Entrevista. GABRIELA MADUEÑO

Ejecutivas: "Yo me tengo que dividir en tres"

Tenía 25 y una idea en la que creía a muerte. Puso su laboratorio. Quien sería su contraparte le falló. Acusó el golpe, no achicó. Se casó, tuvo hijos. Triunfar cuesta. Lo sabe y está en eso

Por Antonio Orjeda

Sacrificio. Quien no esté dispuesto a ello, que cierre la boca y se trague su envidia. Su hermana tenía 21 cuando decidió jugársela y trabajar con ella. Ella, cuatro años mayor, incipiente ingeniera industrial, había decidido personalizar un champú. Así empezó todo. ¿La verdad? Ella aún no ha llegado a concretar su proyecto. Mientras, ha forjado un laboratorio que ya compite con los grandes. Ella se llama Gabriela Madueño y, si pudiera, le compraría tiempo al tiempo.

En el último CADE universitario, usted fue una de los tres expositores de casos de éxito. ¿Por qué cree que la eligieron?
Imagino que porque mi caso es muy cercano al de los estudiantes: terminé la universidad y al año y medio puse mi empresa. Y por eso me gustó la invitación que me hicieron: porque a mí me encantaría que otros jóvenes también hicieran empresa.

Tiene 34, ¿a qué edad empezó su empresa?
A los 25.

Antes de ello trabajó en un laboratorio importante. Tengo entendido que usted tenía una idea que creía exitosa, pero no la tomaron en cuenta.
Así es.

¿Por qué ocurrió eso? ¿Porque la creían muy joven?
No. Ese laboratorio tuvo un crecimiento muy rápido, y cuando eso pasa hay empresas que no están preparadas para asumir ese crecimiento. Organizacionalmente, ahí había un poco de desorden: las decisiones solo las tomaba el dueño. No existía una organización.

El común de los empleados, cuando cree tener una idea brillante y no le dan bola, se suele frustrar, se queda con la furia adentro.
No fue mi caso. No me quedé ni con furia ni con resentimiento, pero sí con la idea de que yo podía tener éxito. Estaba muy motivada. ¡Estaba segura de que podía tener éxito!

¿Por qué?
Porque yo ya había desarrollado productos para otros, y había planeado hacerlo para un estilista: para Marco Antonio. Si tú revisas los periódicos del 2000, del 2001, él le decía a la prensa que ya iba a sacar su línea de champú. Marco Antonio recién comenzaba a hacerse famoso, recién había puesto su peluquería...

Usted creía tanto en su idea que decidió renunciar.
Esa fue una de las causas.

Su idea era crear un champú personalizado, exclusivo para un estilista.
Sí. Era un champú con extractos de maca, con un diseño muy moderno; importamos la fragancia, trabajamos la fórmula... Iba a decir: by Marco Antonio. Esa era la marca...

Tengo conocimiento de que faltando poco para el lanzamiento, le falló.
Exacto. Él firmó como imagen de campaña de una transnacional.

Usted ya había renunciado al otro laboratorio.
Ya había renunciado, ya había invertido; felizmente, no tanto...

¿Cuánto fue?
En un principio fueron 5.000 dólares, que, a lo largo de un año, se fueron incrementando.

¿Qué sintió? Usted tenía una idea en la que creía, él era su caballo de Troya y, de la noche a la mañana, se quedó...
Me quedé en el aire. Marco Antonio me falló y no tenía ningún plan B, pero justo me visitaron de Páginas Amarillas y --pese a que eso me significaba un nuevo gasto-- decidí anunciar ¡porque ya había creado mi empresa!

Abrí en agosto y conseguí a mi primer cliente en diciembre. En un principio, sin embargo, tuve una etapa de desazón, de depresión... Mis amigas de la universidad trabajaban en empresas grandes y yo la estaba pasando realmente mal. Felizmente mi papá me ayudó durante esos meses. No tenía ni para la gasolina. No salía, no me compraba ropa, ¡nada! Fueron meses difíciles. Pero me comenzaron a llamar. ¿Por qué? Porque cuando decidimos anunciar diseñamos un logotipo muy simpático, desde el principio dimos una imagen muy elaborada, de empresa sólida, pese a tener un laboratorio muy pequeño (de 200 metros cuadrados), con lo básico para atender.

Y comenzó con 5.000 dólares.
Así es. Hicimos un gel para ecografías para laboratorios Pfizer. Ellos jamás visitaron nuestro laboratorio. Creyeron en nuestra imagen.

Usted tenía 25 años, no tenía responsabilidades. ¿Eso ayudó?
Sí, lo hablé con mi enamorado (que hoy es mi esposo) y decidí intentarlo durante un año. Ya iban seis meses. Ya había comenzado, y cuando uno comienza una cosa, ¡tiene que lucharla!

