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Novillero peruano fue corneado en el ojo en un festejo popular en Apurímac

Estando a cargo del jefe de la enfermería de Acho, abandonó el hospital y se fue a otro.

PABLO J. GÓMEZ DEBARBIERI

El novillero peruano Rolly Pezo (32 años) fue cogido en Cotabambas, Apurímac. Un toro cunero (que más que embestir arrollan, con la cara alta, lo que se interpone a su paso) lo corneó en el ojo izquierdo y el pitón le introdujo en el cerebro parte del hueso de la órbita ocular.

 

FOTO: MIGUEL PARDO - PERUTOROS Enorme afición en el Perú, pero los toreros deben ser profesionales.

FOTO: MIGUEL PARDO – PERUTOROS
Enorme afición en el Perú, pero los toreros deben ser profesionales.

 

Lo llevaron al Cusco y de allí fue traído a Lima en un avión ambulancia, cuyo costo fue asumido por Juan Pablo Corona, socio de la empresa de Acho y presidente de la fundación Fomento Cultural de la Tauromaquia Hispanoamericana. Andrés Roca Rey cubrirá los costos hospitalarios. Encomiable la ayuda de ambos, que se suma a donaciones efectuadas en tres cuentas que los familiares de Pezo abrieron para recibir fondos.

Llegó al Hospital de Collique, donde el Dr. César Baltazar, jefe de la enfermería de Acho, ha sido director hasta hace poco. Él tenía todo listo para la neurocirugía e intervención oftálmica. Le ofreció a Pezo y a su familia que no pagasen nada hasta el final, cargando los gastos a una cuenta corriente que controlaría la asistenta social del hospital y que Andrés asumiría.

−Abandonó el hospital−

Sin embargo, sin previo aviso ni consulta con el Dr. Baltazar, Pezo abandonó el hospital, por su cuenta y riesgo, y se fue al Hospital Dos de Mayo, donde aún no se le opera. Su hermana dice que lo hizo porque estaban desesperados. Puede haber sido un grave error dejar un hospital donde estaba a cargo de un especialista en cornadas para ir a uno donde lo tratarán médicos sin experiencia en ese tipo de heridas. Como dice el Dr. Aldo Berti, eminente neurocirujano, lo más grave no es haber perdido el ojo, sino que la fractura de la órbita ocular por el pitón de un toro lo deja expuesto a una infección en el cerebro.

El Dr. Baltazar dice que Pezo estaba consciente, sabía quién era, dónde estaba y porqué estaba allí; se sentaba y caminaba sin problemas, lo que indica que el daño neurológico causado por la esquirla de hueso de la órbita ocular no es tan grave.

Andrés sigue dispuesto a ayudarlo con el costo del tratamiento.

Pezo es uno de tantos que, en el Perú, se visten de luces en festejos populares sin tener el adecuado conocimiento o experiencia. Ojalá salga adelante y se recupere.

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