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Post FIL Lima 2017: Una conversación con Julio Ortega sobre su antología “Nuevo relato mexicano”

ORTEGA

Catorce cuentos incluye la antología “Nuevo relato mexicano” a cargo del crítico literario y profesor de la Universidad de Brown, Julio Ortega.  La misma fue lanzada en la Feria Internacional del Libro de Lima 2017, evento que tuvo a México como país invitado de honor.

En esta nota realizada al cierre de la referida cita cultural, Ortega cuenta que su selección es un intento por mostrar autores a los que debemos prestar atención por su intento de rehacer los diálogos, algo que –según sus propias palabras—“es signo de la época”.

La antología publicada por la editorial Peisa incluye relatos de los siguientes escritores: Aurora Penélope Córdoba, Pablo Piñeiro Stillman, Verónica Gerber Biceci, Joserra Ortiz, Rafael Acosta, Elvira Liceaga, César Tejada, Alejandro Aguirre Riveros, Mariejo Delgadillo, Nicolás Cabral, Vanessa Garza Marín, Liliana Pedroza, Luis Felipe Lomelí y Heriberto Yépez.

Aquí la entrevista con Julio Ortega sobre su interesante antología “Nuevo relato mexicano”. Puedes leer uno de los cuentos publicados hace unos días en El Dominical dando clic AQUÍ.

-¿Cuál es la gran coincidencia que hay en los relatos de su antología “Nuevo relato mexicano”?

Son relatos de escritores jóvenes. Es una primera muestra de la escritura narrativa en el formato del cuento del siglo XXI mexicano. Hubo ya algunas antologías de nuevos narradores, como es el caso de “Norte”, aunque allí incluyen también a autores de los años setenta y ochenta. Y hubo también otra selección de narradores de Monterrey. Pero ambas son regionales. Sentí que faltaba un panorama más amplio, con narradores de otros puntos de país, para demostrar que el cuento tiene otra geografía, que no corresponde necesariamente a la física, sino a un proyecto de un nuevo mapa literario. Mi tesis es que todos los grandes movimientos literarios y escritores vienen de procesos desencadenados por las revistas, por el activismo cultural y por su época. Cada gran autor viene producido por un escenario de exploración artística. Así pues, la gran narrativa mexicana del siglo pasado es el espacio que ha producido a estos jóvenes que dialogan, interactúan y tratan de re apropiar y procesar la influencia de sus mayores.

-¿Y cuál cree que es el tema central  que abordan estos autores seleccionados por usted?

La vida cotidiana. La conversación de los personajes y personas como un espacio de sobrevivencia en medio de la historia mexicana. Como pasa con toda América Latina, México vive intensa y trágicamente una situación de desgarramiento nacional, de desmembración del país, no solo por el tráfico de drogas y la violencia, sino también por la total pérdida del horizonte comunitario. Es como si los proyectos políticos y los de reorganización y producción de sentido nacional se hubieran venido abajo. Y esto es curioso porque algunos politólogos y expertos dicen que México y América Latina vive su mejor momento: el de la producción, de la exportación de bienes, del consumo; que nunca tanta gente ha tenido tantos televisores, por ejemplo, y que hay signos de desarrollo en la construcción de una nueva clase media latinoamericana urbana, moderna, trabajadora, ahorrativa y que quiere una vida democrática. Sin embargo, si bien puede ser verdad que hay más dinero circulando, nunca América Latina ha sido más infeliz que hoy.

-¿Por qué?

Por la violencia, la droga, la falta de futuro para los jóvenes, la mala educación, la decadencia de modelos, de futuro y de inspiración, la falta de motivación cívica y la sensación de que la vida cotidiana es una estafa mutua. Así que los escritores más jóvenes ven una debacle. Y a mí me interesa mucho la versión de México que estos autores tienen. Aunque debo decir que ninguno de ellos es un escritor trágico, como pasó con el ‘Boom’ ante la realidad social de su época. Ellos eran trágicos críticos, con poderosas narrativas de condena social. Ahora son escritores que ante el desastre no asumen una ideología, un partido político, una filosofía, sino más bien (asumen) una necesidad de rehacer el diálogo cotidiano entre las personas. Son escritores minimalistas, sin ambiciones de interpretación global.

-Si hablamos del lenguaje. ¿Qué tan ambiciosos son estos autores incluidos en su antología?

