El perfil bajo fue la marca personal de Edson Domínguez, un jugador que parecía haber nacido para vestirse de crema por su coraje y esa saludable necedad que requieren los defensores para no dar por perdida una pelota.

El ‘Cheta’, sin embargo, no tenía una relación amigable con el balón. Si había que poner la pierna o arriesgar el rostro, probablemente nadie le ganaba. Pero si delante tenía un delantero habilidoso, empezaba a sudar y los que lo veíamos desde la tribuna, sudábamos más. Se esforzaba, no haraganeaba, era un obrero de jornada completa. Sin embargo, lo suyo nunca fue para 7 u 8 puntos. Pertenecía a la legión de los cumplidores, de esos que se ganaban el pan -literalmente- con el sudor de su frente.

No vi a Chumpi, a José Fernández ni a La Fuente. La mejor pareja de centrales cremas que tuve la suerte de ver la integraban Juan Reynoso y Marcelo Asteggiano, la mezcla justa de calidad, nobleza y reciedumbre que requiere esa línea tan sensible en un equipo de fútbol. Pero hoy recuerdo al ‘Cheta’ no porque haya estado a la altura de alguno de ellos, sino porque a pesar de sus limitaciones técnicas,  de lo mucho que lo veíamos padecer ante rivales más ligeros e inteligentes, si hoy estuviera en actividad, lo elegiría sin la menor duda en lugar de cualquiera de los zagueros de esta versión 2016 de Universitario de Deportes.

De Braynner García se ha dicho demasiado ya. Creo que el año pasado le fue mejor, mostró un poquito más de criterio que sus ocasionales compañeros en la zaga, pero en el presente torneo lo suyo ha sido indefendible. Sería absurdo pedirle absoluta solidez -si la tuviera, no estaría jugando en el torneo peruano-, pero su facilidad para perder la ubicación y ser superado por los delanteros rivales lo han convertido en el jugador más resistido por la hinchada. Y cada semana hace méritos para que nadie le pelee esa posición.

Aunque su currículum no arrojaba nada esperanzador, algunos imaginamos que Diego Rodríguez podía aportar orden y tranquilidad como tantos desconocidos que han arribado a estas tierras. No ha sido así. El uruguayo se mueve con una lentitud desesperante y tiene una cintura de cemento que se resquebraja al primer dribbling. Sabemos que Roberto Chale se distingue por ser un motivador;  sin embargo, señalar que el charrúa jugó un partidazo ante UTC es mentirle a la gente. Cuando el fútbol no se transmitía por televisión e Internet era solo una rareza, los locutores radiales podían inventar partidos maravillosos a partir de un concierto de bostezos. Ese tipo de mentiras hoy son casi imposibles gracias a la tecnología. Para dar una opinión, hacen faltan argumentos que la sostengan y el uruguayo no le da ninguno a Chale.

Como cualquier equipo, la ‘U’ ha tenido centrales de terror. De los más recientes, recuerdo a Piano y Pumar, una parejita inolvidable por lo mal que le fue. Y es que lo malo no hay que olvidarlo para no repetirlo. Pero en Universitario, lo sabemos, se suele hacer todo al revés.

Benincasa no se Baresi, Dulanto no le llega a los talones a su papá, ¿pero son peores que Rodríguez? ¿Para qué pujó tanto el cuerpo técnico por Galliquio? ¿Qué pueden pensar los chicos de la reserva cuando ven que quienes están delante no marcan la diferencia?

Algunos dirán: pero la ‘U’ es segundo, tiene las posibilidades intactas para meterse en el cuadrangular final y salir campeón. Así es. La generosidad del torneo peruano permite que un equipo al que le cuesta un mundo hacer una triangulación y que contrata jugadores con casi dos años de para se encuentre en esa situación.

Y, créanme, eso no debería alegrarnos.