Informe CALIDAD DE EXPORTACIÓN
Un pequeño grupo de compatriotas intenta que el garbo y la elegancia del caballo peruano de paso se luzca entre los colombianos. La afición va creciendo poco a poco
Por Susan Abad López, Corresponsal
BOGOTÁ. Las patas de Poderoso se mueven en peculiar taconeo al ritmo que le impone el chalán y arranca aplausos de un público que poco o nada entiende, pero que se sorprende con su especial andar. El repicar de la marinera norteña invade el recinto sirviendo de fondo a la danza que caballo y jinete realizan con la coqueta bailarina.
Luego, al compás de las notas de "José Antonio", finos caballos peruanos de paso, altivos y elegantes, llevan a cabo la tradicional barrida en la feria Agroexpo que se realiza por estos días en Bogotá.
Los responsables de que estos ejemplares, de la raza considerada como la mejor de silla del mundo, puedan ser apreciados en este país son el colombiano Juan Manuel Montoya y el peruano Juan Manuel Doig. La historia de los primeros caballos peruanos de paso que cambiaron con éxito los calurosos arenales de la costa del Perú por los fríos pastizales de la sabana de Bogotá se remonta a los años noventa cuando un tío de Montoya, tras vivir varios años en Lima, retornó a Colombia con un par de ejemplares.
"No solo trajo los animales y su genotipo, sino también lo que representa la fiesta alrededor del caballo peruano de paso: música, poesía, folclor, cultura", dice Montoya.
SANGRE PERUANA
Montoya cuenta, sonriendo, que al principio tenía problemas porque los amansadores locales conocen el caballo de paso fino colombiano y trataban de amaestrar a los caballos peruanos a la colombiana.
El destino le trajo la solución: Jorge Huertas, un ancashino que desde los 17 años vive entre caballos. "Mi padre fue criador en Conchán y yo fui muchos años jockey en el Perú y aquí en Colombia", relata.
El cierre del único hipódromo que tenía Bogotá determinó que Huertas terminara enrolado en la finca La Serrana donde cuenta con orgullo: "Atiendo a los caballos desde el parto, desde que nacen. Luego los domo, los adiestro y, como se dice, los pongo a punto".
LABOR DE DIFUSIÓN
La afición a los caballos de paso peruanos es aún muy incipiente en Colombia, asegura Juan Manuel Doig, a quien estos animales le recuerdan su natal Chiclayo. Él es el presidente de la pequeña Asociación de Caballos Peruanos de Paso que tiene, como asegura sonriendo, unos 12 miembros, incluidos los familiares de él y de Montoya.
"Es que lo conocen muy poco (al caballo peruano). En Colombia existe un caballo de paso fino que por cuestiones de nacionalismo tiene gran aceptación", argumenta Doig. Sin embargo, asegura, las características del caballo peruano de paso y su elegancia y garbo, así como todo lo asociado a su crianza está haciendo que cada vez se conozca más entre los colombianos.
Un furibundo aficionado asistente a la feria, que no quiso ser identificado, nos dio otra razón para que el caballo peruano esté ganando aceptación entre los criadores: "Es que en los últimos años la injerencia de narcotraficantes y paramilitares en la adquisición y cría de caballos de paso fino ha creado reticencia por parte de la gente de bien. Estos señores (los delincuentes) creen que el hecho de tener caballos otorga poder y da estatus, entonces la fiesta alrededor del caballo colombiano se volvió otra cosa".
PROTECTORES
Montoya y Doig coinciden en que la labor que hacen es quijotesca pero a la vez placentera. Ambos llevan los bellos ejemplares peruanos, difunden su significado cultural y repiten la fiesta equina en cuanta exhibición haya en Colombia.
Pero su labor no se limita a la difusión. Hace unos años se enteraron de que un ejemplar peruano traído a Colombia por un señor que luego fue víctima de la violencia que azota al país estaba en muy malas condiciones en una finca cerca de Bogotá. "Fuimos a rescatarlo", cuenta Montoya. "Lastimosamente los herederos se llevaron el caballo a Caldas y no sabemos en qué estado se encuentra".
La asociación también tiene entre sus expectativas realizar el registro genealógico de los caballos de paso peruanos en Colombia y para ello viajan a cualquier lugar del país donde se conoce que existe algún ejemplar. En una ocasión, el trío Doig, Montoya y Huertas fue a ver a unos caballos que un hacendado había recibido como parte de pago de un negocio hecho en Venezuela. "No eran de raza pura, el paso no era elegante por lo que no lo avalamos", cuenta Montoya.
El empeñoso cariño que estos tres personajes le ponen a la difusión de las bondades de nuestro caballo de paso, la emoción que sienten al montarlo y el deleite que muestran al contemplar el esplendor y la belleza de su galope, que llevó tres siglos perfeccionar, lo resume Huertas en una frase: "A pesar del consejo de mis padres nunca estudié, pero me siento orgulloso de haberme recibido de chalán en la universidad de la vida".
EL DATO
Proceso de selección
Para la Red Científica Peruana, el andar del caballo de paso se debe a su combinación de sangres. Al llegar al Perú, el ejemplar español fue expuesto a una selección entre las jacas (yeguas de pequeña estatura) navarras y castellanas con los berebere y árabes.