"El Congreso también ejerce control y no necesariamente mediante una comisión en manos opositoras"
Por Juan Paredes Castro
El Congreso es, en mucho, el reflejo de nuestra clase y nuestro sistema políticos. Ya vemos cómo se ha armado una mayoría para conducirlo. Todo un 'Transformer'. No sabemos cómo lo haga ahora la minoría para 'constituirse' en oposición.
El primer síntoma de esta dificultad pasa por el hecho de que hasta ahora no se tiene la menor idea de cómo podría operar la Comisión de Fiscalización, que supuestamente debería estar en manos del sector opositor del Congreso que la administró en la última legislatura. Ocurre, sin embargo, que este sector, conformado por Unión por el Perú y el Partido Nacionalista, está ahora desintegrado, y Unidad Nacional, que podría acompañarlo, en virtud de un reciente pacto, preferiría buscar otra música para sus oídos.
En buena cuenta una comisión de fiscalización no tendría necesariamente que estar bajo control de la oposición, puesto que la naturaleza esencial de un Congreso, en su integridad, además de legislar, es llevar una voz y una actuación cantante y sonante de control y auditoría del Gobierno y los otros poderes. Una comisión de fiscalización, diseñada exprofesamente para fiscalizar, termina sesgando su ejercicio, es decir, buscando hasta en el forro de la vestidura gubernamental motivaciones a veces artificiales para poner contra la pared a algún ministro o alto funcionario. Con esta última tesis el Congreso no estaría como en estos días dependiendo de los humores del humalismo y del upepismo radicales para poner en funciones una comisión de fiscalización. Todos los que pasen a integrarla, de manera plural, tendrían las obligaciones y los derechos que le asiste a un grupo de trabajo de esta clase. No hay ninguna regla de oro constitucional que nos lleve inevitablemente a un callejón sin salida.
Es más: en los últimos tiempos la Comisión de Fiscalización no tenía otra prioridad que investigar casos graves en los que estaban involucrados parlamentarios de diversas bancadas. ¿Espejo de qué fue?, de las otras comisiones que con la excepción de los casos Canchaya y Menchola, prácticamente acabaron liberándolos a todos, incluidos a aquellos llamados por la Corte Suprema para ser procesados.
Ante los antecedentes de radicalismo y oposición carente de propuestas, no hay, pues, autoridad moral entre humalistas y upepistas para pensar que se vaya a hacer una auténtica fiscalización desde el Parlamento. A lo que se debe llegar es a una verdadera estructura de control no amarrada a color opositor alguno, es decir, fiscalizar pero sin desestabilizar.