La serpiente de oro

La naturaleza y el lenguaje

La serpiente de oro es el inicio de una trilogía fundacional de nuestra narrativa. En códigos realistas y con un lenguaje escindido, Ciro Alegría explora los avatares de la vida humana y celebra a la paradójica Naturaleza que crea y destruye incesantemente.

Por Marcel Velázquez Castro

Después de haber sido encarcelado y torturado por su filiación aprista, el joven Ciro Alegría es exiliado a Chile en 1934. En dicho país, sobrevive publicando cuentos breves para el suplemento literario de un diario de Buenos Aires. En su afán de multiplicar sus ingresos, decide enviar un texto más extenso que titula "La balsa". El relato fue rechazado con una escueta respuesta "demasiado largo", pero así nació el germen de una de las piezas más entrañables de nuestra literatura y una de las novelas más hermosas del paradigma mimético verosímil en el registro de lo que se ha denominado "novela de la tierra".
Alegría decide ampliar el cuento que inicialmente recogía como eje una trágica anécdota que le contó el peón de hacienda Manuel Baca, notable  narrador oral que mascaba coca mientras relataba sus historias. El escritor desterrado modificó escenas e incorporó narraciones paternales y los recuerdos de su propia experiencia en la amplia zona definida por la presencia del Río Marañón. La naciente novela circuló entre amigos y buscó infructuosamente un editor con el título de Marañón. Sin respuestas positivas, vuelve a ampliarla para adaptarla a los requisitos del Concurso Nacimiento y la presenta con un nuevo título que será el definitivo.
La novela, cuyos avatares de composición hemos reseñado, obtuvo el premio. La primera edición de La serpiente de oro se publicó en la Editorial Nascimento en 1935.
La carátula presentaba una ilustración del artista gráfico "Esquerriloff", seudónimo que correspondía a Julio Esquerre, amigo del novelista y miembro del célebre Grupo Norte. Entre las simétricas y amarillas ondas del río, hay una mujer desnuda que está sumergiéndose en el agua, ella ocupa el centro del dibujo, en la ribera, brotes de vegetación y algunos cactus enmarcan la escena. En el imaginario de la época, la Naturaleza adoptaba formas femeninas que seducían y espantaban. Sin embargo, la escena representada trasunta un delicado erotismo, las enhiestas formas de los cactus y el ojo implícito aluden al sexo y a la mirada masculina; la mujer, metonimia de la Naturaleza, parece evadir la amenaza y termina hundiéndose en el río dorado. Es evidente que Esquerrilof se ha inspirado en la memorable escena del baño de la mujer deseada por Lucas Vilca: "El Marañón tiñe su cuerpo núbil con un azul de inmensidad. Viene el viento, y el carrizal es una antara de mil voces. La Florinda sigue allí, desnuda, en medio de la naturaleza que la rodea con un gesto de admiración". 

Los espejismos y las trampas de la naturaleza

Los trágicos cuentos de la selva de Horacio Quiroga, Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Güiraldes que renovó el regionalismo, y Doña Bárbara, a pesar de las simplificaciones ideológicas de Rómulo Gallegos, conforman el marco literario y estético en que se gesta la denominada "novela de la tierra". El problema central de esta corriente es la representación de la Naturaleza, el desafío es convertir el lenguaje artístico, articulado y secuencial, en un medio pertinente para reproducir territorios caóticos e incivilizados. 
El escenario de La serpiente de oro es una zona agreste, de tierras fieras y liminales porque el río que nace en el Ande atraviesa sierra y selva ("Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra peruana tiene una bravura de puma acosado"). Las voces ancestrales de los cerros se combinan y se fusionan con el bronco rugido de las torrentosas aguas, se cree fervorosamente en la coca y en la balsa. El valle de Calemar es un microcosmos social mestizo y cholo que vamos conociendo por medio de un conjunto de historias que se van acumulando con distintos caudales, pero dentro del mismo cauce. Así como el río es una divinidad que ha modelado a los hombres del lugar con el agua y la arcilla del mundo, el demiurgo literario modela su creación mediante el lenguaje, la memoria y la imaginación.
Alegría representa la naturaleza como una fuerza omnipotente que establece un  tiempo circular y ritual. El río Marañón y la exuberancia de colores, texturas, sonidos del paisaje alcanzan en su primera novela una densidad vital impresionante: "los árboles brillan como nuevos y el río -prieto de lodo, convulsionado de palizadas- es un brochazo torvo en medio de la alegre policromía de la naturaleza".
Osvaldo Martínez de Calderón, el ingeniero limeño, que desea explotar las riquezas naturales de la zona, sufre una alucinación producto del chacchar de coca: imagina que es posible doblegar a la Naturaleza mediante la técnica y el capital. El oro regado en los lavaderos es el objeto de deseo para la futura empresa que articulará Lima y esas olvidadas regiones, pero la Naturaleza se venga y una "serpiente amarilla", la víbora Intiwaraka le pica en el cuello y lo mata. La muerte de ese joven emprendedor que se había aculturado alegoriza el fracaso de la penetración capitalista, la intangibilidad sociocultural del territorio: una de las últimas victorias simbólicas de la Naturaleza sobre Lima.

El lenguaje de los otros
El proyecto novelístico de Alegría encuentra sus límites en la representación del lenguaje del subalterno. Sus diferentes soluciones (trascripción fonética del habla del otro, doble registro lingüístico entre el narrador y los personajes, incisión de palabras de las lenguas nativas o el habla local) nunca alcanzaron la plena cohesión estética. En La serpiente de oro, incluso el mismo personaje, Lucas Vilca, cambia de registro lingüístico: es popular cuando habla, y culto cuando narra.
La voz colectiva que narra la historia "Los cholos de esta historia vivimos en Calemar", se alterna con la voz individual de Lucas Vilca: "Frente a mi choza ondula al viento el plantío de coca", ambas instancias narrativas están representadas en la novela, pero se puede registrar también la voz de un narrador omnisciente que se encuentra fuera de la historia y que no comparte los códigos culturales del mundo representado. Estas tres instancias narrativas no son las únicas ya que también hay otras voces individuales de los personajes de Calemar que narran sus propias historias; por lo tanto, es evidente, la complejidad de recursos narrativos puestos en juego en esta novela.
El crítico Alberto Escobar considera que esta novela ofrece una imagen aglutinadora que incluye hábitos psicológicos y patrones éticos de un conjunto de individuos que poseen la autenticidad de una experiencia particular, pero generalizable. Su mensaje artístico -arguye Escobar- reconduce el sentido del mundo a la realidad del vivir intensamente. Por eso, el Marañón, y la vida se subliman en una imagen tradicional y permanentemente renovada: el río de la vida.
La serpiente de oro constituye la primera experiencia lingüística radical en nuestra tradición narrativa. Nunca antes se había planteado con tanta rigurosidad la problemática representación de la voz de los otros. El texto nos adentra en la selva de las hablas regionales y desde la plataforma de dicho lenguaje construye un cosmos social rudo y heroico donde "hasta la muerte alienta vida".