“En la ciencia tiene que haber cabida para el riesgo”

Conversamos con Francisco Mojica, considerado el pionero de uno de los principales hallazgos científicos de los últimos años

“En la ciencia tiene que haber cabida para el riesgo”

Francisco Mojica es profesor de la Universidad de Alicante (España) y ganó este año el Premio Rey Jaime I en la Investigación Básica. (Foto: PUCP)

Francisco Mojica, se despertó el pasado miércoles con muchos correos electrónicos. En todos se le pedía una entrevista. Y no era para menos. Ese día se dio a conocer que la técnica de alteración genética CRIPSR-Cas9 -considerada el hallazgo científico del 2015 según la revista “Science”- fue usada por primera vez en humanos. Y fue el mismo Mojica quien a inicios de los 90 puso las bases para el desarrollo de este método. Sin embargo, este microbiólogo español es más que solo el pionero de CRISPR-Cas9.

—¿Cómo se inició todo?

Yo estaba haciendo mi tesis a principios de los 90 sobre unos microorganismos que habitan en ambientes salinos [...] Nosotros estudiábamos cómo esos microorganismos eran capaces de adaptarse a la elevadísima salinidad. Pero de un momento a otro, ese proyecto en el cual estábamos trabajando, y que era mi tesis, lo vimos publicado en una revista científica.

—Se le adelantaron...

Sí. Me sentí frustradísimo, porque uno acababa de empezar en la ciencia, se ilusiona y de momento ve que lo que había investigado se lo estropean. Tuve un disgusto tremendo. Eso me hizo cambiar de proyecto, pero siguiendo con el mismo microorganismo: la arquea.

—¿Qué descubrió?

Empezamos a secuenciar, a leer la información genética de estos microorganismos. Y nos encontramos con unas regiones, o secuencias de ADN, que se repetían mucho. Eran unas secuencias muy cortitas –de unas 30 bases– que se repetían muchas veces. Estas repeticiones eran muy peculiares porque cada una se mantenía a una distancia fija de la otra. Eso era único [...] Eran como las líneas peatonales de las calles, como si las bandas blanca fueran las repeticiones.

—¿Halló esas repeticiones en otros organismos?

Mirando publicaciones anteriores encontramos que en 1987 habían hallado esas repeticiones regularmente espaciadas en el ‘E. coli’ (bacteria intestinal). Vimos que en 1991 habían encontrado lo mismo en la bacteria de la tuberculosis. Pero los estudios solo mencionaban esas repeticiones, no habían hecho una investigación a fondo.

—Sentía que había algo especial ahí...

Yo me tiraba de los pelos que en ese entonces tenía. Estamos hablando de unos organismos que evolutivamente son muy distantes. Lo cual me estaba diciendo que esas repeticiones estarían presentes en muchos otros microorganismos. Y de ser así, aquello debía ser fundamental. Entonces, describimos el nuevo tipo de repeticiones y lo llamamos SRSR. Un año más tarde nos pusimos de acuerdo con unos señores que habían encontrado unos genes asociados a estas repeticiones y me dijeron que no les gustaba el nombre que le había puesto a las repeticiones. Puse varias opciones, pero al final me dijeron que la primera opción que les di, CRISPR, era perfecta.

—¿Qué eran esas repeticiones?

Propusimos que era un sistema inmunológico de bacterias y arqueas, pero no había experimentos que demostraran que era eso efectivamente. Luego, un grupo de investigadores que trabajaban en una empresa de lácteos comprobó eso.

—¿Se imaginó que su hallazgo se volvería una técnica de edición genética?

Ni yo ni nadie. Lo único que se sabía era que se trataba de un sistema inmunológico, con memoria y que destruía virus. ¿Cómo? No lo sabíamos. Lo que dio la clave para proponer que aquello se podía utilizar en la edición del genoma fue cuando se identificó cuál era el mecanismo por el cual este sistema inmune destruía los virus.

—¿Piensa que es pronto para que CRISPR-Cas9 reciba un Premio Nobel?

Para la técnica, entiendo que sí. Lo que no entiendo es por qué no le dan el Premio Nobel a los del sistema inmunológico de las bacterias [risas]. No lo digo por mí, quienes lo demostraron fueron otros. Nosotros lo propusimos. Pero te digo que esto ya de por sí era tremendo. Nosotros pensábamos, y los inmunólogos pensaban, que solo los vertebrados tenían un sistema inmunológico adaptativo, que aprende. Eso es muy grande desde el punto de vista biológico. Es lo más próximo a tener inteligencia dentro de los procariotas (como las bacterias y arqueas). Son capaces de reconocer un invasor, guardar memoria de él y pasárselo a una herencia.

—Todo su estudio ha sido una gran aventura...

Repetiría mi vida otra vez. Es de esas cosas en la que uno se arriesga [...] En la ciencia tiene que haber cabida para el riesgo. Todo en la ciencia es riesgo.