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Trinchera crema

Universitario: un empate amargo (y que amarga)

La salida de Diego Manicero marcó un antes y un después en el partido ante Aurich. La ‘U’ no era, ni por asomo, el dominador holgado del encuentro y tenía problemas para manejar la pelota en la volante. Sin embargo, desde los pies del argentino salían los pocos atisbos de lucidez de un equipo que extrañó horrores a sus titulares, sobre todo a Quintero, Tejada y al venezolano Figuera.

La salida de Diego Manicero marcó un antes y un después en el partido ante Aurich. La ‘U’ no era, ni por asomo, el dominador holgado del encuentro y tenía problemas para manejar la pelota en la volante. Sin embargo, desde los pies del argentino salían los pocos atisbos de lucidez de un equipo que extrañó horrores a sus titulares, sobre todo a Quintero, Tejada y al venezolano Figuera. Seguir leyendo...

Universitario: más allá de las excusas

"Nos faltaron cuatro jugadores".  La no excusa de Troglio es una del tamaño de una catedral. Pudo postergar el clásico y no lo hizo, así que sabía cómo venía la mano. Además, apalancó su deseo con una expresión tan motivadora como tribunera (“contra todo”). Tomó sus riesgos, jugó con lo que tenía y perdió. Así no hay excusa que valga.

"Nos faltaron cuatro jugadores". La no excusa de Troglio es una del tamaño de una catedral. Pudo postergar el clásico y no lo hizo, así que sabía cómo venía la mano. Además, apalancó su deseo con una expresión tan motivadora como tribunera (“contra todo”). Tomó sus riesgos, jugó con lo que tenía y perdió. Así no hay excusa que valga. Seguir leyendo...

Universitario: lo bajaron de las nubes

Con la pelota en los pies, la ‘U’ no pudo disimular su falta de ideas ante Garcilaso, acrecentada por la ausencia de Figuera, eficaz para el quite, pero dueño también de un pie inspirado para habilitar. La fragilidad de su reemplazo, César Huamantica, hizo más elocuentes las diferencias.

Con la pelota en los pies, la ‘U’ no pudo disimular su falta de ideas ante Garcilaso, acrecentada por la ausencia de Figuera, eficaz para el quite, pero dueño también de un pie inspirado para habilitar. La fragilidad de su reemplazo, César Huamantica, hizo más elocuentes las diferencias. Seguir leyendo...

Universitario: Troglio trae una nueva esperanza

Ganar. Golear. Y en un clásico. El sueño del hincha cumplido. Para volver, Universitario urgía de un triunfo así. Pero no era lo único que necesitaba.
A la crema le faltaba una idea. Y la tuvo. No es vistosa ni efectista, tampoco muy sofisticada. Es simple: recuperar la pelota lo más rápido posible y atacar con la misma velocidad. El mediocampo es un área de tránsito al momento del ataque, no hay mucho espacio ni tiempo para la elaboración. Y sin la pelota es la zona de atraque, de quite, de anticipo. Los equipos peruanos sufren...

Ganar. Golear. Y en un clásico. El sueño del hincha cumplido. Para volver, Universitario urgía de un triunfo así. Pero no era lo único que necesitaba. A la crema le faltaba una idea. Y la tuvo. No es vistosa ni efectista, tampoco muy sofisticada. Es simple: recuperar la pelota lo más rápido posible y atacar con la misma velocidad. El mediocampo es un área de tránsito al momento del ataque, no hay mucho espacio ni tiempo para la elaboración. Y sin la pelota es la zona de atraque, de quite, de anticipo. Los equipos peruanos sufren... Seguir leyendo...

Universitario: un grito, un desahogo

El grito interminable recorre el Monumental. Viene acompañado de abrazos, puños que se levantan, corazones que se agitan. Es un grito celebratorio, pero también catártico. Un desahogo después de tantas frustraciones acumuladas.
Vásquez corre hacia la banca con el gol desfigurándole el rostro, con la garganta en ebullición. El año pasado defendía la camiseta que acaba de doblegar. Su grito no es una falta de  respeto, es una descarga. Faltaban 10' aún para que se terminara todo, pero no importaba. Era un gol liberador. Un zurdazo implacable. Un golazo para gritarlo hasta quedarse sin voz.

El grito interminable recorre el Monumental. Viene acompañado de abrazos, puños que se levantan, corazones que se agitan. Es un grito celebratorio, pero también catártico. Un desahogo después de tantas frustraciones acumuladas. Vásquez corre hacia la banca con el gol desfigurándole el rostro, con la garganta en ebullición. El año pasado defendía la camiseta que acaba de doblegar. Su grito no es una falta de respeto, es una descarga. Faltaban 10' aún para que se terminara todo, pero no importaba. Era un gol liberador. Un zurdazo implacable. Un golazo para gritarlo hasta quedarse sin voz. Seguir leyendo...

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