Opositores aseguran que el régimen ha lanzado ataques contra fieles incluso dentro de los templos. Las revueltas han dejado más de 2.000 muertos

La campaña de represión contra los manifestantes del régimen de Bashar al Asad en Siria no tiene límites. Opositores del gobierno refugiados en Canadá y París denunciaron hoy en una conferencia el uso de “gases prohibidos internacionalmente y de bombas de clavos” por parte de personal del gobierno para sofocar las masivas protestas.
“Un ramadán sangriento, hasta cuándo el silencio árabe e internacional” fue el nombre de la reunión en El Cairo donde informaron sobre estos hechos y condenaron las “masacres” cometidas por cuerpos de seguridad desde el 1 de agosto.
El portavoz de la comunidad siria en Egipto, Fahd al Masri, aseguró que el régimen ha cerrado varias mezquitas y que incluso ha lanzado ataques contra los fieles dentro de los templos.
En tanto, el ex parlamentario independiente sirio Mohamed Mamun, que permaneció cinco años en prisión como preso de opinión, dijo que “Asad y sus agentes se han aprovechado del silencio del mundo para cometer más masacres y hay que poner fin a este silencio”.
“Las ciudades de Hama, Deir el Zur, Rif Damasco, Homs y Albu Kamal son objetivo de tanques que no distinguen entre un edificio, una mezquita y una iglesia (…). Es una vergüenza para la comunidad internacional dejar que los tanques maten al pueblo”, añadió.
EXIGEN SANCIONES
Quienes participaron en la conferencia pidieron a la comunidad internacional que apliquen sanciones económicas, comerciales y aéreas a Siria.
Asimismo, sugirieron que se congelen todas las relaciones existentes con el mandatario Bashar al Asad para aislarlo internacionalmente.
Hasta el momento al menos 1.629 civiles y 374 efectivos de las fuerzas de seguridad han muerto en las revueltas, informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.