Yo tenía proyectos que ofrecer. ¿Qué pasó? Me llamaron del hotel María Angola para que les hiciera un champú. Les elaboré la fórmula y les gustó. ¡A la gente le encantaba lo que yo preparaba! Después me llamaron de una droguería para que les hiciera un champú anticaspa. Yo había aprendido a hacer fórmulas. Una químico-farmacéutica me enseñó.

¿Por qué cree que la comenzaron a buscar? ¿Por haber elaborado un buen anuncio?
Sí, porque entonces los laboratorios no sabían marketear bien sus servicios. Además, a diferencia de otros, cuando alguien nos llamaba, yo no pedía que viniese: yo misma iba a visitarlo. Creo que eso marcó la diferencia. Tampoco había desarrollo de fórmulas como hay ahora: solo lo hacían las grandes empresas, ¡y nosotros! Eso también marcó la diferencia.

Tenía 25 años. Sus colegas estarían en otras.
Estaban queriendo hacer la maestría, viajar, ¡conducir sus carros! Y yo estaba un poco arrepentida...

¿Por qué?
¡Porque no la estaba pasando bien! A veces la gente dice: tienes tu propia empresa, ¡qué mostro! Pero no saben lo que cuesta intentarlo.

Hoy tiene un promedio de 50 trabajadores. Además de la responsabilidad de su propia familia, tiene también la de esas 50. Su responsabilidad es enorme.
¡Por supuesto! Y la verdad es que esto no es divertido ni gratificante. ¿Por qué? Porque la mujer lleva siempre la peor parte.

¿Cómo es eso?
Yo tengo que ser madre, esposa y empresaria. Me tengo que dividir en tres ¡y el tiempo no me alcanza! Por ejemplo, hoy voy a llegar a mi casa a las 8, cuando mis hijos ya estén a punto de irse a dormir... Uno siempre sacrifica algo, y asumirlo es difícil.

No solo eso, también ocurre que muchas veces te llevas los problemas a la casa. ¡Qué diferente sería si trabajase en una empresa y saliese a las 6! Llego a mi casa y me olvido de todo, y si la empresa quiebra o le va mal, no importa, ¡me busco otro trabajo!

Además tendría su CTS...
¡Vacaciones! Yo no tomo vacaciones en años... Hay quienes me dicen: ¿Por qué haces esto? Contrata a otra persona ¡Disfruta! No. Todavía no es el momento. Mi empresa aún no es tan sólida como para que se la deje a otro gerente y me dedique a lo mío.

Tampoco está arrepentida, ¿no?
No, ¡esto me encanta! Las cosas que yo hago, ¡las hago con mucho placer! Ahorita estoy ganando proyectos grandes y me gusta marcar la diferencia respecto a mi competencia. Ya no compito solo por precio, ahora también estoy vendiendo un servicio de márketing que acompaña a la fabricación del producto, ¡eso no lo está haciendo nadie!

En el CADE universitario, tras su exposición, varios chicos se le acercaron para agradecerle y decirle que usted era un ejemplo para ellos. ¿Qué se siente?
Cuando era universitaria y veía a los expositores, decía: ¡guau! ¿Cuándo me tocará estar del otro lado? ¡A mí me encantó haber participado! Por eso agradecí mucho que me hubiesen invitado, porque por lo mismo que trabajo y soy mamá, me he alejado mucho de todo, no he tenido el tiempo para desarrollarme más en mi carrera, en mi formación como ingeniera industrial. No he hecho ninguna maestría ¡y tampoco puedo hacerlo! Ya será cuando mis hijos tengan 5, 6 años. Ahora están muy pequeños... Pero yo me siento feliz con lo que tengo, ¡y eso es lo más importante! Sí, es cierto, los chicos se me acercaron, y mientras el otro expositor firmaba autógrafos, ¡a mí me pedían trabajo! (ríe)...

¿Se ha vuelto a encontrar con Marco Antonio?
¡Por supuesto! El año pasado nos reencontramos...

Lo cuadró.
No. Ya ambos estamos en condiciones diferentes. Hemos crecido juntos: lo conozco desde que comenzó en el salón de Gisela.

Le planteé esta vez sí hacer realidad mi proyecto. Sí, sí, me dijo. Hasta ahora, nada.

Claro, porque, al final, usted no ha llegado a concretar la idea que la llevó a renunciar y que creía sería un éxito.
¡Pero hasta ahora tampoco nadie la ha hecho! Ya llegará mi momento.

LA FICHA
Nombre: Gabriela Madueño Llanos.

Colegio: Adventista de Miraflores.

Estudios: Ingeniera industrial de la Universidad de Lima.

Edad: 34 años.

Cargo: Fundadora y gerenta general de Bellefem.