que se resolverá, seguramente, en las próximas horas.

Por Alonso Rabí do Carmo

Ni en sus mejores sueños habría podido concebir J.K. Rowling, la creadora de la saga de Harry Potter, el éxito que hoy ha alcanzado. Como muchos recordarán, el primer libro de la serie fue una modesta edición, salida de las galeras de Bloomsbury, una pequeña editorial inglesa que pagó apenas unos 2.500 dólares a su autora como adelanto por derechos de autor y que hoy cotiza por todo lo alto en la Bolsa de Londres. Once años después, la Rowling es más rica que la mismísima reina de Inglaterra.

Pero ninguna de estas anécdotas y sucesos que las agencias hacen circular en los medios se compara con la expectativa desatada por el lanzamiento del que será el sétimo y último libro de una saga que ha encabezado todos los récords posibles de la industria editorial a lo largo y ancho de una década. En efecto, Harry Potter and the Deathly Hallows no solo pone fin a las aventuras del imberbe aprendiz de mago, sino además ha generado una intriga que solo podrá ser revelada cuando milllones de lectores hayan fatigado la página final del volumen, lanzado el viernes último, para comprobar si Harry Potter sigue o no con vida.

UN FINAL INCIERTO
Hay muchos datos en la historia de Harry Potter que pueden parecer alucinantes. Por ejemplo, que en conjunto, los libros de la saga han vendido hasta el momento 325 millones de ejemplares en 64 lenguas; o que solo el sexto, Harry Potter y el príncipe mestizo vendió 65 millones de ejemplares en todo el mundo. Agregue las películas (en este momento la quinta ya barre con la taquilla estadounidense a poco de su estreno), las copias comerciales de los filmes, las franquicias de ropa, juegos de mesa, muñecos y toda la parafernalia potteriana imaginable y tendrá como resultado el que debe ser uno de los negocios editoriales más jugosos que ha conocido el hombre entre los siglos XX y XXI. En suma, un caso digno de estudio.

Sin embargo, se abrió también otro frente que no ha hecho sino elevar la temperatura de la comunidad potteriana mundial: ya que se trataba del último libro, su autora adelantó en el 2006 que la vida del héroe llegaría a su fin. Y lo que empezó en el 2006 con palabras algo resignadas de su autora, es hoy un componente más en la industria Potter, al punto que la semana pasada la casa británica de apostadores William Hill había dado a conocer que el 99% de las apuestas recibidas se inclinaban por la muerte del personaje y una porción importante de la especulación se pronunciaba por el suicidio.

De manera que el lanzamiento se ha visto sazonado por un nuevo ingrediente, que no es otro que el juego con la expectativa de los seguidores de la saga, dando pie a cifras cada vez más curiosas. Entre ellas destaco una, producto de una encuesta organizada por Waterstone's, una corporación librera londinense que preguntó a 500 lectores de temprana edad si esperarían llegar al final del libro para saber si Harry muere, y que arrojó que la quinta parte de ellos saltaría directamente al final para terminar de una vez con la angustiosa situación.

Según esta encuesta, además, se calcula que la lectura de todo el libro podría tomar unas treinta horas, con lo que hoy, al menos en el mundo anglosajón, podríamos tener algo más concreto sobre el destino de Potter.

HISTORIAS CON HISTERIA

Al cierre de esta edición se llevaban vendidas poco más de dos millones de copias por Internet, las mismas que empezaron a ser distribuidas pasada la medianoche del 21. También al cierre de esta edición, las hermanas Chloe y Sidney Bostian continuaban su maratón de espera frente a una librería de Alaska con el único fin de ser las primeras en recibir su ejemplar de Harry Potter and the Deathly Hallows.

Las hermanas prácticamente montaron un campamento frente a Gulliver Books, en la localidad de Fairbanks. Ayudadas por sus padres, las Bostian pernoctaron en un vehículo-remolque que pasaba el día en el parqueo de la tienda y se trasladaba frente a la puerta principal por las noches. Ellas mataban el día en la librería, donde inclusive recibían alimentos llevados por sus amigos. En este momento, si la paciencia las acompaña y no se dirigen vorazmente al último capítulo, deben estar por descubrir qué pasó realmente con Harry.

