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Aún no entienden cómo funcionan las apps de taxis

Hace poco apareció una nota en un noticiero, con respecto a intervenciones hechas a taxistas informales en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Por supuesto, se levantó la nota mencionando a una de las empresas… Lo que queda claro es que se sigue sin entender que estas apps no son empresas de transporte.

O en todo caso, no encajan en el concepto tradicional. Este tipo de apps (Uber, Cabify, Taxi Beat, Easy Taxi, Lyft y cualquier  otra que exista) funcionan de la siguiente manera: hay alguien que quiere trasladarse del punto A al punto B. Hay alguien con un vehículo que está viajando desde el punto A al punto B. ¿Cómo hacer que estas dos personas puedan ayudarse (una llevando a la otra y ésta ya está pagando un precio justo por el aventón). Ahí entran estas apps.

Como verán no son empresas de transporte. No tienen como empleados a los conductores. El espíritu de estas no es matar el servicio de taxi, sino ser una mejor alternativa.

Es entonces que nos encontramos con notas como esta (acá les dejo el video)

 

Un breve paréntesis para quienes no conozcan el contexto: en el Perú no hay una organización eficaz del taxi público. En el aeropuerto hay líos terribles entre las empresas autorizadas y los informales, sobre todo por un tema de seguridad.

¿Cuál es el problema recurrente entonces? Que en Lima muchos de los conductores que usan estas aplicaciones sí son taxistas. Entonces, si vas a trabajar como taxista sí necesitas ciertos requisitos (permiso para entrar al aeropuerto como taxista, seguro de  protección para pasajeros, tarjeta de circulación, etc.). Pero recordemos que no todos los que usan estas aplicaciones, necesariamente, son taxistas.

Si uno llega al aeropuerto (yo lo he hecho muchas veces) es muy cómodo sacar el teléfono, levantar una aplicación y llamar a un vehículo para que te recoja. Además, suele ser mucho más barato que los servicios de taxis que te ofrecen dentro del terminal. Pero la idea es que el auto que esté cerca a esa zona tome el pedido y se acerque a recoger al pasajero. El problema viene cuando –una vez más la viveza peruana-  el taxista que usa una aplicación entra de manera subrepticia al aeropuerto y espera. Eso no se puede hacer. Eso está mal. Eso está prohibido.

Pero retornando al video, el funcionario de la municipalidad del Callao le exige a una de las empresas (en este caso Uber) a formalizarse para brindar el servicio. Eso no lo puede hacer porque, como ya mencioné antes, no es una empresa de taxis y los conductores formalmente no son sus empleados.

Entonces ¿qué podemos hacer? Claramente aquí hay un problema legal. No en el sentido de que se deben endurecer nuestras leyes para evitar que estas apps funcionen en el país. Eso ni pensarlo, pues su llegada ha contribuido  a que el usuario conozca una alternativa de transporte segura, con precios más razonables y, sobre todo, moderna.

Lo que se debe hacer –desde mi modesto punto de vista- es acondicionar las normas para incorporar a este tipo de servicios, pero siempre buscando que no se perjudique a ninguno de los jugadores (promoviendo la competencia leal y justa). Hay un montón de zonas grises y vacíos legales que se deben llenar, pero con una mirada actual, que acoja esta evolución tecnológica que ha sufrido un servicio que lamentablemente ha sido demasiado deficiente en nuestro país.

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