El mundo es ancho y ajeno, novela de madurez

Bandoleros y aventuras

En las páginas de El mundo es ancho y ajeno desfilan los primeros  personajes perdurables de la narrativa peruana. Cruce de relato épico, novela clásica y saga de aventuras, El mundo es ancho y ajeno sienta las bases de lo que muchas novelas cruciales consolidarían luego.

Por Agustín Prado Alvarado


Marcado por un injusto y doloroso pasado que lo transformó en un intrépido bandolero,  el Fiero Vásquez consiguió provocar admiración y temor entre los pobladores de la sierra norte peruana (en el departamento de La Libertad). Aunque este salteador nació y vivió sus años juveniles dentro de un mundo campesino, el destino lo arrebató de la tierra que cultivaba, arrastrándolo a la soledad y a la marginación; no obstante, podría redimirse al asumir junto con sus huestes la defensa armada de la comunidad de Rumi, que sufría el embate acérrimo del poder gamonal. Como todo héroe de estirpe romántica, encontraría la muerte al defender su nueva causa. Este bandolero es uno de los más inolvidables personajes de la literatura peruana, inventado por el escritor Ciro Alegría en su libro El mundo es ancho y ajeno.


UNA NOVELA ÉPICA

En El mundo es ancho y ajeno (1941) el eje argumental es la defensa de la comunidad campesina de Rumi. Dos alcaldes, el anciano Rosendo Maqui y su sucesor Benito Castro, lidiarán contra el poderoso gamonal don Alvaro Aménabar, señor de la hacienda de Umay, quien desea incorporar las tierras de Rumi a sus propiedades. Este tema de significativo corte social está acompañado de otras historias que amueblan el mundo campesino, describiendo en algunos capítulos pasajes de la historia peruana de fines de la centuria decimonónica y de las tres primeras décadas del siglo XX.

No solo debemos distinguir a El mundo es ancho y ajeno como la mejor novela del indigenismo tradicional de Hispanoamérica, o la más ambiciosa de las novelas de Ciro Alegría -en comparación con La serpiente de oro (1935) y Los perros hambrientos (1939)-, sino también como una de las pocas novelas peruanas del siglo XX con un fuerte sabor épico: habría que señalar títulos como La guerra del fin del mundo (1981) de Vargas Llosa o La violencia del tiempo (1991) de Miguel Gutiérrez para encontrarnos nuevamente con una narración de dimensiones épicas.

Los aspectos épicos se han considerado casi exclusivos de géneros poco célebres en las últimas centurias, como la epopeya. No obstante, algunos escritores han conseguido trasladar a sus novelas ciertos matices de la épica, entre ellos la invención y recreación de mundos poblados por un amplio ramillete de personajes y a su vez enfrentados en algún conflicto bélico con fuerzas de igual o mayor poder; en El mundo es ancho y ajeno el lector aprecia la presencia de estos códigos literarios en los que la intervención en armas del temido Fiero Vásquez y de Benito Castro consigue configurar el lado épico al libro.


SOBRE HÉROES Y BANDOLEROS

Otra de las muestras del arte narrativo de Ciro Alegría se expone en la construcción de los personajes. Rosendo Maqui es sin duda uno de los más indelebles de la novela peruana, pero es el Fiero Vásquez, a pesar de su escaso protagonismo a lo largo del libro, el que merece ser destacado al encarnar al aventurero solitario de ambigua moralidad.

 El tema del bandolero no era nuevo ni extraño para Ciro Alegría. Ya lo había desarrollado en su anterior Los perros hambrientos, al relatar las peripecias de los Celedonios -unos bandoleros-, a quienes les dedica tres capítulos.

 Al parecer el modelo para diseñar al Fiero Vásquez estuvo inspirado en Luis Pardo, histórico y real bandolero, cuyas proezas documentadas perviven actualmente en los territorios de la imaginación y la leyenda. El mismo narrador de la novela se encarga de entroncar a estos dos personajes, uno imaginario y el otro histórico: "Pertenecía a esa estirpe de bandoleros románticos que tenían en Luis Pardo su paradigma". Alegría diferencia al Fiero Vásquez de su modelo real al ocultarle atributos filantrópicos.

 Tomás G. Escajadillo, quien ha escrito, hasta el momento, el libro más sólido sobre esta novela, Alegría y El mundo es ancho y ajeno (1983), examina los elementos narrativos vigentes en el texto dedicando un capítulo entero a puntualizar la importancia del Fiero Vásquez en la trama. Sirviéndose de los trabajos de Aníbal Quijano sobre los movimientos campesinos en Latinoamérica, Escajadillo distingue a este personaje como un bandolero social que finalmente, al plegarse con su banda a la defensa de Rumi, se convierte en un "brazo armado no oficial".
 
 Los peligrosos periplos por las quebradas andinas del Fiero Vásquez incorporan el relato de aventuras, casi ausente en la narrativa peruana del siglo XX. Al hacer suya la causa de Rumi, Vásquez enfrenta con astucia a las huestes del gamonal. Es perseguido, encarcelado, fugado y finalmente muerto tejiéndose diversas leyendas sobre su captura final. Todos estos rasgos nos recuerdan, en una lectura muy personal, aquellos (anti)héroes de los western o recientemente a los protagonistas de las novelas del escritor norteamericano Cormac Mc Carthy.

 Es interesante apreciar cómo otros personajes, concluido el primer despojo de sus tierras, terminan incorporándose a la vida del bandolero; hecho ocurrido con el comunero Doroteo Quispe, a quien Alegría incluso consagra el capítulo 14 de su novela.

El mundo es ancho y ajeno no es, sin embargo, una novela de aventuras, aunque Alegría aprovecha algunas modalidades de este tipo de relato para las hazañas de su (anti)héroe. Su dimensión épica y social no permite restringirla a un solo género. Apelando a los trabajos teóricos de Mijail Bajtin, podríamos ubicar El mundo es ancho y ajeno dentro del casillero de las novelas de pruebas, lugar en el que también se encuentran los relatos de aventuras.

A pesar de las nuevas modas estilísticas de la narrativa hispanoamericana, el lector (in fabula) seguirá disfrutando con la historia de los pobladores de Rumi, con la sabiduría de Rosendo Maqui, con la cincelada prosa que describe las faenas agrícolas y con las aventuras teñidas por el signo trágico del Fiero Vásquez, vigente en la memoria de todo lector que se conmueva con El mundo es ancho y ajeno.