Jueves, 24 de agosto de 2006
Nuevas Visiones
Tres exposiciones inauguradas el martes hacen imprescindible una visita al Centro Cultural de San Marcos.  Siete artistas jóvenes presentan interesantes instalaciones.

El período de Armando Williams como director del Museo de Arte de San Marcos llega a su fin. Afortunadamente, antes de dejar el cargo ha podido hacer realidad uno de los proyectos más interesantes de su gestión: "Cambios estructurales 1", una muestra colectiva inaugurada el martes que congrega a los creadores jóvenes más interesantes en los ámbitos de la escultura y la instalación en nuestro medio: Ishmael Randall, Miguel Andrade, José Carlos Martinat, Raura Oblitas, Joaquín Liébana. Acompañan esta importante muestra otras dos, igualmente interesantes: "Elementos", de Víctor Castro, artista mexicano radicado en Lima y "Nada por declarar. Objeto de culto y culto al viaje" de la artista Valeria Ghezzi.

VISIONES DE LIMA
"Cambios estructurales" se inscribe en una de las tendencias más fuertes de los últimos años en la plástica local, pues, al igual que otros proyectos recientes como el libro "Polis", reseñado también en estas páginas, toma como punto de partida la compleja y problemática imagen de la ciudad de Lima. Cada uno de los participantes ofrece, en un ambiente separado del resto (hay que decirlo: pocos lugares de exposición son tan privilegiados como la Casona de San Marcos), una visión propia de la ciudad. Así, encontramos la lúdica aproximación de Joaquín Liébana, que lleva por título "Huaca" y por subtítulo "Prohibido orinar, llueven piedras", cartel que encontró en una huaca de verdad. Miguel Andrade, de manera parecida pero más depurada que en su reciente individual en la Galería Lucía de la Puente, transita tanto por formas como por conceptos, de manera que sus objetos se extienden hasta sus sombras, proyecciones o reflejos (o, quizá, viceversa, en una sugerente imagen de la entropía). José Carlos Martinat estira la experiencia hasta los lindes de lo conceptual. Lo suyo es un cubo, al interior de uno de los espacios de la casona, hecho, literalmente, con pedazos de las paredes y el techo del propio espacio que habita, una especie de deconstrucción y reciclaje que lo dejan a uno pensando. Raura Oblitas, invade una amplia sala con materiales de construcción que más parecen desmonte y que pueblan de manera casi fantasmal, como una imagen de la decadencia, el lugar. Y, sin embargo, antes que invitar a la mirada, nos incitan a recorrer y sentir el espacio. Por último, el trabajo de Ishmael Randall, quien fue el iniciador del proyecto, convierte uno de los cuartos de la casona en un paisaje entre industrial y arquitectónico, caracterizado por la peculiaridad de su material: las losetas y vigas que lo pueblan todo han sido hechas con periódicos, como una manera de incluir en esta imagen física y arquitectónica de la ciudad la dimensión del tiempo y de los actos y el devenir humanos. Una muestra imprescindible. El arte de multiplicar






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