23 de noviembre del 2014 18 °C

Así seas poeta

No creo que me estimen otros poetas o críticos como un gran poeta, ni siquiera como un buen poeta, ni siquiera como poeta o acaso tan sencillamente como un hacedor de palabras. Más aún, no concibo ser visible a los ojos que no ven y que me admiran. Aún cuando me estimaran grande, de los que tienen la voz y la letra solo aguardo el silencio. Lo mío es esperar (otra vez Pessoa) algo, a alguien, una palabra delgada...siempre allí, inútilmente "al pie de una puerta de un muro sin puertas". Seguir leyendo...

Instrucciones para hacer reir

No se trata de una instrucción cortazariana. El objeto es mover las mandíbulas de tu contertulio sin mover las tuyas. La risa es algo demasiado serio para tomársela a la ligera y tanto que para hacer reír no hay que reír, hay que tener la cara de circunstancia. El ridículo es siempre una tragedia y lo comprendí aquella vez que me tocó contar un chiste en público. Eran decenas de ojos los que me miraban. Yo tan serio, tan crispado, empecé, le di forma y culminé. Todos serios. Siguieron serios hasta el momento en que me senté. Solo en ese preciso instante las risas explotaron en la sala y en mi cara. Comprendí que el ridículo tiene relación con todo aquello que no puedes explicar. Seguir leyendo...

Los poemas de los adioses

La poesía es hija de la inspiración y esta es una dama huidiza que disfruta de los apasionamientos y tribulaciones de los poetas. Un poeta se nutre de sus turbaciones, de la nostalgia y el socavón de las miserias que lo suelen cargar. Al decir verdad, cuando ello no ocurre, el poeta inventa, vive su ficción, se convierte en un personaje inexistente. Seguir leyendo...