Crónica RESERVA PACAYA.-SAMIRIA

Los salvadores del reino del gran pez

El lago El Dorado, ubicado en la reserva nacional Pacaya-Samiria, se ha convertido en ejemplo de protección de especies, gracias al cambio de actitud de los pobladores.

Por Javier Medina Dávila

"Un lugar precioso, lejos de todo, como si fuera una isla perdida, un paraíso no descubierto". Esa fue la última anotación que encontramos en el libro de visitas del albergue Rumbo al Dorado, ubicado precisamente en el lago El Dorado, corazón de la reserva nacional Pacaya-Samiria, donde hasta hace una década se detectó solo cuatro paiches, pero que ahora es el reino del monarca de los peces amazónicos gracias a la organización comunal de quienes antes fueron sus depredadores.

El apunte pertenece a una de las documentalistas más afamadas del mundo, Celine Cousteau, hija de Michael y nieta del desaparecido Jacques Cousteau. Como ella, los turistas que suelen llegar hasta esos apartados parajes de la reserva no son los tradicionales que buscan descansar. Por esos rincones llegan más bien científicos, ecologistas y cineastas ambientalistas a quienes no necesariamente les atrae la impresionante temporada de pesca del paiche.

En el tiempo que el paiche aprovecha la creciente para salir de su reino y visitar otros rumbos, que lleva algunos meses, la reserva tiene miles de razones para seguir mostrándose bella. Una simple puesta de sol en cada atardecer revienta en mil colores el entorno de este mundo verde, así como sus planicies ennegrecidas por el sedimento natural de siglos de material orgánico acumulados en los lechos de sus ríos y lagunas.

Quién diría que este Edén donde se cobija la más diversa capacidad de vida en el mundo, con más de 400 especies de aves, casi 300 de peces, un centenar de mamíferos, 65 de reptiles, 55 de anfibios, más de un millar de especies vegetales silvestres y cultivadas e insectos rarísimos, estuvo a punto de perderse a pesar de haber sido reconocida como área natural protegida.

Aunque ese peligro no ha desaparecido, la actitud de sus pobladores ha cambiado con el tiempo, pues se dieron cuenta que estaban destruyendo los recursos que tienen a la mano y que son su llave para un desarrollo sostenible.

EL APOYO DE FUERA
Con la intervención de diversos organismos cooperantes nacionales y del exterior e instituciones del Estado, el Pacaya-Samiria es una de las experiencias de recuperación de especies amenazadas más exitosas del mundo, en la que el papel preponderante lo tuvo y lo tiene el poblador local.

Cuando hace 13 años la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), la Fundación Peruana Para la Conservación de la Naturaleza (Pronaturaleza) y otras entidades llegaron hasta esos pueblos a proponerles que se transformen de depredadores en conservacionistas, trabajando planes de manejo para los recursos de su entorno.

Algunos aceptaron este nuevo reto, como los comuneros de Manco Cápac, en el río Puinahua, que se convirtieron en el grupo Yacu Tayta para la administración del paiche, la arahuana, los quelonios y el turismo en El Dorado.

Es en ese ambiente donde la población de ese gran pez creció cuatro veces desde 1994. La crianza de taricayas también salvó a esa especie de la extinción con la liberación de cien mil ejemplares y un destino similar seguirán las charapas, incluso los lobos de río a los que ya se les vio chapotear después de casi treinta años casi desaparecidos.