Entrevista: DANIEL ALARCÓN

Literatura que no conoce fronteras

Nacido en Lima en 1977, Alarcón es uno de los escritores jóvenes más celebrados en el mundo entero. Casi todas sus narraciones giran en torno a la guerra interna y sus consecuencias

Por Francisco Melgar

 La primera novela de Daniel Alarcón acaba de ser publicada por Editorial Alfaguara. En ella se narra la historia de Norma, una mujer que conduce uno de los programas de radio más populares en un país latinoamericano que vive las secuelas de una guerra civil en la que han desaparecido hombres, mujeres y niños de ambos bandos. En su programa, Norma reúne a familias separadas por la violencia, sin lograr encontrar a Rey, su esposo desaparecido hace varios años en medio del conflicto. ¿Dónde está Rey? ¿Vale la pena seguir buscando?

EL NOMBRE DE LOS DESAPARECIDOS
Si bien Daniel Alarcón creció y estudió en Estados Unidos, donde actualmente es considerado uno de los mejores escritores jóvenes de ese país, su manejo del idioma español es tan peruano como el pisco. Frases como "mi viejo", "me da roche" y "un chongo" no dejan de aparecer en su conversación, lo que produce un cálido efecto de proximidad y confianza que no deja de resultar extraño, teniendo en cuenta que, desde la publicación de su primera novela, "Lost City Radio", el escritor ya es considerado uno de los narradores con mayor futuro en el globalizado mundo de la literatura. Nacido en Lima en 1977, a los 3 años Daniel partía hacia Birmingham, Alabama, una apacible ciudad donde creció escuchando las historias que sus padres le contaban acerca del Perú y de Lima. "Bueno, más escuchaba de Arequipa, porque mi viejo es arequipeño" -detalla el joven escritor, sentado en un café de estilo minimalista frente al Óvalo Gutiérrez- "lo cual ya es todo un tema, porque al arequipeño le encanta hablar bien de su ciudad".

¿Crees que hubo una idealización del Perú en las historias que tus padres te contaban acerca del país que dejaron atrás?
Supongo que es parte del proceso de adaptación. Yo creo que mis padres extrañaban tanto al Perú que solo se acordaban de los días de verano y nunca del invierno. Además, lo extrañaban tanto que me hacían extrañarlo a mí también. Y eso sí que era una nostalgia inventada. Yo me fui muy pequeño y mis primeros recuerdos ya están ubicados en Estados Unidos. ¿Cómo iba yo a extrañar algo que apenas había conocido?

Es curioso, porque tu partida coincide con el inicio de la década más violenta de la historia del Perú contemporáneo. ¿En qué momento te diste cuenta de que el Perú no era exactamente el país que recordaban tus padres?
Nosotros nos fuimos en el año 80, cuando el Perú pasaba por un momento optimista: empezaba el segundo gobierno de Belaunde, se vivía un regreso a la democracia. Sinceramente, no creo que los peruanos podían imaginar lo que vino después. Pero en los viajes que hacíamos anualmente para visitar a la familia ya podíamos ver que la situación se ponía cada vez más cruda. Yo incluso llegué a estudiar aquí, en un colegio, jugando fútbol en mi uniforme gris.

¿Y cómo percibiste al país en ese momento?
Bueno, me encantaba estar aquí. Además, cuando uno tiene 8, 9 o 10 años, en verdad no entiende nada. Si había un apagón, era puro chongo para mí. Era como ir de vacaciones de verano, como salir de campamento. Yo era muy joven y no tenía las herramientas necesarias para entender lo que pasaba. Pasaron varios años para que pudiera recapacitar pensar y analizar lo que viví, lo que sucedió acá. Pero eso ya fue producto de estudio y de análisis.

A pesar de haber vivido en Estados Unidos durante la época del conflicto con Sendero Luminoso, mucha de tu narrativa gira en torno a esa época de violencia. ¿Cómo absorbiste esa experiencia viviendo en Estados Unidos?
Lo que pasa es que en 1989 la guerra tocó personalmente a mi familia. Entonces, tratar de entender qué era lo que había sucedido se convirtió en una obsesión familiar. No pudimos ignorar más lo que estaba sucediendo en el país. Al final, me tocó a mí ser el encargado de investigar. Me ayudó mucho ser extranjero, porque todos asumen que tú no sabes nada y te cuentan cosas que no le contarían a un peruano, y no hay roche en formular la pregunta obvia.

¿Qué investigabas?
No es ningún secreto, está en el libro de cuentos y en la novela. Se trata del caso de mi tío.

¿Pensabas escribir un ensayo, un cuento, una novela?
Pensaba escribir un ensayo. Pero al investigar me di cuenta de que habían tantos casos como el de mi tío que era importante ficcionalizarlo y no quedarme solo con los hechos sino expandir la óptica un poco.

