Domingo, 5 de noviembre de 2006
Naturaleza, diferencia y modernidad

Marcel Velázquez Castro
Alegría, Arguedas y Vargas Llosa. Cuarta entrega de la historia de la novela en el Perú, desde los años treinta del siglo pasado se gestaron las coordenadas matrices de nuestra narrativa contemporánea: primero Ciro Alegría y su vocación por la naturaleza, luego el desgarramiento de Arguedas y la modernidad utópica de Vargas Llosa.

La crisis política de 1930-1933 significó la derrota política del Partido Socialista y del APRA, el final de la poesía vanguardista y la cancelación de la narrativa experimental. Los notables y ambiciosos proyectos culturales de la década del 20 quedan sepultados, los mejores artistas están en el exilio o sobreviven en circuitos marginales que ya no poseen la fuerza del diálogo vivo con la sociedad. El gobierno del general Óscar R. Benavides (1933-1939) luce casi como un páramo literario frente a la prodigiosa ebullición de la década anterior.

En el exilio y después de haber sido encarcelado y torturado por su filiación aprista, Ciro Alegría publica tres novelas capitales: La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Estas no solo destacan por la descarnada belleza de sus títulos, sino que forman el conjunto más logrado de novelas del paradigma mimético verosímil en el registro de lo que se ha denominado "novela de la tierra".

Alegría representa la Naturaleza como una fuerza omnipotente que crea un tiempo circular y ritual. El río Marañón y la exuberancia de colores, texturas, sonidos de la selva alcanzan en su primera novela una densidad vital impresionante: "los árboles brillan como nuevos y el río -prieto de lodo, convulsionado de palizadas- es un brochazo torvo en medio de la alegre policromía de la naturaleza". El triste y gris paisaje serrano víctima de la sequía o la tierra alborozada que recibe la lluvia y la intensa comunión entre el hombre y los animales definen la política de las emociones de la segunda novela: "de cima a valles las quebradas descendían cantando, retoñaban los árboles y la yerba macollada ahogaba cada vez más con su verdor el alarido de los huesos y la memoria".

El mundo es ancho y ajeno es su novela más importante no solo por la complejidad de la estructura textual, sino por la notable capacidad de simbolizar en clave universal el conflicto local entre la comunidad andina y el terrateniente coludido con las autoridades estatales. Benito Castro, "el hombre que había traído los caminos del mundo enredados en las pupilas", es un personaje inolvidable: su gesta heroica y su trágico final formalizan los sueños de una generación andina que buscó la modernidad y la inclusión infructuosamente. Incluso quienes no han leído la novela, conocen la historia y ese hecho revela la difusión social de los relatos de despojo, resistencia y muerte que marcan el tiempo largo de la historia andina.

El proyecto novelístico de Alegría encuentra sus límites en la representación del lenguaje del subalterno. Sus diferentes soluciones (transcripción fonética del habla del otro, doble registro lingüístico entre el narrador y los personajes, incisión de palabras de las lenguas nativas o el habla local) nunca alcanzaron la plena cohesión estética.

Arguedas y el problema de la diferencia

José María Arguedas es el novelista más significativo del siglo XX peruano. Héroe cultural, significante nómada, huaca moderna, la figura de Arguedas ha sido iconizada, pero sus novelas son fascinantes máquinas de semiosis que no pierden la capacidad de fluir, interpelar nuestro presente y simbolizar el futuro. A diferencia de los novelistas inscritos en el horizonte moderno y que se vuelven cada día más arcaicos, la obra de Arguedas enfrenta y formaliza la médula de la heterogeneidad y la diferencia cultural: las fantasías de la nación, la dialéctica del centro/margen, el poder de las lenguas híbridas, las traducciones fallidas, el resto irreductible que no puede ser representado por el lenguaje. Los estudios y los lectores de Arguedas crecen en todo el mundo y sus textos lo han catapultado como emblema del escritor poscolonial de la región andina. Sin embargo, ni los estudios literarios ni las ciencias sociales de su época comprendieron a cabalidad el corazón incendiado de su obra, él murió convencido de que había vivido en vano.

En Yawar fiesta (1941) se representa la complejidad social y cultural del mundo andino que excede a la figura del indígena, la poiesis (en su doble dimensión de hacer y poesía), la voluntad de transformación de la Naturaleza e inscripción en la Historia revelan las nuevas coordenadas que alcanzarán sus cimas con Los ríos profundos (1958) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971).

