La globalización al servicio de la humanidad
Por Francisco Miró Quesada Rada, politólogo
"Usted que ha estado cerca de dar la vuelta al mundo, escuche, lo llevaré ahora alrededor del mundo con el fonógrafo y no le cobraré nada". Así le dijo Thomas Alva Edison a su amigo Blaine, dato que nos proporciona El Comercio a través de un artículo de Juan Carlos Luján sobre las grabaciones más antiguas del mundo. Luego de leer la frase del genial inventor, mi imaginación voló hacia "La vuelta al mundo en 80 días", de Julio Verne, llevada a la pantalla con la interpretación de David Niven y Mario Moreno 'Cantinflas', en el rol de Paspartú. Lo que Edison le decía a Blaine es que gracias a un invento tecnológico, a un robot, sin moverse podía comunicarse con cualquiera en cualquier parte del mundo.
Eran los albores de lo que luego otro norteamericano, Teodoro Levitt, llamó, a inicios de los 80, globalización, que deriva de la expresión 'global village', la aldea global, imaginada a partir de los 60 por el canadiense Mc Luhan. Lo que ha globalizado el mundo es, entonces, la técnica, hija de la ciencia, fundamentalmente aquella de las comunicaciones y esencialmente la cibernética, concepto creado por Norbert Wiener.
En los años 50, cuando era niño y vivía mis vacaciones en Chincha, corría a la oficina de mi tío abuelo Armando Jordán para verlo admirado cómo se comunicaba con el mundo a través de su OA4K, radio aficionado, y lo que más me gustaba era cuando conectaba con otro radio aficionado en Ulan Bator. ¿Tío, dónde queda Ulan Bator? En Mongolia, me respondía. Vaya qué lejos. Ahora, gracias a Internet, en pocos segundos conectamos e interactuamos con alguien en Ulan Bator.
Los llamados utópicos posindustriales, Toffler por ejemplo, predijeron los efectos de la globalización. Las utopías son buenas cuando persiguen como meta una sociedad superior, más justa y más igualitaria. Toffler nos habla de "practopías". Aquellas utopías realizables, que no son lo mejor del mundo pero que pueden lograr un mundo cada vez mejor.
Sin embargo, hay quienes creen que la globalización empezó antes, cuando Marco Polo fue a la China. Conectó dos culturas, dos civilizaciones con visiones distintas del mundo y de la vida. Así, Occidente conoció la pólvora, la brújula y el arroz. Otros dicen que la globalización se inició con el descubrimiento de América. Nuevamente se produjo el encuentro y desencuentro y se conoció en Occidente, entre otras cosas, la papa. Ahora como el arroz, un producto de consumo mundial.
Si los griegos le dieron al mundo la democracia y los chinos el arroz, los peruanos nos insertamos mundialmente gracias al consumo de la papa. En Versalles, los aristócratas se ponían una hoja de papa en el ojal de su chaqueta y la llamaron manzana de tierra. Todos estos ejemplos provienen de una perspectiva occidental de la globalización, que los franceses llaman mundialización.
El tren, el automóvil, el avión, contribuyeron con el proceso de mundialización, como los medios de comunicación. Pero todo esto es técnica y a medida que interactuamos y nos conocemos estamos más globalizados.
El tema central y el gran debate son cómo usar todas estas creaciones en beneficio de la humanidad y, en este sentido, la historia continúa. ¿Cómo humanizar la globalización o mundialización? He ahí el gran desafío.