En República Democrática del Congo (RDC), el sarampión ha vuelto a aparecer de forma alarmante. Aquí, actuar rápido es clave: los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) caminan durante horas para llegar a los pueblos más remotos y dialogan con grupos armados locales. “Salvamos muchas vidas”, explica Sarah Lutz-Simon, nuestra responsable de emergencias en Kivu del Sur.

Mulungu DRC measles vaccination

Vacunación contra el sarampión en Mulungu, República Democrática del Congo ©MSF

“Tuve miedo. Cuando llegamos al centro de salud, en la única habitación, a oscuras, habían puesto a todos los niños enfermos. Debían de ser unos cuarenta y la imagen era dura: debilitados, los ojos rojos, las narices moqueando, la piel en erupción…tuve miedo. Formé parte del primer equipo que llegó a la zona y no sabíamos bien de cuántos casos estábamos hablando, se nos había alertado de diez enfermos a mediados de diciembre y lo que estábamos viendo significaba un aumento muy rápido”, explica Sarah Lutz-Simon, responsable del equipo de emergencia de MSF en Kivu del Sur (República Democrática del Congo), que recientemente se ha enfrentado a un brote de sarampión en Mulungu, una zona remota de la convulsa provincia del Este de RDC y que ha vacunado a 4.165 niños. El sarampión está renovando su presencia de forma alarmante con alertas de brotes en diferentes partes del país.

“Mientras esperábamos confirmación de los análisis, iniciamos la construcción de zonas de aislamiento. Primero, en el pueblo de Itanga para poder liberar el centro de salud e iniciar el tratamiento”, recuerda Sarah.

No existe tratamiento antiviral contra el sarampión así que el personal médico  evita la deshidratación, controla  la fiebre y gestiona las complicaciones que puedan surgir, infecciones oculares o de oídos, entre otras.

Los centros de aislamiento  temporales construidos por MSF son básicos, de unas diez camas, de madera y cubiertas con plástico. En un mes se construyeron tres en diferentes áreas, al tiempo que se desplegaron seis equipos para iniciar vacunaciones en los pueblos lo antes posible, cortafuegos frente a la infección, para luego acabar con ella.

Uno de los retos más complicados para hacer frente a estas alertas para el equipo de emergencia es la topografía de la zona: “desde Bukavu, la capital de Kivu del Sur, tardamos dos días en llegar en auto a Bisisi. De allí tuvimos que caminar por senderos al menos cinco horas hasta llegar a Idunga”, añade Sarah.

Mulungu DRC measles vaccination

Los equipos de MSF vacunaron a 4165 niños contra el sarampión en el área de Mulungu, República Democrática del Congo ©MSF

“Eso era lo fácil. Algunos equipos tuvieron que caminar desde Idunga durante tres días para llegar a las zonas más remotas”. En paralelo, un helicóptero garantizó al máximo la cadena de frío de conservación de las vacunas. En algún caso, por la crecida de los ríos, fue necesario evaluar la seguridad del personal, ya que tenía que cruzar un puente de lianas de dudosa estabilidad. Al final, lograron pasar cargados con todo el material.

Además, MSF enroló a varios centenares de vecinos del área para trabajar como porteadores. De forma conjunta con el Ministerio de Salud, colaboraron también en la vacunación –logramos una cobertura del 94%­-, mientras informábamos a la población y tratábamos los casos más complicados.

Otro de los retos de trabajar en Kivu del Sur es la profusión de grupos armados. Con el fin de poder vacunar y tratar enfermos, dialogamos con cada uno de los grupos basados en cada área.

En palabras de la propia Sarah, “no son solo la distancia geográfica y los obstáculos -colinas, montañas, ríos crecidos, ausencia de caminos, barro, jungla-, sino la presencia de hombres armados lo que complica el acceso a la salud en esta zona”, dice, tras señalar que esta intervención ha sido muy importante para ella.

“El impacto es inmediato, hemos salvado muchas vidas. La gente estaba muy contenta, pero también estaban muy preocupados por el brote, solo habían recibido ayuda de forma esporádica. Comprobar tras la vacunación que la cifra de afectados decrece en tan poco tiempo es lo mejor”.

En total se trató a  352 niños y se registraron dos muertes: una el día que MSF llegó a Itanga y otro en el caso de un niño al que su familia hubiera recurrido a los curanderos locales.

En el caso de la zona de Mulungu, los niños fueron vacunados, además del sarampión, contra el neumococo, la hepatitis, la bacteria hemophilus, la difteria, el tétanos y la tosferina, en una combinación de antígenos novedosa en la provincia.

Los equipos se preparan ahora para hacer frente a nuevas alertas de sarampión,  una de las enfermedades que más muertes causan entre la población infantil, pese a que es fácilmente prevenible.