Una historia como esta grafica perfectamente el enorme arraigo -casi una adicción, para hablar con frialdad- que despierta el personaje entre millones de personas, especialmente jóvenes. Y encuadra perfectamente con la lógica del best-seller, con la naturaleza envolvente y torrencial de esos grandes fenómenos mediáticos que, como Harry Potter, son capaces de crear adhesiones que de otra forma podrían parecer inexplicables.

La última de cables apareció al comienzo de semana. En un llamado dramático, un numeroso grupo de fans de las aventuras de Potter le pidió a la autora, J.K. Rowling, que escribiese otros libros del personaje independientemente de lo que ocurra en el presunto último volumen que acaba de aparecer. El pedido llegó a la cadena de librerías Waterstone, que se encargó de hacerlo llegar a la escritora. Al paso que van las cosas, hasta una virgen que llora podría pronunciarse sobre el asunto.

LA HORA DEL REPARTO
Un vocero del Royal Mail, el servicio postal británico, señaló no hace mucho que dicha dependencia se ha preparado hasta con seis meses de antelación al esperado lanzamiento. No es para menos, pues le ha correspondido distribuir el día de ayer, en una jornada agotadora, aproximadamente 600 mil ejemplares del volumen que pone fin a la saga de Harry Potter.

Para decirlo de otra forma, que el correo británico haga este reparto significa que en uno de cada 43 hogares del Reino Unido se recibió el libro de manos del cartero, en una operación que seguramente los empleados del Royal Mail -sobre todo los carteros- no olvidarán con facilidad.

Por lo demás, lo ocurrido con el último volumen de la saga ha sido más o menos previsible: ventas astronómicas, aglomeraciones, colas, la pelea por tener por fin el volumen entre manos y comenzar a leerlo para saber finalmente qué pasó con Harry. Casi una costumbre, excepto que esta vez Potter podría haber emprendido un viaje sin retorno.

NO ES FÁCIL MORIR
Decidir que la existencia de un personaje llegó a su fin no debe ser algo grato para su creador. Lo de Potter tiene un antecedente notable en las letras inglesas, nada menos que la muerte de Sherlock Holmes, el detective con cuyas andanzas y lógica impecable el escritor Arthur Conan Doyle (1859-1930) construyó todo un monumento al género policial. Holmes acabó convirtiéndose en algo más que un personaje de papel, pues se instaló de una vez y para siempre en el imaginario popular de su tiempo, que lo consagró como un icono poderoso.

Sin embargo, Conan Doyle tenía otra cosa en mente. Su proyecto narrativo central estaba orientado hacia la ficción histórica y Holmes suponía ya un estorbo para ello. Por eso toma la decisión de escribir un relato, titulado "El problema final" (que pertenece a la serie Las memorias de Sherlock Holmes, 1892-93) en el que Holmes muere en una pelea con el Dr. Moriarty (los cuerpos de los contendores habrían sido devorados por las cataratas de Reichenbach, en Suiza).

Los efectos de la muerte de Holmes fueron devastadores. Miles de jóvenes londinenses lucían un crespón negro en sus sombreros en señal de luto, la familia real incluso llegó a lamentar públicamente la muerte del detective y The Strand Magazine, el diario que publicaba las aventuras de Holmes, llegó a perder veinte mil suscriptores de un tirón.

La presión y las tentadoras ofertas editoriales sobre Conan Doyle fueron tales -su madre influyó notablemente-, que no le quedó más remedio que resucitar a Holmes, quien volvió por sus fueros en el relato "La casa vacía" (de la serie El retorno de Sherlock Holmes, 1903-04). Sin duda, sus buenas razones debe tener J.K. Rowling para decir hasta aquí llegamos Harry -si, en efecto, muere-, pero a juzgar por el caso Holmes, nadie ha dicho aún la última palabra. A lo mejor, con un buen contrato, el muchacho resucita.

 

Harry Potter en cifras
-Las aventuras de Harry Potter se han publicado en más de 200 países.
-Los libros que componen la saga han sido traducidos a 63 lenguas, entre ellas el latín, el griego antiguo, el macedonio, el zulú, el gujarati y el bengalí.
-A 400 millones de euros asciende la fortuna que posee J.K. Rowling, según se estima. Es la novena mujer más rica de Gran Bretaña y ocupa el puesto 122 de las personas más adineradas de su país.
-La edición en inglés de Harry Potter y el misterio del príncipe ha batido todos los récords. Se convirtió en el mayor best-seller de la librería virtual seis meses antes de su publicación. En las primeras 24 horas tras su aparición en las librerías se vendieron 9 millones de ejemplares, a razón de 250.000 copias por hora. Scholastic, su editorial en Estados Unidos, imprimió 10,8 millones de ejemplares para la primera edición, la cifra más alta en la historia. Para el audiolibro se ha realizado la mayor tirada hecha en dicho mercado: 653.000 copias.

