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La confluencia de diversas protestas en todo el país produjo la mayor caída en la aprobación gubernamental en un mes desde el inicio del gobierno: diez puntos porcentuales. Si bien cada una tenía una agenda específica, los ejes comunes de estas protestas han sido la expresión de un malestar profundo por una sensación de postergación y una gran desconfianza en las autoridades gubernamentales. Las protestas han sido vistas con simpatía por la tercera parte de los limeños y la mitad del interior del país.
Al mismo tiempo, las limitaciones que mostró el Gobierno para impedir que estas protestas afecten el tránsito, el comercio, el turismo y la educación pública han llevado a que un sector de la población, que veía con expectativa la marcha del país, se contagie de la frustración y se sume a la desaprobación a la gestión gubernamental.
La caída no es irreversible. El Gobierno puede recuperar cierto apoyo popular si logra trasmitir una visión de país atractiva con reformas apropiadas; si mejora la gestión pública, especialmente la orientada a la reducción de la pobreza; y si logra mantener el orden público, sancionando a los responsables de los desmanes.