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Si algo bueno tuvo la separación definitiva entre Udo Dirskchneider con el resto de Accept fue que nos permitió disfruta de dos bandas, en lugar de una, decididas a practicar lo que solo puede calificarse de verdadero heavy metal de la más alta gradación. Este tercer trabajo con Max Tornillo en las voces nos presenta a un Accept que, al menos en el estudio, está al mismo nivel del alcanzado en los años 80. Yo, al menos, lo comparo con el Metal Heart y solo por detrás de Restless and Wild y Balls to the Wall.

Hace unos años yo me contaba entre los escépticos ante la posibilidad de un Accept sin Udo, sobre todo considerando que este último había mantenido un nivel entre respetable y destacable en sus discos solistas, incluso en aquellos en los que modernizó su sonido y recordando, además, lo decepcionante que fue la breve etapa sin él en los 80, la verdad la cosa pintaba sombría para los clásicos Wolf Hofmman, Hermman Frank y Peter Baltes. Pero para eso vive uno, para corregir sus puntos de vista y comprobar que siempre estamos por detrás de la experiencia, porque con Blood of the Nations (2009), Accept realizó un gran retorno que sorprendió mucho, y lejos de ser un canto del cisne, la verdad ha sido más bien un resurgir de ave fénix. Unos pocos años más tarde Stalingrad me pareció uno de los mejores discos del año y quizás el mejor lanzado por una banda clásica. Bueno, pues toda posible especulación acerca de agotamiento inminente de la banda se ve revocada ante la contundencia, calidad y sobriedad del último Blind Rage que en mi opinión se coloca entre lo más granado del heavy metal hecho en el siglo XXI y que supera los dos discos anteriores, lo que es ya decir muchísimo.

Si Stalingrad fue el disco de la fuerza y el dramatismo, este lo es lo es de la técnica y el equilibrio. Por supuesto sin perder ni un ápice de la fuerza del heavy metal. Son 12 temas con su propia personalidad y con sus ganchos particulares. Un rasgo común a todos ellos es la sobriedad y maestría de los solos de guitarra. Es impresionante lo vivos y frescos que se oyen casi todos y su pertinente lugar, además, y por eso hablé de sobriedad, el disco en ningún momento se convierte en una vorágine de virtuosismo vacío con solo tras solo a ultravelocidades para ir rellenando y que al final a veces solo conduce a la insensibilización del oyente, sino que en cada tema están los que deben estar, no muy largos, no muy cortos y, sobre todo, aunque avasalladores no invasivos: se sostienen por ellos mismos.

Los temas que destacan son los más veloces y agresivos como la apertura Stampede o Dying Breed o Final Journey, pero otros más pesados como Fall of the Empire (el que más me ha gustado) o Wanna Be Free, más melancólica, no desentonan para nada. Dying Breed es un verdadero himno al heavy metal con alusiones explícitas dedicadas a Led Zeppelin, Deep Purpple y Motörhead, con un pequeño homenaje a Lemmy en el que Tornillo dice “ace of spades” con la voz muy grave.

Hay muchos guiños a grupos y temas clásicos repartidos en la placa, pero no quiero arruinar sorpresas. Algunos de los temas que nos remiten a otros de otras bandas son el último del disco, Thrown the Wolves, que suena muy, pero muy parecido a Shallow Grave, de Annihilator aparecido en el Carnival Diablos. También hay mucho parecido entre Final Journey, penúltimo track, y Rapid Fire de los inmortales Judas Priest, además de que en general es un tributo a ellos. 200 Years tiene parecidos musicales y temáticos con Independence Day, de UDO. Finalmente y como para ilustrar el azar en la música, Bloodbath Mastermind nos podría sorprender un poco en su entrada. Óiganla piensen a qué tonada (poco agraciada) nos recuerda y cómo con talento se puede hacer algo genial.

La voz de Tornillo se siente muy bien, mejor que nunca y en mi opinión se haya bastante más cerca a la sonoridad de Udo en sus mejores días, sin por ello imitarle ya que tiene su propio estilo y carisma. Es más Tornillo ha demostrado tener una gama de posibilidades más amplias, y eso le da diversidad al disco, sin dejar de ser quintaesencialmente un trabajo de heavy metal. La sección rítmica cumple con su rol con contundencia y majestad. La batería en este disco está a cargo de Stefan Schwarzmann (él es un clásico de Running Wild e incluso de UDO en sus primeros años) y prima la fuerza y la precisión. Peter Baltes está en el bajo, creando la base de acero para todo el trabajo en guitarras. Wolf Hoffmann y Herman Frank son las hachas invencibles que creo han alcanzado un estado de gracia superior, y, claro, Max Tornillo cuyas dotes ya fueron ponderadas. Han conseguido un disco compacto y de sonido clásico sin adulterar. Como me gustaría poder hablar así de bien de cada disco de una banda clásica del metal.

Imagino que quienes son ajenos al metal o lo ven como un género superado por el proceso histórico de la música podrían decir qué es más de lo mismo, ¿por qué seguir haciendo heavy metal como siempre?, ¿dónde quedó la originalidad? A esa crítica debe responderse que en el caso de Accept no se puede plantear el tema de la originalidad como cuestionamiento porque ellos son parte de ese origen, así que si suenan clásicos, está bien, como ellos lo inventaron, en ellos eso es la originalidad. En segundo lugar, y de manera más profunda, creo que como cambio de sonido y ofrecer siempre algo nuevo, la originalidad está sobrevalorada. Muchos se la pasan pidiendo algo nuevo, pero quizás no siempre sea necesario. ¿Cuánta basura y cuánto fiasco hemos tenido por hacer algo nuevo tanto dentro como fuera?, si no está roto ¿para qué arreglarlo?, además, estrictamente hablando, nada es igual, ni aun tocando las mismas notas al mismo ritmo. Siempre son un nuevo momento, en este caso un nuevo momento en el despliegue del metal.

La portada estruvo a cargo de Dan Goldsworthy, buen trabajo, sencillo pero elocuente de lo que te inspira Blind Rage.

Con este disco queda claro que el heavy metal clásico sigue vivo en manos de sus más conspicuos representantes, (al menos en algunos de ellos), y este Blind Rage es clara prueba de ello. Adquieran este disco y pasen fenomenales oyendo el sonido de siempre y siguiendo el camino correcto.

Video oficial de Stampede

Otro tema más, un tributo a Judas Priest