En el tapete

Metas claras, ruta por definir

Para los especialistas, los objetivos del gobierno en reducción de la pobreza y de la informalidad laboral son ambiciosos, pero posibles de alcanzar. La meta más complicada de lograr, y que hasta ahora nunca se había trazado un gobierno, es la reducción de la pobreza en el área rural

Por Luis Corvera

¿Si hay dinero, por qué el Gobierno no avanza más rápido? Es la pregunta que no solo se hacen los pobres del país que llevan años esperando la ayuda estatal, sino también los grandes empresarios e incluso los ministros de este régimen. El propio Alan García empezó su discurso con esta pregunta y pidió a los peruanos que tuvieran paciencia, pues si bien hay un elevado crecimiento económico (8%), los beneficios tomarán algo de tiempo en percibirse, sobre todo en la sierra y selva. "Detenerse a resolver conflictos es renunciar al futuro y la fe (de que las cosas cambiarán) solo se tiene cuando se sabe hacia dónde se va", afirmó el primer mandatario en su discurso por Fiestas Patrias.

¿ADÓNDE VAMOS?
Y para demostrar que él no es un improvisado ni ha olvidado sus promesas de campaña, García anunció las metas de su Gobierno (ver recuadro de la siguiente página) y dejó en claro, además, que para establecer las metas para el futuro menos inmediato, implementará --finalmente-- el Centro Estratégico de Planeamiento (Ceplán). La fe en el cambio, por tanto, no debe perderse.

Entre las metas más esperadas se encuentran la reducción de la pobreza (de 44% a 30%), sobre todo de la rural (de 70% a 45%) y de la informalidad laboral (de 53% a 35%). Lamentablemente, bajo la excusa de que serán sus ministros los que presentarán ante el Congreso los mecanismos para lograr estos objetivos, García dejó a todos con la duda de cómo pensaba cumplir sus metas.

En realidad, "son objetivos bastante ambiciosos, pero se pueden conseguir", cree el economista Eduardo Morón, de la Universidad del Pacífico. Lo importante, añade Enrique Vásquez, especialista de la misma universidad en temas de pobreza, "es que se hayan establecido metas y que estas sean elevadas". Y es que, resalta Fernando Villarán, quien estuvo a cargo del proyecto para constituir el Ceplán durante la gestión Toledo, "hasta ahora García se había puesto objetivos fáciles de lograr".

¡ADIÓS, POBREZA!
"El MEF publicó hace apenas dos meses, en el Marco Macroeconómico Multianual, que por cada punto de crecimiento del PBI per cápita la pobreza se reduce en 0,25%. De allí que la meta para el 2011, haciendo un esfuerzo extra, fuera reducir la pobreza a 40%. ¿Cómo, entonces, hoy García anuncia una meta de 30%?, se pregunta el especialista en temas de pobreza Pedro Francke.

Si bien todos coinciden en que la meta de reducir a 20% la pobreza en el área urbana no es tan complicada, lo curioso, señalan, es que se haya establecido una meta específica para el área rural: de 70% a 45%. "Si revisas las cifras del INEI, te darás cuenta de que no ha habido mejora alguna en los últimos años", explica Francke. Y en ese sentido, "reducirla en 25 puntos porcentuales será una tarea dura", resalta Villarán.

En general, explica Francke, hay tres razones por las que podrían mejorar las cifras de pobreza: si se genera más empleo, si se incrementa los salarios o si se focaliza adecuadamente el gasto social. En este último aspecto, que es en el cual podría tener mayor campo de acción el Gobierno, Vásquez explica que se requerirá de una reforma en el sistema operativo de los programas sociales en el ámbito de las regiones. Y es que estos tardan demasiado en llegar a la sierra y selva.

Por el lado de los salarios, explica Francke, se supone que deben aumentar con el crecimiento económico, pero esto no ha sucedido en el Perú, sobre todo en el caso de los trabajadores poco calificados, que son los más pobres. Y esto seguirá así si es que, resaltan Morón y Villarán, no son impulsados los cambios en la educación. En general, "incluso si tuvieran sus necesidades básicas satisfechas, solo la educación permitirá que estas personas accedan al mercado laboral y se aseguren un futuro", complementa Vásquez.

Y si se trata de incrementar el empleo, Morón es claro en afirmar que esto solo se logrará si es que los gobiernos regionales asumen la tarea de atraer inversión privada, algo que hasta ahora no han hecho ni parece que está en sus planes hacer. Y en eso coincide con Alan Kessel, presidente de Perú-Cámaras, para quien "la inversión pública y los programas sociales no bastan si de reducir la pobreza se trata. Es necesario que el Gobierno Central y los gobiernos regionales promuevan la inversión privada".

Y para facilitar ello, el representante gremial propone iniciar de una vez la integración de las regiones. Es más, según las encuestas que han realizado en Perú-Cámaras, el 36,8% de sus agremiados considera que se debería empezar como piloto con la macrorregión Lambayeque-Amazonas-Cajamarca-San Martín.

PACTO LABORAL
Pero si las metas de reducción de pobreza parecen elevadas, para los entrevistados son aún más ambiciosas las de aminorar la informalidad laboral. "En principio, me parece que 53% como porcentaje de partida es un dato errado, pues la informalidad está entre 70% y 75%", explica Villarán. En ese sentido, añade, bajarla a 35% es más que exagerado. De repente, intuye Villarán, el presidente solo se ha referido a la informalidad en el ámbito urbano, lo que haría más manejable la meta.

En todo caso, opina Samuel Gleiser, presidente de la Cámara de Comercio de Lima, se trata de una propuesta acertada. Comentó que la iniciativa de lograr un pacto social entre trabajadores y empleadores, más allá de establecer un sueldo mínimo, debe servir para generar empleo de calidad y no duplicar esfuerzos con el Consejo Nacional del Trabajo.

Sin embargo, precisa Villarán, más que un esfuerzo de la gran empresa privada, hay que trabajar con las mypes, responsables de la mayor generación de empleo en el país. En esa línea, explica que la única manera de formalizar a las mypes es haciéndolas crecer. Y para ello no bastan las líneas de financiamiento, que existen, sino capacitación, apoyo para identificar mercados y asesoría para asociarse. Son tareas que impulsaba Prompyme, pero que hoy prácticamente ha desaparecido, pues esta institución ha sido absorbida por el Ministerio de Trabajo.

"Pero si bien en la pobreza se le pueden exigir logros inmediatos al Gobierno, toda vez que ya se ha trabajado en este punto desde la anterior administración, en lo que se refiere a la reducción de la informalidad laboral hay que esperar, pues no se ha hecho mucho. Será un tema que tomará un par de años para lograr resultados", opina Francke.