"Se debe separar la dimensión familiar de la gestión de la empresa y de la propiedad, y dar a cada una de ellas un trato diferente y adecuado"
Por Sergio Koremblit, contador*
Las empresas familiares ocupan un lugar importante en economías desarrolladas en el mundo e implican una considerable fuente de empleo. En América Latina, específicamente en nuestro país, van en aumento, y generan una fuerte corriente de trabajo y desarrollo profesional.
Estas empresas cuentan con situaciones particulares, que si no son bien administradas, pueden originar su fracaso: divergencias sobre la sucesión, lucha de poder entre parientes, falta de visión de negocio de los sucesores, desentendimiento de parientes en la dirección de los negocios, competencia entre los hijos, dificultad para afrontar los cambios, falta de 'profesionalismo' e inadecuado análisis de los riesgos.
Ante esta situación, la solución es 'profesionalizar' la empresa. Este es el proceso por el cual las empresas optan por trascender a sus fundadores y tratan de consolidarse en el tiempo. También se le ha definido como el inicio de un proceso por el cual se decide no depender de las personas sino de políticas, sistemas, procedimientos y valores.
La profesionalización de las empresas se basa en cuatro aspectos claves; uno de ellos es el desarrollo de una cultura, ya que representa los valores de la familia puestos en práctica y son la base para el crecimiento de la empresa. Asimismo, se debe separar la dimensión familiar de la gestión de la empresa y de la propiedad, dándole a cada una de ellas un trato diferenciado y adecuado (a fin de evitar conflictos). El tercer aspecto clave es crear los sistemas y acuerdos, de manera que los miembros puedan reinvertir, recuperar o vender su inversión (capital). Y el último aspecto trata acerca de la definición de reglas para la sucesión (planes) y el establecimiento de líneas de carrera para cada integrante de la familia, así como la política de ascensos y recompensas.
Profesionalizarse implica definir y difundir la visión, misión y estrategias empresariales, las mismas que deben verse reflejadas en un plan de negocios, a fin de hacerlas tangibles y controlar su avance. Asimismo, definir los valores de la empresa, planificar sus actividades, contar con presupuestos y utilizarlos y realizar reuniones de directorio formales. Un concepto importante a tomar en cuenta en el proceso de profesionalización es la incorporación de prácticas de 'gobierno corporativo', dado que rigen las relaciones entre los participantes de una empresa, principalmente entre los que administran (la gerencia) y los que invierten recursos en la misma (accionistas). Dichas prácticas permiten a las empresas ser dirigidas y controladas para contribuir con su efectividad y rendimiento. Su fin último es contribuir a la maximización del valor de las compañías en un horizonte de largo plazo.
De otro lado, es importante considerar que las empresas familiares deben contar con un protocolo familiar, documento que acuerdan los miembros de familia y que define la forma en que se tomarán las decisiones más importantes. Este documento se construye mediante un proceso negociado, con el apoyo de algún moderador o consejero (no familiar) y permite definir diversas políticas que involucran decisión y gobierno, rentas y desinversiones, políticas de empresa y políticas sociales y familiares.
A través de este documento, se busca compatibilizar los intereses de la empresa y la familia empresarial. Se debe conseguir que la familia reciba el mejor trato posible de la empresa y que esta no se resienta por ello; y a la vez, se debe conseguir maximizar la aportación de la familia a la empresa, tanto de los familiares trabajadores como de los no trabajadores. El protocolo familiar tiene que ser ese vínculo que permita un buen funcionamiento de la familia, la empresa y de la unión de ambos. Es una herramienta indispensable en la sucesión y la mejor arma para superar la mortandad entre generaciones.
Finalmente, las empresas familiares deben tener claro que el proceso de sucesión planificado es vital para la continuidad de sus negocios, en la medida que les permite preparar adecuadamente a los nuevos integrantes (familiares o no) que se encargarán de dirigir la empresa hacia los objetivos buscados. En ese sentido, desarrollar e implementar planes de sucesión y líneas de carrera resulta un paso importante y complementario a las medidas que adopten en el proceso de profesionalización.
* Socio de Consultoría de Price Waterhouse Coopers.