Organizó a las tejedoras de un caserío piurano
Entrevista. Adela Campos Organizó a las tejedoras de su tierra y, por años, no ganó nada (de plata). De taquito, está venciendo al machismo, al racismo. Ahora cosecha. Ella está ganando harto (incluso plata)
Por Antonio Orjeda
Montero tiene 41 caseríos. Históricamente, sus mujeres han sido --y son-- tejedoras especializadas en el uso del telar de cintura. Esta tradición se estaba perdiendo. Sus maridos requerían de ellas en las chacras. Adela Campos nació en Montero. Hija de maestros, creció en el pueblo. Ahí la gente creía menos a quienes 'bajaban' de los caseríos. Adela no estaba dispuesta a soportarlo. Buscó, reunió a las tejedoras.
Adela ha alterado Montero y sus 41 caseríos. No pidió nada a cambio. En un inicio la odiaron.
Haber organizado a las mujeres de Montero le significó broncas con los maridos de éstas.
Felizmente nunca llegó a tanto. Gracias a Dios, todos me conocen. Pero, al principio, ellos lo comentaban en sus organizaciones. Decían: seguro la señora las está reuniendo porque quiere ser alcaldesa. "¡Muy feminista, señora!", me decían. Tuve que hablar con ellos: así como ustedes saben sembrar su café, las mujeres también tienen derecho a aprender a hacer bien sus tejidos. Ellos no valoraban el trabajo de sus mujeres.
Ellas, pese a tener talento y tradición de tejedoras, pasaban la mayor parte de su tiempo ayudándolos en la chacra.
En las épocas de siembra y de cosecha, ellas cargaban con las ollas de comida. También usaban su tiempo en tejer, pero tejían para ellos; y lo que llegaban a tejer para la venta, lo terminaban vendiendo bien barato.
El 2004, con el apoyo de CARE Perú, usted las buscó en sus caseríos y las reunió en una asociación. ¿Por qué?
Porque conozco su realidad. Mi madre fue alcaldesa de Montero y siempre me decía: tenemos que hacer algo por las mujeres de acá.
Su madre fue Vitalina Núñez, y le puso su nombre a la asociación.
Sí. De repente yo he heredado de ella su voluntad por hacer. De ella también aprendí que si haces algo, lo haces bien.
Precisamente, usted trabajaba en Lima y, pese a hacer las cosas bien --como ella se lo enseñó-- se quedó sin chamba.
Claro. Fujimori unificó la banca estatal (1992) y desapareció el Banco Industrial, donde yo trabajaba. Me quedé sin trabajo. Mi hijo recién había nacido y yo tenía problemas con su padre. Yo dependía económicamente de él, y él había comenzado una nueva relación. El conflicto era muy grande, así que le dije: uno de los dos se tiene que ir. Y lo hice pese a que mis padres siempre habían estado unidos, pese a que --como mujer de la sierra-- fui criada bajo el concepto de que la mujer debe permanecer siempre en el hogar. Pero decidí irme y hacer mi vida con mis hijos. Con ese hombre no iba a ningún lugar.
Decidió romper, pese a su formación.
¡Rompí esos esquemas! Y lo hice pese a las críticas de las tías que decían: ¡cómo es posible!... Es que no podemos permitir que nadie nos trate mal, y mucho menos el hombre con el que una ha tenido sus hijos. ¡De ninguna manera! Dije: me voy a Montero, tengo que ver la forma de salir adelante con mis hijos. Y lo hice.
Regresó a Montero y, con una voluntaria extranjera de una ONG, fue de caserío en caserío en busca de mujeres tejedoras.
Claro.
¿Qué tan fuerte fue la chamba? Porque los caseríos no están próximos, ¿no?
Fue fuerte, pero hay algo importante de lo que tengo que hablar: la diferencia que hay entre mujeres. Muchas discriminan a las que son del campo. Eso es algo que no puedo entender. Yo vivía en el pueblo (en el centro de Montero) y a mis amigas no les gustaba juntarse con las niñitas del campo (las de los caseríos). Yo era amiga de todas. De mí decían: ¡a ella le gusta juntarse con los cholos! Me terminaron marginando... Debe ser por eso que quise hacer esto, ¡porque a mí me daba rabia!
El racismo, esa cosa imbécil.
Mi papá siempre me dijo: todos somos iguales. Él era profesor, ¡y le encantaba el campo!
Cuando llegaba a los caseríos en busca de las tejedoras, ¿cuál era su primera reacción cuando les hablaba de trabajar juntas?
Todas me conocían, había entusiasmo. Tenía a favor el antecedente de mi madre (ex alcaldesa), eso me ayudó mucho. Solo una mujer me falló, una que pese a que el hombre la trataba mal, no se animó a participar.
