El cura que ama ser libre

LOGROS. El padre Joaquín García fundó el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía y por su trabajo de 35 años con las comunidades recibió hace poco el premio Bartolomé de las Casas, de manos del príncipe de Asturias. Es un propulsor de la teología india

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

Gracias al padre Joaquín García, en Iquitos --con la temperatura a 35 grados por hora--, la Iglesia se ha convertido en el ventilador más enfervorizado de la alta cultura. Con el fin de resguardar la memoria de la selva, en el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA), García ha reunido 30 mil libros (la segunda mejor biblioteca sobre temas amazónicos, después de la de Belén en Brasil). Tarea de Atlas que le ha costado un reumatismo en el hombro izquierdo de tanto cargar ideales empastados. Además, desde hace 22 años, organiza la Feria del Libro de Iquitos, que este año tiene dificultades por la estulticia de los políticos. Joaquín dirige desde 1984 también la revista "elegantemente crítica", "Kanatari" ("amanecer", en cocama). Dicen que ser demasiado libre es peligroso. El padre es solo un pan --caliente-- de Dios.

Usted llegó de España a Latinoamérica hace 42 años y se nacionalizó peruano en 1990.
Yo estaba destinado a Colombia y estuve dos años y medio allí. Pasó por ahí el obispo de Iquitos y me invitó a venir en 1968. Yo soy de las montañas de León, una cuenca minera que está cerca de un gran pantano. Y nací en 1939, cuando terminó la guerra civil. Siguió una época muy conservadora, tanto que cuando surge la convocatoria para el Concilio Vaticano II el episcopado español se siente aplastado por las nuevas ideas que venían del norte de Europa... Cuando cayó Franco sentí un alivio, porque era una momia conservada en el tiempo.

¿Su familia era muy religiosa? ¿Por ellos decidió usted ser sacerdote?
Sí, mi familia era de la burguesía española. Tenían un gran sentido de lo que significaba la religión, yo no recuerdo en mi vida haber querido ser otra cosa. Desde los 6 años quería ser cura, estuve toda la secundaria de interno en un colegio y después entré al noviciado, estudié Filosofía e hice la Pedagogía.

¿Por qué escogió ser agustino? Los franciscanos destacan por sus votos de pobreza, por el amor místico a la naturaleza; los jesuitas, después de ser conservadores, pasaron a ser los intelectuales de avanzada. ¿Qué es lo particular de su orden?
El mundo en que yo vivía estaba muy vinculado a la orden agustiniana, de manera que yo tenía parientes, amigos de la orden. Era el camino que me puso la providencia. Yo me sentí comprometido con ellos, además, por todo lo que significa el saber, estar en los fondos de la tradición histórica de los pueblos. Y me parece que ha sido nuestra característica la tolerancia, de manera que las palabras más distintas eran armónicas. Yo dirigí en España la revista "Casiciaco", el nombre de una finca donde San Agustín desarrolló todo un camino de reflexión filosófica, en el norte de África. Y recuerdo sentirme inmerso en una reflexión profunda de mi propia vida, lo que significó saber que más allá del mundo había otro mundo, por ejemplo el Oriente.

¿Le fascinaba el Oriente por su cultura o también por su espiritualidad?
Desde Filipinas, los agustinos habíamos entrado en la China y teníamos tres circunscripciones eclesiásticas que fueron cerradas a partir de 1949, cuando Mao expulsó a todas las congregaciones. Sabe, no se trata simplemente de una cultura separada de la espiritualidad, he ido descubriendo que la cultura yo la vivo desde la espiritualidad. Desde que estoy en Iquitos, y desde que celebramos aquí el primer encuentro de pastoral de misiones en el Alto Amazonas en 1971, me he dado cuenta de que las culturas tienen su propia espiritualidad y su propia dinámica. Hoy estamos separados un poco de la teología de la liberación y seguimos los caminos de la teología india, que surge desde el alma, las tradiciones, los modos de pensar y de sentir de los pueblos indígenas en América Latina. Acabo de venir de Cochabamba, he estado dando un taller sobre creación y teología india.

¿Qué diferencia a la teología india de la teología de la liberación y su "opción por el pobre"?
Conocí a Gustavo Gutiérrez, a finales del año 68, y simpaticé desde que vine a América Latina y las desigualdades eran de tal naturaleza que no podía ser adverso por un movimiento hacia el cambio. Sin embargo, hay algunos matices que debo señalar. En el encuentro del episcopado de América Latina en agosto de 1968, en Medellín, no se trata ni de lejos o incluso se cita la palabra indio. Es decir, se veía las cosas con las categorías de pobreza y riqueza, pero el universo indígena no era entendido ni asumido. Yo acompañé ese movimiento y me di cuenta de que los pobres no son pobres en abstracto sino desde su propia realidad cultural, desde su propia contextualidad... Yo pertenezco a la Aelapi, la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena, y llevamos 29 años articulando todos los movimientos indígenas de la Iglesia. Hemos organizado cinco encuentros de teología india; el último fue en Manaos, el año pasado. El año próximo preparamos un foro sobre medio ambiente y pueblos indígenas... Siempre he pertenecido a grupos heterogéneos de buen nivel de reflexión, en Colombia discutíamos las relaciones de Freud y el padre Teilhard de Chardin, por ejemplo.