 

El brujo taciturno
Harry Potter y la Orden del Fénix

Por Ricardo Bedoya

Harry Potter y la Orden del Fénix, como los cuatro episodios anteriores de la saga, es una reelaboración, en clave fantástica, de un subgénero marginal pero potente y atractivo del cine inglés: el que narra los avatares infantiles o adolescentes en esas solemnes y a veces ominosas instituciones llamadas escuelas británicas.

Los que hayan visto La caja equivocada, de Bryan Forbes; La primavera de una solterona (con Maggie Smith, la mismísima Minerva McGonagall), de Ronald Neame; If...si fuera así, de Lindsay Anderson, o Pink Floyd The Wall, de Alan Parker, entre muchas otras, sabrán que los tutores y profesores de tales lugares eran poco menos que la encarnación de las peores artes y las más rígidas disciplinas, verdaderos instructores del terror y sádicos apenas embozados, siempre con la cara de constipación crónica de Alan Rickman haciendo de Snape. Hasta los buenos parecen malos en esta selección de agresivos delanteros del cine y el teatro británicos. Todos, desde Michael Gambon hasta Emma Thompson, pasando por David Thewlis y, por supuesto, Maggie Smith, lucen congestionados o con el labio superior estirado e inmóvil. Impertérritos, temibles, jugando en serio el juego de Harry Potter.

Así que Imelda Staunton, sonriente inquisidora del Ministerio de Cultura, y el gesticulante Voldemort, al lado de aquéllos, parecen magos de circo, ilusionistas de feria. Más preocupantes que sus amenazas parece ser la depresión e impotencia de Harry, que padece controlado por la autoridad, desacreditado ante sus compañeros, disminuido en su capacidad de enfrentarse con el mal y, encima, enfrentando las incertidumbres de la adolescencia, lo que le lleva a encarar sus coincidencias o subterráneos parentescos con Lord Voldemort. Como a Luke, lo llama el lado oscuro.

Un Harry taciturno da una película renga, a la que le cuesta mucho encontrar un tono y avanzar.

Las cosas empiezan bien, con el ataque de los Dementors y la aplicación de los hechizos reprobados por el Ministerio de la Magia. Luego sigue la condena al aprendiz de brujo, el regreso a Hogwarts, el arribo de la censora y la imposición de las nuevas y burocráticas normas de control en la Escuela. La película, en esos pasajes, casi desfallece. Lo único que la salva es el colorido show al que se libra Imelda Staunton, la actriz de Vera Drake, que alza el volumen, ensaya el tono agudo de la voz, y cambia el registro mínimo de la película de Mike Leigh por un guiño estereotipado y modales thatcherianos. Su caricatura de funcionaria fanática y filo-fascista tiene vida y contrasta con la rigidez de la puesta en escena, la arquitectura rigorista de Hogwarts, los colores fríos de la fotografía (excepto por la mancha rosada del vestido de la autoritaria Dolores) y las tribulaciones de Harry, rebelde con causa, cabecilla de un grupo de brujos insumisos.

Con menos capacidad de convicción, y menos humor, que V de Venganza, aquí también vemos la formación de un líder y una guerrilla que se enfrenta al poder. Potter conforma un grupo militante, que se entrena para el combate y resiste las órdenes desmovilizadoras de la autoridad y el golpe de estado contra Dumbledore. Harry aprende de complots y de manejos políticos por la vía de la lucha armada de hechizos contundentes como cañonazos (Harry Plotter). Un radical en ciernes, el muchacho. En esos pasajes la película retoma interés y un dinamismo que se cierra con el enfrentamiento final y espectacular con Voldemort y sus secuaces.

El director David Yates, proveniente de la televisión británica, no es un realizador inspirado. Lo mejor de la película lo ponen los actores, incluido Daniel Radcliffe, y los responsables de la dirección artística que le ponen un clima de terror y ambientación sombría a esta historia de hechiceros que ya dejaron de ser niños.