Arguedas es el Guaman Poma del siglo XX, un traductor político que termina recreando el español y el quechua, transformando el género novelístico, narrando mitos en escenarios modernos, construyendo sujetos andinos híbridos que desestabilizan la armonía del mestizaje. El indígena de Arguedas es un indígena ficcional y el mundo representado de sus novelas es también un mundo imaginado desde su competencia literaria, sus experiencias vitales y sus conocimientos antropológicos. Sin embargo, muchas de sus escenas ficcionales son parte de nuestra más entrañable realidad: los ríos que cantan ("el ruido de sus aguas se extiende como otro universo en el universo"), las piedras que hierven ("Era estático el muro, pero hervía por todas sus líneas y la superficie era cambiante, como la de los ríos en verano"), los danzantes de tijeras que en su agon y en su sacrificio ritual renuevan los vínculos sociales y regeneran el mundo.

Una de las líneas de su última novela no solo formaliza la épica de la modernización y la utopía multicultural en ese territorio de piedras, dinero y fuego que fue Chimbote en la década de los sesenta, sino que revela la estructura de los sentimientos de la migración (el fenómeno capital del siglo XX peruano). El sujeto migrante es competente en la oralidad y la escritura, sus deseos son tradicionales y modernos, su horizonte de sentido radica en el pasado y en el futuro, anhela lo que fue y lo que será, nunca lo que es.

La obra de Arguedas crea sus propios precursores y define un modelo de novela transcultural que todavía sigue ofreciendo frutos en los nuevos escenarios andinos o en la Lima andinizada que habitamos y nos habita.

Vargas Llosa y la utopía de la modernidad

Mario Vargas Llosa es el novelista más dotado del siglo XX peruano, autor de un puñado de textos excepcionales, la calidad de éstos y el éxito fulminante en el mercado editorial significó el ingreso de un peruano al cuarteto estelar del denominado "boom" hispanoamericano. Vargas Llosa encontró su principal masa lectora fuera del Perú y se vio obligado a seguirla, él es desde hace mucho un ciudadano del mundo y un intelectual de los tiempos modernos.

Su compromiso con las técnicas narrativas modernas de la novela (monólogo interior, diálogos telescópicos, pluralidad de focalizaciones y perspectivas, estructuras que rompen las unidades de tiempo y de espacio), y su afán totalizador teniendo como eje la ciudad lo convierten en el hito más influyente de la novela peruana posterior. La trayectoria de Vargas Llosa está jalonada por fascinaciones y desencantos, en sus primeros años rendido admirador de Sartre y de la literatura comprometida, posteriormente, la influencia de la poética de Flaubert y las pretensiones de abarcar todas las dimensiones de la realidad propia de las novelas de caballería serán determinantes en La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981). Paralelamente, desarrolla una variada gama de subgéneros con resultados desiguales: novela rosa, novela policial, novela erótica, entre otras.

Aunque no fue el primero ya que Carlos Eduardo Zavaleta en Los Íngar (1955) había incorporado también novedosas técnicas narrativas aprendidas de sus lecturas de Joyce y Faulkner, la aparición de La ciudad y los perros es considerada la partida de bautizo de la novela como universo esférico y tramado de formas impecablemente articuladas. Este nuevo modelo alcanzaría su máxima expresión con La casa verde cuyo diseño formal la convierte en la novela más compleja de la obra vargasllosiana. Conversación en La Catedral significa la confluencia de la creación de una realidad autónoma y la simbolización magistral desde el microcosmos de la charla entre Zavalita y Ambrosio de los actores sociales y los procesos históricos de la sociedad peruana.

El proyecto novelístico del laureado escritor es harto coherente y sin lugar a dudas una de las mayores aventuras estéticas de nuestra literatura, pero discurre exclusivamente por los cauces y problemas de la modernidad occidental, la verdad de sus mentiras se hace cada vez más desvaída porque pertenece a un mundo de oposiciones cartesianas, de sujetos libres y racionales en una sociedad con reglas abstractas y universales que busca la homogeneidad formal y ese proyecto moderno está perdiendo importancia en los tiempos contemporáneos. Por todo ello, Vargas Llosa es el mejor novelista del siglo XX, pero Arguedas sigue siendo el más significativo para nuestra cultura.


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