¿Volverlo más universal?
Sí. Y me sorprendió el giro político que la novela fue tomando mientras la escribía. Yo quería un libro sobre la migración. En teoría comenzaba con un chico que viaja de la selva a la ciudad, un trayecto rural-urbano que acaba en el norte. Eso era lo que quería escribir, pero el tema de la guerra seguía presente. Ahora ya no quiero hablar más de política. Ahora quiero escribir mi novela de migración. Eso hizo que me diera cuenta de que uno nunca sabe a dónde se dirige lo que escribe. Uno tiene que dejar que los persoinajes hagan lo que les provoque, y seguirlos a donde vayan.

¿Y cuánto tiempo te tomó armar tu primer libro, el libro de cuentos?
Lo escribí durante seis años. Tenía 18 cuentos y saqué nueve para la edición en inglés y después incluí algunos más para la edición peruana. El primero que escribí fue "Lima, Perú, 28 de julio de 1979" que se publicó en una revista universitaria en el año 1997, y el último es "El señor va volando sobre una nube veloz", que no está incluido en la versión que salió en Estados Unidos.

A pesar de que los personajes de los cuentos aparecen en distintas partes del mundo y no todos son peruanos, hay una sensación de desarraigo en casi todos. No parecen pertenecer al lugar en el que el relato los encuentra. ¿Fue este un criterio de selección para agrupar los cuentos que aparecieron juntos en el libro?
Por supuesto. Eso es lo bonito de armar un libro de cuentos. Es como cuando éramos más jóvenes y grabábamos temas musicales en un caset variado y se lo regalábamos a una chica y después nos íbamos a nuestras casas a esperar a que nos llamen (risas). Armar un libro de cuentos es así.

Estudiaste antropología. ¿Qué te llevó a escoger esa carrera?
Mira, yo en realidad quería estudiar literatura. Pero durante mi primer año en la universidad me peleé con un profesor de esa facultad y no volví más, por orgullo, por tonto. Claro, yo seguí leyendo por mi cuenta, pero ahora tengo unas lagunas inmensas en mi formación literaria. Hay libros básicos que nunca he leído. Como "El Quijote", por ejemplo, o los libros de Jane Austen.

¿Entonces, cuáles fueron los escritores que leíste por placer y propia voluntad, cuando empezabas a descubrir tu propia vocación?
Los rusos. Chéjov, por supuesto, Pushkin, Tolstoi. Leí "La guerra y la paz" dos veces; la primera me encantó, pero la segunda me pareció terrible. Pero Dostoievski se volvió mi preferido, "Memorias del subsuelo" es el libro que por primera vez me movió el piso.

¿Y leías escritores peruanos?
A los 15 años leí "La tía Julia y el escribidor" en inglés, pero no entendí nada. Leí "Un mundo para Julius" y tampoco entendí nada. No pude conectarme con ese humor tan limeño Yo estaba viviendo en otro contexto y no pude saltar ese abismo cultural. Pero bueno, tenía 15 años. Después, siendo adulto, volví a leer a Vargas Llosa, libros como "Los jefes", "La ciudad y los perros", "Los cachorros", "Conversación en la catedral" y me pareció un escritor extraordinario.

¿Y los escritores estadounidenses?
Me gusta Faulkner. "Huckleberry Finn" comienza muy bien pero termina muy mal. Y no me gusta Hemingway. De los contemporáneos, Tobias Wolff me parece increíble, y ese libro maravilloso de Denis Johnson, "Jesus Son".

Ese libro es increíble.
Y la película basada en él no estuvo nada mal. Yo pensaba que iban a malograr la historia, pero quedó muy bien.

¿Y cómo fue tu reencuentro con el Perú?
Yo decido regresar al Perú después de un viaje que hice al África por mis estudios de antropología. Eso fue en el 97. Entonces me di cuenta de que quería hacer un estudio similar en mi propio país.

¿Consideras al Perú como tu país?
Fue algo que sentí cuando llegué a Nueva York. En ese momento el 27% de la población era latina y el 40% había nacido en el extranjero, y cuando me preguntaban de dónde venía, yo respondía que del Perú. Creo que fue en ese momento, en Nueva York, cuando empezó a cobrar relevancia el hecho de haber nacido aquí. Claro, yo me siento estadounidense y peruano al mismo tiempo y creo que uno tiene derecho aformar parte de varios grupos y países. Te cuento una anécdota: en mi casa tengo una colección de camisetas y cada una de ellas dice estar hecha un país distinto. Una camiseta dice "Hecho en México", otra "Hecho en Irlanda", otra "Hecho en Perú", y yo siempre estoy poniéndome todas para confundir a la gente.

¿Te sentiste sorprendido por el buen recibimiento que tuvieron tus libros?
Me sorprendió mucho la reacción de los lectores peruanos. Yo pensé que iban a tener reparos en que haya sido un extranjero el que escribiese sobre estos temas. Por otro lado, el acercamiento a los escritores y los críticos peruanos ha sido muy bonito. Lo gracioso es que en Estados Unidos, al contrario de lo que ocurre aquí, el peruano soy yo.