Y en 1972 funda el CETA, que ha marcado la cultura de Loreto de manera abrumadora.
Tenemos tres áreas bien definidas: de la investigación, de la formación y de la difusión. Fue en la época en que hubo el Primer Encuentro de Pastoral de Misiones en el Alto Amazonas. Tenemos esta reunión donde hay 35 obispos, laicos, y hay una reflexión muy profunda de lo que significa la nueva opción a partir de las poblaciones indígenas. Este encuentro se celebró después del Barbados 1, convocado por el Consejo Mundial de las Iglesias, donde se criticaba la implementación de formas distintas de pensar, incluso religiosas. Hace una crítica a la misión católica y protestante. A partir de ese momento hay dos reuniones de Barbados.

Solo alguien que se ha internado en la selva siente ese contacto más allá de lo racional con la naturaleza. Dígame la verdad, ¿a usted le indujo un cierto animismo?
No fue cierto animismo, el animismo fue total. Eso que Eckhart llamaba el panenteísmo. Es sentir que uno está sumergido en un mundo donde todo significa una presencia de lo trascendente. Eso lo he sentido en muchas ocasiones. Cuando recibí el premio Bartolomé de las Casas dicté una conferencia sobre mito, rito y mujer en los pueblos indígenas amazónicos... Antes tenía una espiritualidad mucho más abstracta, pero hoy la mía es lo concreto, lo real, aquello en lo que creo que Dios se me manifiesta. Es todo lo que significa volver a San Francisco de Asís... yo he desarrollado una conferencia para los agustinos en Chile sobre esto y lo que decía Einstein... sobre la vida que se condensa en el interior de una piedra, qué hay en ese átomo que tiene dentro un ion, y alrededor toda una cantidad de elementos que giran alrededor. Hay una cantidad infinita de energía, de vida allí.

¿Y cómo tomó usted que para las culturas amazónicas las plantas tengan un espíritu propio que enseña sus virtudes en visiones y que hay sirenas y también seres maléficos y duendes...?
Esto es de todos los días, de modo que la cocha y el árbol tienen madre, y la madre significa el alma más profunda, que está en la raíz de todo. Está el chullachaqui, todo lo que significa el supay, que es el espíritu del mal. Son una cantidad de creencias que no hay que despreciar ni en el avance de la visión científica que uno pudiera tener. La ciencia siempre es insuficiente... Aquí hay dos mundos en la misma ciudad: el de abajo que es el mundo de la tierra, el agua, las plantas y el mundo oficial... El mundo de lo que los creyentes llamamos la resurrección de los muertos ellos lo concretan a través de la supervivencia de la vida en los bufeos, cuando alguien se ha ahogado... Gracias a este trabajo pastoral he adquirido una libertad interior para poder percibir lo que significan las visiones desde lo diferente.

Pero esa libertad interior debe haber chocado con los ortodoxos, padre. ¿No lo han tachado de pagano?
Eso ya lo tengo superado hace miles de años. Hay quienes dicen que son supersticiones, hechicería. ¿Y qué puedo hacer con eso?: Caminar a mi modo y respetar el sentir de la gente. Hay que conocer la vida de los misioneros para saber que tenemos tal espíritu de libertad y apertura que todo nos parece normal. No creo que haya ningún misionero dentro de la Iglesia que pueda ser radical e intolerantemente sectario. Ahora aparece esa cuestión del Papa que orienta que las liturgias se hagan en latín. Les parece algo inimaginable, después de haber seguido en el posconcilio Vaticano II, más de 40 años, y hablar en latín en un mundo en que los mismos clérigos no lo saben. Mejor aprende usted las lenguas concretas de esos idiomas originarios para que pueda interpretar más allá lo que es el trasfondo del lenguaje.

¿En qué comunidades ha trabajado y vivido usted?
Recuerdo sobre todo las de Madre de Dios, he sido coordinador general de la Pastoral de la Selva. He estado en comunidades de chayahuitas en el río Cahuapana, con los jíbaros que son los que están por el río Corrientes, dando guerra ahora. Pero hoy vivo más en la ciudad de Iquitos, que cuando llegué tenía como 100 mil habitantes y hoy tiene medio millón y no puedo negar que se ha desbordado, que hay una bulla con más de 50 mil motos al mismo tiempo que 18 mil motocarros.

Sé que la gente lo quiere, padre, pero también aquí hay posiciones nacionalistas y chauvinistas. Y usted ha tenido problemas con el Frente Patriótico...
Yo participé en las negociaciones de paz en Washington en la comisión de integración. Y lógicamente sí, me parecía que esa causa era superior, y más en las condiciones en que se venía dando. Porque no eran desventajosas para el Perú. Era resolver el problema donde se demostraba que el pensamiento y la historia ecuatoriana iban por caminos no correctos.

Hay prejuicios sobre Iquitos, se habla de la ciudad del sexo...
La gente es muy agradable, es una falsa interpretación. Claro, comparándola con la mujer andina, que no tiene esa sensualidad, puede parecerlo. Pero hay focos específicos en una ciudad que ha crecido tanto, donde puede que exista ese valor.

Además es natural, por el calor, que tengan poca ropa. Pero sea sincero, padre, por esto mismo, debe haber tenido muchas tentaciones contra su voto de castidad.
Cada quien tiene sus propios mecanismos de defensa, el mío es tener el mismo trato con la mujer de manera genérica, a todas igual y no me ha dado mal resultado. Yo tengo la ilusión clara de contribuir, en un diálogo permanente, con la realidad y con la historia a la generación de nuevas condiciones para Loreto. Ando por la vida soñando con eso y esto significa menos tentación, no te puedo decir que no en alguna ocasión. Pero siempre voy a lo mío y sé qué es lo que quiero.