Esta es una tigresa que hace , a las justas, miau. Pero ahí, en la chapucería, está su gracia y, por ella, que nos alumbra en videoclips que ya figuran en antologías del humor involuntario, se ha elevado a las nubes: cientos de miles de visitas en You Tube, una oferta de contrato de la Warner latina y una entrevista con Bayly.
Judith Bustos es lo que los internautas, a falta de analistas ceñudos, llaman con toda propiedad, 'un cague de risa'. Y para que eso, pof, se produzca, se deben dar algunas condiciones: que nos agarre de sorpresa, que su mediocridad sea auténtica, que sea improvisada y no calculada, que su candor tenga raíces en una tradición, que tenga garras y ganas. De todo eso, el candor es lo más importante, pues además de inspirar su obra ha de proteger su autoestima de los tomatazos virtuales que bien merecidos los tiene. En You Tube la tildan de vieja loca para abajo, aunque para ella la incomprensión del público será un acicate para mejorar como artista, ja.
Y hay bonus: la tigresa tiene una punta de años. El espectáculo de una veterana dominatrix, que apenas canta y menos baila unos temas de letra evangélica en medio de la jungla ramplonamente erotizada no solo es ridículo, sino también patético. Añadan entonces vuestro pasmo a la mera risa.
Yo me seguí riendo cuando recordé que la conocí como modesta maquilladora de Carlos Álvarez y me llamó la atención que, siendo su oficio maquillar, anduviera desarreglada. Lección de siempre: ¡nunca prejuzgues!
Mi siguiente sorpresa fue verla calata a pesar de sus senos entonces flácidos, haciendo un trencito erótico con vedettes más jóvenes que ella en la indescriptible "Crimen al desnudo", de Leonidas Zegarra. ¡Ja! Por eso no le quiso contar a Bayly en qué película había trabajado. Le avergonzó confesar su destape. A la tigresa, a pesar de sus videoclips de espanto, aún le queda pudor.