Por Ricardo León
Trampolín a la fama. Es difícil entender si la fama tiene forma y fondo o ambos o ninguno. Cierto día, Paul Potts bajó de un avión en Nueva York y una señora a la que jamás había visto se le acercó, lo saludó y le presentó a su esposo, un anciano que lo señaló con el dedo y dijo: "Él es el hombre que canta". El anciano sufría de Alzheimer, pero se acordaba perfectamente de Paul, el tipo que días antes no era nadie. Cantar "Nessun dorma", famosa aria de Puccini, lo convirtió en alguien. Ese alguien cumple todos los requisitos para ser considerado la estrella mediática del momento: su nombre está registrado en Google más de dos millones de veces, tiene ya una definición en Wikipedia --una especie de Pequeño Larrouse Ilustrado virtual, no muy confiable, pero bastante conocido--, en You Tube sus videos los han visto decenas de millones de curiosos, ha grabado un CD y le han ofrecido hacer la película de su vida. Ya tiene su propia página web: www.paulpottsofficial.com. Esa debe ser la forma de la fama.
De repente con Internet y sus tentáculos hoy es más fácil ser reconocido en los círculos virtuales (la Tigresa del Oriente es un vivo ejemplo, que lo diga la Warner Brothers de México), pero lo de Potts está yendo demasiado lejos, ya tiene características fenomenológicas. Eso, y que personas con Alzheimer lo reconozcan en la calle, debe ser el fondo de la fama.
Una tras otra. Nacido en el sur de Gales, Inglaterra, Potts empezó a sentirse desgraciado cuando era niño y supo que los niños son crueles. 'Fatty' (gordito) y 'Pov' (de poverty: pobreza) le decían porque ya desde niño sufría de sobrepeso y porque su padre era chofer de ómnibus y su madre cajera en un supermercado. Paul, entonces, se ponía a cantar. "Mi voz siempre fue mi mejor amiga", declaró hace poco en una entrevista. Declaró también que más de una vez pensó en el suicidio.
La mala suerte no se le terminó cuando creció. A los 28 años imitó a Pavarotti en una especie de karaoke y le fue bien y al poco tiempo ganó algunos miles de euros en un concurso de imitaciones. Incluso realizó algunas giras breves en Italia con diversas orquestas.
Pero cuando ya había invertido más dinero del que tenía en cursos de canto, y cuando iba a participar en una clase maestra con el propio Pavarotti, le descubrieron un tumor en la vesícula y tuvo que ser operado. Recién salía del proceso clínico cuando se cayó de una bicicleta y se torció el cuello y tuvo que pasar dos años enteros en tratamientos que, en sus peores días, implicaban el uso de morfina para atenuar los dolores.
Por ese tiempo, Paul conoció a Julie. La sedujo por chat, si acaso existe esa posibilidad. Se casaron. Él buscó un trabajo de verdad. Empezó a vender celulares. No era un trabajo demasiado gratificante, seguramente, pero era uno de verdad.
Cantar profesionalmente ya estaba descartado; solo lo hacía como aficionado. Había tenido tan mala suerte que cuando su mujer le decía "rómpete una pierna" antes de cantar, él estaba seguro que de verdad se rompería una pierna.
Voz propia. Días antes del concurso Britain's Got Talent (concurso musical amateur similar al American Idol estadounidense), Paul no estaba seguro de su participación. Leyenda o no, cuenta el propio Paul que optó por lo más lógico: arrojar una moneda al aire. Al final, decidió participar solo porque siempre soñó con cantar en el coliseo del Cardiff Millenium Centre, la locación donde unos 50.000 postulantes pasaban por una audición previa. Alguna vez escuchó que no debía comer nada cuatro horas antes de cantar, así que ese sábado no probó un solo bocado.
Antes de ir se compró un terno de 35 euros. No llevó corbata y apenas se arregló el cuello de la camisa. La tarde anterior fue a cortarse el cabello, pero al peluquero se le pasó la mano (lo cuenta él mismo, con lujo de detalles) y lo dejó como en la foto de arriba, medio calvo; no parecía un cantante, parecía un vendedor de celulares.
Cuando entró al escenario estaba nervioso, pero no titubeó jamás. Ni siquiera cuando los antipáticos jueces del concurso (Simon Cowell, Amanda Holden y Piers Morgan, en orden de antipatía) le preguntaron acerca de qué era lo que quería hacer; ellos mandaban. "Cantar ópera", dijo. Los tres jueces hicieron como que no escuchaban y seguían en lo suyo, haciendo anotaciones, conversando. Dilegua o notte! Empezó a cantar Paul y los tres jueces levantaron la mirada al mismo tiempo. Tramontane, stelle! El público aplaude la gracia y dos ancianas son filmadas en el instante preciso en que se secan las primeras lágrimas. All'alba vincerò! Amanda Holden traga saliva; va a llorar. Simon Cowell se rasca la oreja con un lápiz. Piers Morgan tensa el rostro. Paul solo mira hacia adelante, la mirada fija en algo, el diente chueco y el cuello sin corbata en primer plano; él manda ahora. Vincerò! Vincerò! El público aplaude de pie. Simon aplaude. Piers aplaude. Amanda llora y aplaude. Paul suelta el aire de los pulmones con fuerza, como si se estuviera quitando un peso de encima.
Esa audición se realizó el 9 de junio. Para la semifinal --un par de días después-- le pidió prestados a su madre 80 euros para un terno nuevo; esta vez sí usó corbata. Interpretó "Pon te partiró" en la versión de Andrea Bocelli. En la final repitió la "Nessun dorma" y otra vez se llevó todas las palmas del mundo. Amanda Hodel, del jurado, lloró por segunda vez. El 17 de junio fue elegido ganador del concurso. Parte del premio consiste en cantar en vivo y en directo para la reina. "Cuando anunciaron mi nombre como el ganador, pensé que estaba escuchando cosas", explicó luego.
Tres días después viajó a Nueva York para una serie de entrevistas. Fue entonces cuando se le acercó el anciano con Alzheimer.
Operación ópera. El CD que grabó en tiempo récord con la Sony se titula "One chance" ("Una oportunidad"). Según su página web, tiene más de 20 conciertos pactados para los próximos meses. En un foro en esa página, centenares de admiradores le dejan mensajes diariamente. Todos los días hay noticias suyas en un periódico y dos de las últimas llaman la atención: una de ellas comenta que su CD se ubicó en el cuarto lugar de la tienda virtual Amazon. En la otra él reconoce que, en medio de tantos compromisos, aún no ha tenido tiempo para, de una vez por todas, ir al dentista con el fin de corregir sus dientes delanteros.