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Yemen: “Hay familias que deben elegir entre llevar a un hijo al hospital o dar de comer al resto”

Roger Gutiérrez fue coordinador de proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la localidad de Abs, en el norte de Yemen, entre noviembre de 2016 y junio de 2017. Antes trabajó para la organización médica en la misma posición en la región somalí de Etiopía y en Sudán del Sur.

TESTIMONY: Roger Gutiérrez,  MSF field coordinator

Roger Gutiérrez (Barcelona, España) fue coordinador de proyecto de MSF en la localidad de Abs ©Igor Barbero/MSF

En el hospital de Abs las guardias están abarrotadas de gente y los equipos médicos de Médicos Sin Fronteras (MSF) hacen todo lo posible para atender las necesidades urgentes. Esta ciudad es un reflejo de lo que está ocurriendo en todo Yemen: un lugar hecho pedazos por una guerra que supera ya los 2 años, un sistema sanitario colapsado con hospitales destrozados por los bombardeos o, los que funcionan, sin personal ni recursos suficientes, y decenas de miles de personas huyendo de los enfrentamientos.

Familias desplazadas en algunos casos hasta dos y tres veces, que han perdido a seres queridos y que ahora deben reconstruir sus vidas desde cero.

Cuando hablamos con ellos, nos sorprende que decidan reasentarse en lugares aislados y alejados de escuelas, centros de salud, mercados e incluso pozos de agua. Es el miedo: saben que los lugares más concurridos pueden ser objeto de ataques. Anteponen la seguridad de sus familias al acceso a los servicios.

Es el mismo miedo, y la misma sensación de vulnerabilidad, que vemos en pacientes, incluso en algunos compañeros, cuando en el hospital escuchamos sobrevolar algún avión. Por segundos, todo se congela. A veces hemos visto como algunas madres arrancan las vías de alimentación a sus hijos para salir corriendo de la planta de nutrición.

Decisiones difíciles

Daily Life in Abs Hospital

Saleh Mohammed, de 57 años, de Sa’ada, vive en un campo de desplazados cerca de Abs, en la gobernación de Hajjah. Está en el centro de salud de Al Khamees sosteniendo a su hija de dos años, quien ha estado expuesta a la guerra durante la mayor parte de su vida: nació en enero de 2015. La mayoría de sus hermanos están muertos ©Ainhoa Larrea

Abs es una localidad pequeña y rural cuya población ha aumentado en los últimos años. Allí tratamos de dar servicio a unas 185.000 personas. Las autoridades están totalmente colapsadas y no hay muchas otras organizaciones internacionales que cubran las necesidades básicas. Muestra de ello es la aparición de epidemias o enfermedades no transmisibles que deberían estar ya controladas; como la tos ferina, los altos niveles de malaria y ahora el cólera.

Muchos pacientes nos dicen que tienen que tomar decisiones muy difíciles, como invertir el dinero que les queda para traer a un miembro de la familia que está enfermo o desnutrido a nuestro hospital, o dedicar ese dinero a dar de comer al resto.

Somos como una burbuja en medio del conflicto que es capaz de asistir a los grupos más vulnerables: sobre todo mujeres y niños, también muchos ancianos. Pero no a todos ellos les resulta sencillo acceder al hospital. A menudo, no tienen el dinero suficiente para pagar la gasolina o simplemente no hay un vehículo en el que llegar al centro. Por no hablar de los continuos bombardeos y combates, el deterioro y destrucción de puentes y carreteras, la llegada de la estación de lluvias, etcétera.

A pesar de todo, los pacientes siguen llegando a nuestro hospital, que fue bombardeado en 2016.Desde que regresamos el pasado noviembre, las consultas de urgencias han tenido un incremento mensual superior al 20% y estamos atendiendo más de 250 partos al mes, más incluso que en Hajjah, la capital de la gobernación.

Nos llegan personas que han viajado durante horas para que las operemos o que han hecho 70 u 80 kilómetros en auto porque tienen algo que se puede tratar en atención primaria, como la malaria. La alta ocupación de todos nuestros departamentos prueba que era necesario retomar las operaciones en Abs. Y prueba también que apenas hay alguien más Yemen, un lugar con muchas necesidades y un futuro muy incierto.

Comenzamos nuestro apoyo al hospital rural de Abs en julio de 2015. El 15 de agosto de 2016 un ataque aéreo destruyó parte del complejo y causó la muerte de 19 personas, incluido uno de nuestros compañeros, y causó heridas a 24. Poco después, suspendimos nuestras actividades en varias instalaciones del norte de Yemen. En noviembre del año pasado, reanudamos nuestro apoyo al hospital tras reconstruirlo. En el centro trabajan actualmente unos 200 trabajadores nacionales y una decena de profesionales internacionales. En el hospital rural de Abs, dirigimos servicios de urgencia, unidades de pediatría, neonatología, una maternidad, una planta de nutrición, un servicio de clínicas móviles y lleva a cabo sesiones de ayuda psicosocial, entre otros. 

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