El suicidio de Robin Williams fue inicialmente atribuido a la depresión que durante algún tiempo afectó al versátil actor. Sin embargo, la esposa de Williams declaró algunos días después que él había sido recientemente diagnosticado con la enfermedad del Parkinson. 
Lo cierto es que ambas enfermedades coexisten, y se ha encontrado que la depresión precede en aproximadamente seis años a los temblores iniciales del Parkinson y que el 40% de los pacientes con este mal sufre depresión, la cual puede ser muy severa y lamentablemente no reconocida y, por tanto, no tratada.
¿Pero qué es el Parkinson y por qué se producen los temblores involuntarios de las manos, que constituyen el clásico síntoma de la enfermedad? Para entenderlo, es necesario revisar cómo controla el cerebro los movimientos del cuerpo.

 

INFOGRAFÍA Parkinson GRANDE
CON Y SIN VOLUNTAD
En el organismo existen dos tipos de movimientos, los voluntarios y los involuntarios. Los voluntarios son aquellos originados en la conciencia y se producen por una orden cerebral al músculo respectivo. Los involuntarios son automáticos y son aquellos que tienen los intestinos y el corazón, por ejemplo.  Los movimientos voluntarios se originan en las neuronas motoras o células cerebrales que controlan el movimiento y que están distribuidas en diversas zonas especializadas de la corteza cerebral o sustancia gris.
Lo interesante es que las órdenes eléctricas que producen un movimiento tienen dos carreteras para alcanzar al músculo que se quiere mover.
La primera carretera, la más rápida y directa, está ocupada por una sola célula, que es considerada la célula más larga del cuerpo humano: la neurona motora periférica gigante o célula de Betz. Es la más larga porque empieza en el cerebro y termina en el músculo correspondiente, que puede estar en un brazo o en una pierna.  Es importante saber que todas las neuronas motoras que controlan los movimientos bajan del cerebro y van por la médula espinal en gruesos grupos de cordones eléctricos (axones), del mismo modo que los cordones eléctricos que distribuyen electricidad a un vecindario. Al bajar por la médula espinal, estas fibras forman un grueso cordón que tiene forma de pirámide, por lo que a este sistema se lo llama sistema piramidal.
Lo interesante es que a nivel del bulbo raquídeo, aun dentro del cráneo, 90% de estas fibras eléctricas piramidales se cruza de lado, es decir las que vienen del lado derecho del cerebro se pasan al lado izquierdo de la médula y al revés. Esto explica por qué la lesión de un lado del cerebro origina parálisis del lado contrario.
CARRETERAS CEREBRALES

 

Este sistema piramidal directo es responsable de los movimientos toscos, groseros de los músculos, como los que hace un arquero de fútbol cuando simplemente patea la pelota con fuerza en un saque de meta o cuando estiramos la mano para agarrar el mouse de la computadora. Las enfermedades de este sistema piramidal son muchas, y la más importante es la parálisis producida por la destrucción de las neuronas de Betz en un derrame cerebral.
La segunda carretera es más complicada porque tiene múltiples “paraderos”, en cada uno de los cuales se modifican las órdenes eléctricas del movimiento. Este grupo de “paraderos” de las órdenes eléctricas se encuentra en una zona primitiva del cerebro llamada ganglios basales, uno de los cuales tiene células negras, por lo que se llama la sustancia nigra, que es muy importante en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. A este sistema se lo llama extrapiramidal.
Esta segunda carretera, por tener esos varios puntos en que se modifica la señal eléctrica del movimiento, es responsable de los movimientos finos de los músculos, como los que hace un arquero al estirarse y desviar con la punta de sus dedos una pelota que va a entrar al arco o cuando luego de agarrar el mouse de la computadora, movemos finamente nuestros dedos para navegar por la página web, haciendo clics de rato en rato.
Cuando los núcleos basales se enferman, la persona sufre lo que se llama trastornos extrapiramidales, los cuales se manifiestan por una serie de movimientos involuntarios repetitivos e incontrolables llamados disquinesias (‘dis’ significa diferente; y ‘kinesis’, movimiento).
DIVERSAS CONDICIONES
Los principales trastornos extrapiramidales son:
Mioclonus. Movimientos involuntarios repetitivos de alguna parte del cuerpo, descritos por la gente como que alguna parte del cuerpo “le salta”.
Tics. Movimientos repetitivos de alguna parte del cuerpo, con la característica de que son rápidos y coordinados. Por ejemplo, en los ojos, en una mano, en la comisura o ángulo de la boca. Los tics pueden ser parte también de otros trastornos como la enfermedad de Tourette.
Corea. Movimientos involuntarios de grandes grupos musculares; la persona afectada mueve, por ejemplo, toda la mitad del cuerpo como si fuera a saltar.
Hemibalismo. Llamado así porque la persona tiene intensos movimientos de sus brazos como cuando un atleta lanza la bala.
Atetosis. Movimientos parecidos a los de la corea, pero de menor intensidad. Pueden estar  también en la parálisis cerebral, trastorno que se produce cuando un bebe tarda en nacer y su cerebro se daña por la falta de oxígeno.
Distonía. Son movimientos que adoptan la forma de posturas involuntarias, en las que grupos musculares opuestos “pelean” por el movimiento. Una forma normal de distonía es el famoso calambre de los escritores, producido por escribir mucho tiempo a mano.
Temblores. Son movimientos involuntarios, generalmente referidos a las manos. Algunos se producen cuando las manos están en reposo y la persona está mirando televisión, por ejemplo. Estos son los llamados temblores en reposo y pueden indicar la enfermedad de Parkinson. Otros se producen cuando la persona estira la mano y quiere agarrar la taza de café o el periódico, por ejemplo, y se llama temblor intencional. Este es característico de lo que se llame el temblor idiopático o de causa desconocida.
PRODUCCIÓN DE DOPAMINA
La enfermedad de Parkinson es entonces un trastorno del sistema extrapiramidal del movimiento, más específicamente de la sustancia nigra de los núcleos basales del cerebro, que deja de producir un neurotransmisor llamado dopamina, y que, si bien es cierto no tiene curación, puede ser muy bien controlada por el médico neurólogo.