El informe

Lo que falta avanzar

El año pasado recibió el pomposo título de Ciudad Productiva, una de las siete que se pretende convertir en ejemplo industrial. Pero el trujillano distrito de El Porvenir aún está lejos de serlo.

Por Elizabeth Cavero

Como muchos barrios que luchan contra la pobreza, El Porvenir tiene un nombre que alude a un futuro mejor. La zapatería era la principal actividad económica de sus pobladores desde varios años antes de su creación política en 1965. Pudieron haber bautizado el distrito como San Crispín, patrono de los zapateros. Pero no lo hicieron tal vez porque los empresarios de El Porvenir, antes de encomendarse a un ser superior, confían en su propia capacidad de trabajo.

No estuvieron preparados para la apertura del mercado. Es cierto. El calzado brasileño, con mejor diseño y a veces menor precio, los hizo darse cuenta de que no eran competitivos. También es cierto que toneladas de zapatos chinos burlaron las leyes antidumping y, de manera tramposa, llevaron a la quiebra a miles de fabricantes peruanos. Los empresarios de El Porvenir, que en la década de 1980 eran 6.000, pasaron a ser poco más de 1.000 a principios de los años 90. En 1998 el distrito zapatero comenzó su lenta recuperación.

El paso más importante para la recuperación del conglomerado industrial (y de la localidad) se ha dado en los últimos cuatro años con la Calzaferia, remate que cada mes de octubre permite a los industriales vender sus saldos y renovar la producción. Quien la institucionalizó fue el cardiólogo Pedro Ordóñez, zapatero de corazón y ex alcalde de El Porvenir. La Calzaferia, sin embargo, no alcanza para resolver los problemas de miles de empresarios que no estudiaron para ser empresarios y que toman mano de obra sin calificaciones porque no hay otra. Es un círculo vicioso económico y social que explica la baja recaudación con la que deben arreglársela las autoridades municipales: 75% de morosidad en pagos por limpieza, 60% en arbitrios.

DÓNDE ESTÁ EL PILOTO
Por suerte, no son pocas las instituciones (con fines de lucro y sin ellos) que reconocen el potencial de El Porvenir y de los aledaños distritos de La Esperanza y Florencia de Mora, también productores de calzado, aunque en menor medida. La ayuda más importante con la que cuenta el distrito en este momento son S/. 5'000.000 no reembolsables del Fondo Ítalo-Peruano. Según los objetivos del proyecto, el dinero debe servir para comprar maquinaria italiana más moderna de la que puedan servirse unos 500 productores.

También debe alcanzar para capacitar a técnicos en el oficio y a diseñadores de moda. Por otro lado, se quiere con este fondo mejorar el abastecimiento de cuero, pues la oferta de las curtiembres hoy no satisface las exigencias internacionales. Por último, se buscará 'traders' para comercializar los zapatos en Europa cuando estos hayan alcanzado la calidad deseada. Sí, el monto queda corto a ante tan ambiciosa lista. "No pretendemos resolver los problemas de El Porvenir con este proyecto", explica el coordinador en Lima, Fernando Lituma: "lo que se quiere es demostrar a los empresarios y autoridades que con un poco de esfuerzo, es posible mejorar".

¿Hasta dónde ha llegado el proyecto? ¿Cuánto ha avanzado? Casi nada, pues en enero de este año el alcalde cambió y el jefe del proyecto fue cambiado dos veces. Francisco Huertas, el actual responsable inició sus funciones en abril. En agosto, dice, el proyecto Cepicam debe arrancar con fuerza. Pero mientras tanto, varios consorcios que se habían formado para aprovechar los beneficios del proyecto, se han disuelto.

"Llegaron a formarse unos quince consorcios, pero hoy tal vez son cinco", explica Jorge Torres, coordinador del Cedep, otra de las instituciones que trabaja apoyando a los fabricantes de calzado a mejorar su productividad y sus hábitos de trabajo. Torres explica que el principal problema de los empresarios es la falta de mano de obra calificada. "Tienen que tomar aprendices y pasan quince o veinte años antes de que estos se conviertan en maestros". Otro problema es que, por varias razones, estas microempresas no pueden competir: no consiguen cuero de calidad (la cadena empieza con los criadores y curtidores), muchos optan por comprar cuero sintético proveniente de China quitándole la ventaja diferencial a su producto, su capacidad de producción es de 100 pares a la semana y no de 1.000 que se requiere para atender a grandes clientes. "Son las máquinas que aparecen en la estampa de San Crispín: arqueología industrial", comentó al respecto el italiano Giorgio Lucci, quien en diciembre del año pasado asesoró a cuatro curtiembres trujillanas.

SOLUCIÓN A LA ITALIANA
Este diagnóstico es bien conocido por los industriales de El Porvenir. La cura --coinciden empresarios, las ONG y autoridades-- pasa por formar consorcios. Suena fácil, pero no lo es. Varios de los que se formaron en el papel nunca operaron de manera conjunta, otros han roto palitos para buscar nuevos compañeros. Hay menos de cinco que tratan de salir adelante, aprendiendo de sus errores (y sin consultoría especializada). Uno de ellos es Grosso Group, integrado por seis empresas.

"Estar cien por ciento de acuerdo en todo es muy difícil, pero hemos hecho algunas cosas juntos", cuenta Sebastián Paredes, dueño de Calzado Paredes, una de las empresas de Grosso Group: "Hemos ido a Lima a visitar dos curtiembres de españoles, que nos han dado precios por volumen. En abril, fuimos también como consorcio al Perú Moda (feria organizada por Prómpex). Lamentablemente allí nos enteramos de que las grandes tiendas compran sus stock con anticipación. Nosotros debimos llevar calzado de verano y no de invierno". Los funcionarios del Estado, con solo un mínimo de información pudieron ayudarlos, y no lo hicieron. Ese es otro tema.

Claudine es otra de las empresas que integra el Grosso Group. Anselmo Vereao, el dueño de esta empresa que fabrica con aplicaciones de piel de pescado, afirma que ahora tendrían que unirse para atender pedidos masivos. Hay dos caminos: ocuparse cada uno de una parte de la fabricación o abrir una nueva planta entre todos sin dejar sus microempresas. "Cada uno tiene sus clientes, cada uno quiere cuidar su producción", explica Sebastián Paredes. Mientras que las empresas de El Porvenir sean empresas de subsistencia, el paso será lento.

EN PUNTOS
4
140.000 habitantes tiene el distrito de El Porvenir. Las fábricas de calzado generan 30.000 empleos directos y 40.000 indirectos.

4El costo promedio de fabricación de un par de zapatos de cuero es de S/.30 . Se vende a un promedio de S/.45 en las tiendas de calzado del centro de Trujillo.

4El 70% de la maquinaria de El Porvenir, La Esperanza y Florencia de Mora fue fabricado en los años 80. US$80.000 cuesta el juego de máquinas que demanda una producción de 1.400 pares al día.