La imagen de su papá era la de un hombre cansado, aburrido. Siempre acusando fatiga laboral y abatido por las preocupaciones que generan las responsabilidades del hogar, lo que le impedía dedicarse a la familia y compartir momentos de esparcimiento. Tiempo después, se enteró que el papá no era el tipo triste ni cansado que vivía con él. Los fines de semana, cuando su papá iba a visitar a su media hermana, transformaba ese rostro adusto y cansado en la de un hombre feliz: Cocinaba, jugaba, sonreía, y bailaba. Joaquín no entendía lo que estaba viendo en Facebook. ¿Qué andaba mal?¿Quién tiene la culpa? ¿Por qué esa actitud tan contraria? Interrogantes que surgían mientras observaba las imágenes publicadas en el muro de su padre. Y es que a los nueve años, el niño ya contaba con una cuenta en la red social, a pesar de no haber desarrollado aún la madurez necesaria para comprender lo que vio en fotos. Seguir leyendo...