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martes 3 de julio del 2012 07:00

(Editorial) ‘Golpeachment’

Lo sucedido en Paraguay no ha sido ni un golpe ni una buena noticia para la democracia.

(Editorial) ‘Golpeachment’
Federico Franco (AP)

Ya se sabe que de la exageración al vacío hay un paso. Y tiene sentido: cuanto más fuerce uno la verdad al describirla, menos probabilidades tiene de que los demás crean lo que está diciendo. Tal vez han debido tomar en cuenta esto los aliados ideológicos internacionales de Fernando Lugo antes de salir a propagar que ha sido víctima de un “golpe de Estado” –atravesando los límites de lo grotesco, en el caso del octogenario dictador cubano, Raúl Castro, quien se ha quejado porque “los golpes de Estado han vuelto al continente”–. Menudo ‘golpe de Estado’ este, a cuyo procedimiento el ahora depuesto Lugo declaró “someterse” y cuyo resultado aceptó en un primer momento.

No queremos decir con esto que lo sucedido en Paraguay haya sido un ejemplo de espíritu democrático. Pero ciertamente tampoco se puede afirmar que ha sido un golpe. Para describirlo con precisión, en todo caso, habría que buscar un término intermedio. Algo así como el vocablo de ‘spanglish’ que han acuñado en Brasil jugando con la palabra ‘impeachment’ (el procedimiento constitucional por el cual en los sistemas anglosajones se destituye a un presidente): ‘Golpeachment’.

Golpes de Estado son los que violan la forma en que la Constitución otorga el poder en una República. Lo sucedido en Paraguay, en cambio, se ha ajustado a la letra de lo dispuesto por su Constitución. Así, ella establece que el Congreso del país puede destituir a un presidente si 54 de sus 80 diputados (es decir, 2/3 de la Cámara) consideran que el “mal desempeño de sus funciones” así lo amerita, y si 30 de los 45 miembros del Senado luego confirman esta opinión. Pues bien, en el caso de Lugo votaron 76 diputados a favor de su destitución por esta causal (y solo uno en contra); y 39 senadores confirmaron luego esta decisión. Es decir, lo único que requiere la Constitución es que un número de los representantes del pueblo encuentre que el presidente ejerce su cargo suficientemente mal como para ser destituido y ese número se cumplió de sobra, hasta rozar la unanimidad: casi la totalidad de los representantes de ambas cámaras y de los partidos en ellas representados estuvieron de acuerdo con destituir a Lugo. Por lo demás, la Constitución no establece un plazo mínimo para el proceso de destitución.

Ahora bien, que los congresistas hayan hecho uso de un derecho que les da la Constitución no quiere decir que lo hayan hecho de un modo prudente ni favorable para el desarrollo de la democracia de su país. La destitución de la cabeza del Ejecutivo es un arma que está pensada para un uso excepcional: para los casos extremos, gruesos, donde la gravedad de lo hecho o descubierto sobre el presidente hace evidente que no es apto para servir hasta el fin de su mandato constitucional. Si esa arma es usada como un instrumento más de la lucha política entre partidos –para eliminar a un oponente y buscar suplantarlo en el poder en momentos en que la conflagración de fuerzas políticas se le vuelve desfavorable– se abren las puertas para una inestabilidad permanente que podría hacer muy difícil concretar cualquier avance gubernamental, sometiendo a todo el Estado a un horizonte de impredictibilidad. Los partidos que una vez fueron víctimas de un uso ligero del arma no tendrán empacho en usarla así después contra sus enemigos.

A Lugo lo han destituido basándose en un hecho (17 muertes causadas por la policía en medio de un enfrentamiento violento ocasionado por un desalojo de invasores) del que no está libre ningún jefe de Estado, aunque sea uno diligente y escrupuloso. Los que lo han destituido lo saben y por eso lo han hecho en cuestión de horas, sin dejar tiempo para defensas, debates ni explicaciones. Pero no han tomado en cuenta que, si hoy es Lugo, mañana podrá muy bien ser el sucesor que salga de las elecciones del próximo abril y que provenga de las canteras de los hoy destituidores. Y así.

Las libertades republicanas, como todas las libertades, si no se usan con responsabilidad, pueden autodestruirse. Acaso por eso decía el primer ministro inglés Lloyd George que la libertad no es simplemente un privilegio que se otorgan los pueblos, sino un hábito que solo adquieren trabajosamente.

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    Tramm Rafael
    Ahora los golpes en Nuestra América no son más militares. Ahora son golpes parlamentarios porque los parlamentos representan al poder económico. El hecho de que el opispo Lugo no opuso violencia al golpe no disminuye su criminalidad, al contrario, la aumenta. Rafael Tramm, São Paulo, Brasil
    03 de julio del 2012 11:27
    jose coronel (josnov22)
    simplemente aplicaron su CONSTITUCION y punto!!!!!un poco exagerados es verdad, pero no hubo GOLPE!!!!
    03 de julio del 2012 10:14
    joe Caceres (virak8)
    Entonces como se llam destituir un presidente sin darle oportunidad para dar expliacciones con lo sucedido? jajaja ..La OEA apya ese tipo de vajesas, porke no le conviene un gobierno como lo hacia Lugo
    03 de julio del 2012 09:35
    Oscar Fernando Chevarría Meza (oscarfernando)
    Sin embargo, ningún país u organización de estados puede atribuirse ser juez y sancionar a un país por cumplir su constitución (mala o buena) aceptada por sus ciudadanos.
    03 de julio del 2012 09:29
    Carlos Tellez (7271946)
    El derecho de un pueblo de ejercer la ley, no puede ni debe ser sancionado por pais alguno, Chávez hace con Paraguay lo mismo que EU con Cuba, bloqueo, una señal que hay paises titeres y presidentes muy asustados que les pase lo mismo.
    03 de julio del 2012 08:41
    Carlos Tellez (7271946)
    En realidad, vuestro editorial es certero, bajo la ley y siguiendo la constitución, lo que sería un tanto dificil es conseguir la abrumadora mayoría, secuestra de alguna manera el poder ejecutivo, pero que habráa hecho Lugo..?? que desaira a todas la tiendas pliticas. La libre determinación.
    03 de julio del 2012 08:37
    Jan Eric Heldt Leon
    Es mas que grostesco que la DICTADURA CUBANA Y VENEZOLANA y el resto de la comparsa socio-comunista sean los principales abanderados en denunciar un "golpe de estado" en Paraguay. Claro si fuese Uribe el defenestado hubiesen hecho fiesta, pero como es uno de los "suyos" la chilla ha sido mayuscula.
    03 de julio del 2012 08:32
    Julio Alejandro André Checa (jualanche)
    No seamos tan formalistas, veamos el fondo de las cosas. Lo sucedido en Paraguay es una forma de golpe de estado en vias de experimento. Si da buen resultado, sin objeciones o críticas, puede entronizarse la manera en toda la región, y allí veremos lo que es la verdadera ingobernabilidad.
    03 de julio del 2012 07:53