Cuando era pequeño, cada vez que necesitaba solucionar una tarea, recurría a la antigua Enciclopedia Autodidáctica Quillet, que ocupaba casi todo el librero en la casa de mi tía Teresa. Primero tenía que conseguir una silla que me ayude a alcanzar los tomos ordenados en orden alfabético, luego bajarlos y hacer la consulta. Hasta ahora recuerdo ese olor de los libros, de la tinta seca y papel viejo. Lo fantástico es que siempre había una referencia, una respuesta a la consulta, una ilustración, un mapa, un retrato que nos ayudaba a resolver el trabajo escolar. ¿Lo recuerda usted, mi estimado Papá Digital? Hoy todo ha cambiado, ahora pasamos de la Quillet, Salvat, Larrouse, Sopena, El Tesoro de la Juventud y Océano al buscador de buscadores: Google. Seguir leyendo...