Adonde fue, su mayor respaldo fue ser hija de Vitalina Núñez.
Sí. Usted se fue de aquí chiquita, me decían... Fue bien bonito.
Formaron la asociación. Y mujeres que por sus tejidos podían ganar al mes 40 soles, pasaron a obtener S/.400.
¡Algunas no ganaban nada! Y ahora, las que mayor ganancia tienen son las que cuentan con el apoyo del esposo.
O sea que los maridos de Montero ya no la odian.
Ahora me saludan; y lo bueno es que a veces van a ver el material o a incluso entregar los pedidos. Esa es una gran muestra.
¿Por qué hace esto? ¿Qué gana?
No gano. Yo hago esto porque me gusta.
¿De qué vive?
El padre de mis hijos aporta. Mi papá nos ayuda con su sueldo de jubilado. Mis hermanos también porque para ellos es importante que yo acompañe a mi papá.
Usted asesora a estas mujeres tejedoras, pero no teje. Vive del aporte de otros. Uno podría pensar: Adela Campos es una floja.
Yo me encargo de los acabados. A mí me gusta que las cosas queden bien. Para muchas, yo he sido la bruja. Yo les decía: esto está mal, no sirve, lo tienes que volver a hacer. Y las que quedaban fuera, me odiaban. Pero después, cuando llegó la diseñadora y les habló fuerte, recién me dieron la razón.
Otra de las consecuencias de su labor es que las hijas de las tejedoras han revalorado este arte ancestral: el telar de cintura.
¡Claro! Esa fue otra de mis preocupaciones: el arte se estaba perdiendo. La mayoría de chicas se iba a trabajar de empleada doméstica y lo olvidaban.
También por prejuicio, imagino.
Creían que era para abuelitas, no para ellas. Hubo mujeres que me dijeron: está bien que yo teja, pero no mi hijita. Ahora, en cambio, hay una niña de 12 años que teje precioso. ¿Por qué? Porque ve que su mamá está ganando ¡y ella también quiere!
¿Es cierto que tejen mejor cuando tienen el apoyo de sus parejas?
Cuando no tienen problemas. Había una mujer que tejía cuando el marido no estaba. Ni bien sentía que llegaba, envolvía el tejido y --¡pum!-- lo tiraba por donde sea. Entonces, ese tejido nunca era bueno. Yo discutía con ella. ¿Por qué tejes así? ¿Tienes algún problema? Tú no estás tejiendo tranquila... Entonces me dijo llorando que su esposo no quería, que tejía a escondidas. ¡Me dio tanta cólera! Tienes que hablar con él, le dije. Tienes que hacer que entienda...
¿Qué es de esa mujer?
Aún tiene algunas fallas, pero ha ido mejorando bastante. Aunque había dejado de asistir a la asociación. Pero, como había dejado cosas para vender, un día su esposo fue a preguntar si había algún pago para ella. Le dijimos que quien lo tenía que cobrar era ella.
¿Por qué, porque luego ellos se lo 'chupan'?
No. Ellas lo tienen que cobrar porque el esfuerzo ha sido ¡de ellas! Pero ahí yo aproveché para hablar con él. Apóyela, le dije. Ella podría recibir más dinero si es que contara con usted. Le enseñé cuánto ganaba otra señora...
¿Hace cuánto fue eso?
Hace seis meses. Ahora él está enfermo, y con lo que ella gana por sus tejidos, le compra la medicina. ¡Imagínate!
Vitalina Núñez y el maestro Campos deben estar contentos con su obra.
Uy, ¡sí! Aunque mis hijos me critican: mamá, pero ahí tú no ganas nada...
Usted qué les responde.
Que deben que sentirse orgullosos de su madre, porque yo he tenido que inventarme un trabajo. Los municipios, las instituciones, ahora me invitan para que les cuente la experiencia de la asociación, para que motive a sus grupos de mujeres... Ahora estoy trabajando para tres municipios y me están pagando por organizar a sus mujeres. Por eso, como me dijo una amiga: Adela, ¡tú te has inventado tu propio trabajo!
Se siente útil.
Me siento útil, y en la zona, nuestras mujeres son las pioneras en haberse organizado. Todos nos conocen y nos están llamando siempre para ir a una feria, a otra... Y con lo que ahora gano, ya les puedo comprar algo a mis hijos.
LA FICHA
Nombre: María Adela Campos Núñez.
Colegio: La primaria, en la escuela 14246, en Montero. Terminó en el Nuestra Señora de Fátima, en la ciudad de Piura.
Estudios: Secretaria ejecutiva del Centro de Idiomas Wilson... "que creo ya no existe".
Edad: 44 años.
Cargo: Organizadora y asesora ad honórem de la Asociación de Mujeres Tejedoras Vitalina Núñez.