Por Manuel Iguiñiz E., educador
La coherencia de la política próxima se basa en el cumplimiento del Proyecto Educativo Nacional, una de cuyas columnas es el desarrollo profesional docente. Un mensaje del conflicto en política magisterial y del primer año de gobierno es que, para logros significativos, se requiere rectificar decisiones del Poder Ejecutivo.
La sola decisión política, sin el modo democrático y profesional de concebir y concretar las políticas, es una forma tradicional de hacer política. Solo con la comunicación y el convencimiento, sumando fuerzas, preparando profesionalmente las medidas, habrá reforma de calidad y equidad.
Esa reforma es el mejor aislamiento al violentismo en el sindicato magisterial. Me sumo a la demanda de hacer funcionar el Centro de Planeamiento Estratégico (Ceplan), que facilite la acción intersectorial y la prospectiva.
En el desarrollo profesional docente, un paso siguiente es la reglamentación concertada y las modificaciones de la ley de la carrera pública magisterial, ubicar adecuadamente al gobierno regional y los consejos educativos institucionales, realizar concursos de ingreso a la carrera, aumentar los ingresos de los docentes, formular un plan de formación continua, efectuar una evaluación confiable --que supere la improvisación y la sobrevaloración de los exámenes nacionales estandarizados-- y revisar el actual Programa de Capacitación Permanente. Se tiene que ganar la confianza de la comunidad educativa.
Un aspecto de la descentralización por replantear es la municipalización distrital de la educación inicial y primaria. Es una perturbación grave de la política educativa. No es una privatización, pero sí un desentendimiento, un tirar la toalla en mejorar la escuela pública.