Para su libro

Por Fernando Vivas

Andá. No se ocurre otra cosa para la cansina, forzada, tímida entrevista que sostuvo Jaime Bayly con Mónica Delta. Le perdonó todo lo que acusó en Rosa María Palacios semanas atrás. Será porque Rosa María lo picó primero. Lo que confirma mi temor: El Francotirador ya no dispara, a menos que lo provoquen.

Mónica nos trajo el mismo souvenir de todos sus viajes recientes: que está feliz en EE.UU. trabajando en la prensa radial latina, que tiene un buen hombre maduro a su lado, que no guarda rencores, que por ahora no quiere regresar. Sin embargo, la insistencia del rollo sobre la serenidad conquistada y su prodigalidad para dejarse entrevistar me deja con una creciente duda: ¿no será que Mónica sí está tanteando su retorno a la TV local? Pues en su derecho está y si encuentra un productor desprevenido que le lance una buena oferta, le recomiendo el mea culpa que nos debe.

Ah, sí. Seré latoso al reiterarle mi pedido, pero Mónica no puede creer que sale airosa diciéndole a Bayly que simplemente ofrece disculpas por no haber sido suficientemente incisiva. No, señora. En los meses decisivos de 1999 y el 2000, los poderosos que fueron esquivos a todos los demás preguntones desfilaron por "Panorama" y se pusieron en manos de la habilidad de Mónica para simular una entrevista inquisidora, cuando en realidad les perdonaba la vida. El arte de la repregunta inhibida, de la sonrisa ambigua, del tono duro para la pregunta suave fue fundamental para mantener el régimen en un hilito de legitimidad. Por eso Ernesto Schütz y su "Panorama" valieron tanto a Montesinos.

Ojalá que en el libro autobiográfico que promete, Mónica reflexione con franqueza sobre estos trances que le costaron varias lágrimas en vivo. Debió ser arduo para ella conciliar su afán por ser una encumbrada periodista con su antifujimorismo que me consta que fue auroral, pues no fue en un artículo de "Caretas", como dijo Bayly, donde repudió el golpe de 1992, sino en una entrevista que yo le realicé. Esa vez me contó que se había vestido de negro en "24 horas" para lamentar el manazo a la democracia. De como una viuda de buenas causas se convirtió años después, y por unas temporadas, en legitimadora accidental de los golpistas, debiera tratar ese libro franco que tengo tantas ganas de leer.