OBITUARIO. Ingmar Bergman
A través de sus películas, el cine encontró el camino para discutir temas como el amor y la muerte, el sexo y la feel legado que nos deja va más allá de su propia filmografía, porque no se trataba únicamente de un hombre de cine
Por Alberto Servat
"Sonrisas de una noche de verano" (1955) y, principalmente, "El séptimo sello" (1957) llamaron la atención del mundo entero. A partir de entonces, el mundo estaría atento a sus nuevos envíos. Así, de tiempo en tiempo, el cine acogería sus títulos con entusiasmo, cautela, escándalo y admiración. Es imposible resumir en unas pocas líneas la grandeza de su legado, pero podemos mencionar algunos títulos que merecen toda nuestra atención. Probablemente, el más admirado sea "Las fresas salvajes" (1957), en el que la aparente calma del relato es en realidad un viaje introspectivo hacia el pasado y la reflexión de lo que perdemos a lo largo de la vida.
PELÍCULAS
Notables son los retratos femeninos que supo dibujar Bergman en una larga serie de filmes: "Un verano con Mónica" (1963), "El silencio" (1963), "Persona" (1966), "Vergüenza" (1968), "La pasión de Ana" (1969) y, sobre todo, aquel prodigio narrativo y emocional que es "Gritos y susurros" (1972).
Ofreció un personal y muy sentido enfoque sobre la relación entre el hombre y la fe en "Through a Glass Darkly" (1961) y "Los comulgantes" (1962). Así como una dramática visión de las relaciones entre padres e hijos en "Sonata de otoño" (1978).
Aunque el amor y su transformación han sido parte de toda su filmografía, nadie puede negar que "Escenas de la vida conyugal" (1973) es justamente un compendio de todo ello. Treinta años después, reunió a la pareja Marianne (Liv Ullman) y Johan (Erland Josephson) en una continuación, "Saraband" (2003), su última película.
Hay tantos otros títulos en su obra que guardan especial significado, de "El manantial de la doncella" (1960) a "Fanny y Alexander" (1982), su filmografía es obligatoria para los cinéfilos.
Hollywood se rindió a sus pies y le concedió el Óscar a tres de sus películas. En los años 70, Bergman viajó a California para negociar su pase al cine estadounidense. La estadía no pasó de unos días. El director abandonó Hollywood con sentimientos adversos y la sensación de haber cometido un error.
CATÁSTROFE
El año 1976 fue terrible para el maestro. Se encontraba preparando la puesta en escena de "La danza de la muerte", de Strindberg, cuando fue arrestado por evasión de impuestos. La noticia dio la vuelta al mundo y sumió a Bergman en lo que él habría de llamar "la catástrofe de mi vida". Un sector de la prensa lo atacó duramente y, como resultado, fue enviado durante tres semanas a un hospital psiquiátrico. Los médicos temían un suicidio. "Mi insomnio es total, mis demonios se desencadenan y creo que voy a ser despedazado por mis deflagraciones internas", comentó en aquella época.
Acompañado por su mujer, Ingrid von Rosen, Bergman huyó de Suecia y se instaló en Múnich. Tres años después se hizo una rectificación fiscal que le permitió volver a su país. Pero ya las relaciones se habían desgastado y no fue hasta 1988 que decidió regresar definitivamente.
EPÍLOGO
Ingmar Bergman no solamente fue un hombre de cine, sino que también se dedicó con intensidad al teatro y la televisión. Siguió escribiendo guiones que fueron llevados al cine por otros cineastas. Sus dos libros autobiográficos revelan a un hombre incapaz de estar sujeto a reglas, muy crítico consigo mismo y tremendamente inconforme. Refugiado en la isla de Faro, durante los últimos años fue preparándose mentalmente para aceptar la muerte. "Cuando era joven tenía un miedo horrible a morir", confesó en una de sus últimas entrevistas. "Ahora creo que es un arreglo muy, muy acertado. Es como una vela que se apaga. No hay mucho sobre qué discutir".