Son menos ambiciosos que los autores de los años sesenta, que fue la gran época de ruptura de todo. Sin embargo, la falta de ambición formal, de la sencillez técnica, la verosimilitud de los lenguajes, la funcionalidad operativa del discurso, y la necesidad de un diálogo fluido claro demuestra la búsqueda de una humanización del espacio privado. Porque como el público está perdido, es más, ya ni siquiera hay intelectuales públicos. Hay muy pocos que son voceros de ideas. El espacio público ha sido ocupado por la televisión, el entretenimiento, el espectáculo. Entonces estos jóvenes no buscan un lugar protagónico en la sociedad ni ser líderes sociales o políticos. Lo que buscan es rehacer la conversación. Y eso es un signo de la época.

-Si tuviéramos que comparar a los países de habla hispana de esta parte del planeta, ¿México está en la vanguardia de la literatura latinoamericana?

Es difícil hablar de una vanguardia literaria porque esta se identifica con la poética del cambio, de la innovación, de la exploración. Ellos más bien son herederos de las novelas de Carlos Fuentes, del pensamiento poético de Octavio Paz, de los grandes narradores mexicanos como Rulfo, Arriola y otros algo más jóvenes. Sin embargo, a diferencia de ellos, (los autores de esta antología) no buscan hacer metáforas nacionales. Son escritores urbanos con sentido del humor y que buscan una experiencia más íntima del lenguaje que propicie una comunicación más genuina. Vivimos en un mundo de mentiras permanentes, por ende, la verdad emotiva es lo único de lo que estamos seguros. Esa sería su característica.

-¿Qué cree usted que debería tener una buena crítica literaria?

Debe hacer circular las características del texto más allá de una descripción en su proyecto de abrir un espacio nuevo. Creo que los textos que valen la pena no son recuentos, memorias, sino proyectos de rehacer algo, de volver a empezar el lenguaje, no necesariamente con grandes invenciones formales sino –hoy en día—con un lenguaje coloquial, verdadero, genuino. La crítica debe prestar atención, porque estos escritores (de mi libro) buscan un interlocutor, y por ahora estos son los mismos jóvenes. Pienso que hay que hacer algo para que la nueva literatura no se convierta en un gueto nacional o regional. Y aunque ahora no hay medios ni sistemas de comunicación continental (revistas), sí está la Internet. Ahí empezaron estos autores. Participaron en concursos regionales de cuentos y son muy conocidos en la comunidad de las redes. El problema es que como hay tantos (autores) es muy difícil establecer calidades y diferenciaciones de proyectos válidos.

-Hay mucha gente testimoniando lo suyo en la Internet…

Sí. Lo que podría hacer la crítica es reorganizar el campo horizontal que significa la producción literaria en Internet. En México hay muchos concursos y todos los escritores que aparecen en mi libro han participado en algunos de ellos. Y también participan en las revistas estatales o regionales financiadas por el aparato cultural mexicano que es muy grande. Entonces, hay espacio y lo hay para todos.

-¿Hay muchas más autoras mujeres en México que, por ejemplo, en el Perú?

Creo que sí. En Perú hay muy buenas pero son pocas, y quizás son muy poco conocidas. Es evidente que las escritoras peruanas están postergadas, lamentablemente.

-México fue el invitado a la última FIL Lima 2017 y, por ejemplo, hemos visto miles de libros del Fondo de Cultura Económica en el recinto ferial. ¿Es mucha la distancia entre México y Perú en cuanto al apoyo estatal para esta industria?

Claro. El estado mexicano tiene una participación enorme en cuanto a la construcción de los discursos nacionales. Y en general, salvo épocas desafortunadas, el apoyo a los jóvenes escritores ha sido bastante abierto. Aunque hay gente que dice que sería mejor que el Estado no participe en estos temas, y a mí me parece que ese no es el problema, sino más bien qué se hace con esa ayuda. Porque es absurdo decir que el Estado, que es nuestro, no debe financiar algo que hacemos. Si esto es legítimo, pues se debe ayudar. Las universidades también ayudan mucho. Y también hay muchas editoriales de jóvenes. Se divulga por Internet. Hay todo un sistema de comunicación que ha reformulado el espacio literario hoy día. Por eso es que ya no sabemos qué escritores hay allí para leer. Es por ello que en mi antología quiero presentar un pequeño panorama de escritores mexicanos a los que hay que prestarles atención. Aunque todos convergen en esa necesidad de diálogo y de legitimidad de la palabra, ahora privada para que tenga función genuina la pública. Ocurre que hoy en México la palabra pública está totalmente degradada. Nadie puede explicar los muertos allí. Y eso es terrible. Me parece que eso pasa en todos los países. Lo que falta es un espacio de comunicación que sea una plataforma en la cual los jóvenes escritores puedan expresar su creatividad de un modo comunitario.

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