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Vargas no debe seguir

En los últimos días, mientras revisaba videos en youtube, he vuelto un par de veces al gol de Juan Manuel Vargas… digo, de Johan Fano a Argentina. Los tres minutos previos no dejan de sorprenderme: entre Gago y Riquelme, Argentina peloteaba a la selección a su antojo. En el banco, Chemo cuchicheaba con Asteggiano y en la cancha Ñol, Rainer y Vílchez solo miraban cómo la pelota iba y venía frente a sus narices. Hasta que Messi la perdió y el Loco inició la corrida de su vida. Todos empujamos a Battaglia, lo pechamos, le ganamos la raya. Y cuando Fano puso el piecito para poner el empate, el país moría por abrazar a Juan Manuel.
El anuncio de la vuelta de Vargas a la ‘U’ generó controversia en el hincha crema. Sin embargo, durante la presentación del plantel fue, de lejos, el más aplaudido. Esa noche pareció revivir la conexión emocional, fruto de la nostalgia, del recuerdo de lo que el Loco alguna vez fue.
Hoy que se discute su permanencia en el club, ese vínculo está maltrecho. Y con razón.
El aporte de Vargas a Universitario ha estado acorde a su realidad: la de un casi ex jugador, que además de no parecer estar en su mejor forma física, ha perdido la potencia y la velocidad que lo caracterizaron. Como volante de primera línea, durante la era Chale, le restó dinámica a la salida del equipo y en marca fue casi nulo. Lo suyo fue el pase fácil al costado o el lanzamiento largo sin precisión.
Apenas pisó Ate, Troglio anunció que lo quería de lateral. Lo sometió a una preparación especial y depositó su confianza en él. Pero sobre el verde, el Loco apenas fue una imagen en sepia, una página ajada y amarillenta de quien alguna vez aplaudimos. Tímido para la marca (ahora espera, sabedor que la rapidez y los reflejos ya no lo acompañan) e intrascendente en el servicio, su historia reciente ha estado escasa de aplausos. Ha marcado dos señores golazos (ante Huancayo y Unión Comercio); no obstante, representan muy poco frente a lo que se esperaba de él.
¿Pero, qué podíamos esperar de un futbolista de 33 años, que estuvo parado ocho meses el año pasado y parecía más feliz lejos de un campo de juego o como parte de los cotilleos de farándula?
Troglio ha dicho públicamente que lo quiere. Quizás sea por su manejo del vestuario, porque desde lo futbolístico no hay razón que lo avale.
¿Tanto pesa el Loco en el camarín? ¿Es eso suficiente?
Si en el fútbol se tomaran decisiones racionales, Vargas no debería seguir en la ‘U’.

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